¿Cómo se han tratado las enfermedades mentales a lo largo de la historia?

24 agosto, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Loreto Martín Moya
Desde exorcismos hasta lobotomías, las intervenciones sobre la enfermedad mental, afortunadamente, han ido evolucionando a lo largo de la historia. Hoy hacemos un breve recorrido por ella.

Aunque los problemas de salud mental se han desarrollado a la par que el hombre -historia y circunstancias-, su trato ha sido radicalmente distinto en función de los avances de la medicina, la psicología y la psiquiatría. Las enfermedades mentales a lo largo de la historia se han llamado de muy diversas maneras, siendo también distintos los puntos de vista a partir de los cuales se han considerado y analizado.

Hablamos de intervenciones, como las lobotomías, que se creían útiles para el tratamiento de afecciones como el TOC o técnicas en las que la validez empírica era el menor de los problemas, como el “malleus malleficarum”: el ahogamiento de brujas.

Afortunadamente hemos evolucionado. Así, este artículo es para los curiosos, para los interesados en lo que fuimos, somos y quizás, solo quizás, seremos.

Mente de una persona con cuadrados negros

Modelo sobrenatural: la enfermedad mental y los pecados

La forma de tratar las enfermedades mentales a lo largo de la historia ha ido asociada al conocimiento con el que contábamos sobre las mismas.

Cuando poco o nada se sabía sobre las enfermedades mentales o la salud psicológica, todo aquello que no pareciera tener su origen en una estructura fisiológica —o en esa época, alguna causa de peso explicitada — era señalado como castigo divino.

Por ello, las enfermedades mentales comenzaron a entenderse como una lucha entre el bien y el mal. Los trastornos mentales eran producto de los pecados, las fuerzas divinas y los espíritus malignos. El tratamiento se aplicaba mediante exorcismos y torturas.

Había gente poseída, y se trataba de entrar en el mundo oculto del paciente a través de conjuros y oraciones. También se llevaban a cabo trepanaciones —se hacía un agujero en el cráneo para que el espíritu maligno saliera más fácilmente—.

Modelo naturalista: adiós a la superstición

Parte de las supersticiones de la Antigua Grecia son heredadas por los egipcios: comienzan a utilizar explicaciones más racionales, semejantes a las explicaciones dadas a las enfermedades físicas.

Hipócrates, que ejerció de médico durante el siglo de Pericles, creía que las mujeres estaban dotadas de un útero errante. El útero vagaba por el cuerpo, y dependiendo de donde cayera, provocaba una serie de síntomas. De este movimiento pensaba que provenía la histeria —ahora sabemos que nada tiene que ver con esta explicación—.

Edad Media: el demonio solo estaba dormido

Durante la Edad Media, se da un paso hacia atrás en cuanto al trato de las enfermedades mentales a lo largo de la historia. Se desechan los modelos naturalistas de los griegos y los egipcios, renaciendo las explicaciones en las que lo protagonista es lo sobrenatural.

Aunque se crean los primeros centros hospitalarios para la enfermedad mental, también se da una persecución de las brujas, que parecían tener un deseo carnal insaciable y encarnaban el mal.

De esas brujas, la mayoría eran personas mayores con demencia, crisis epilépticas y esquizofrenia. Las tres afecciones tienen en común que pueden cursar con delirios. Al ser los delirios muy contextuales, ellas mismas asumían las ideas sobrenaturales que había en la sociedad, y sus delirios versaban sobre ello.

Los valores morales y religiosos empapaban estos juicios, y la enfermedad tenía más que ver con el pecado que con factores de riesgo, comportamientos desadaptativos o bases fisiológicas.

Durante esa época, muchas personas —sobre todo mujeres— fueron asesinadas a raíz de su trastorno. Había una gran cantidad de prácticas inhumanas: exorcismos, ser atado a la puerta de una iglesia, ser colgado en un pozo lleno de serpientes…

Existía otra práctica, también relacionada con las mujeres y la sospecha de brujería, llamada malleus malleficarum”. En ella se maniataba a una “bruja” para después tirarla a un río o lago. Si flotaba en el agua, era bruja; si no flotaba, era una «persona normal». El problema es que muchas de ellas acaban por ahogarse.

¿Animales o enfermos mentales?

Durante esa época, además de las prácticas inhumanas y las —hoy consideradas— barbaridades que se llevaban a cabo, hay que tener en cuenta que los estereotipos respecto a la salud mental era numerosos y muy asentados. Por ello, parecía haber una falta de «sentimientos humanos» en personas con trastornos mentales. Se les trataba peor que a los criminales.

A lo largo del siglo XIX, esto empieza a cambiar. Se impone la terapia moral, o emocional, con tratos no basados en la tortura, sino en la humanidad. Esto se debió, entre otras intervenciones y factores, a tres grandes figuras:

  • Philippe Pinel: médico francés que trabajó en “La Salpêtrière”, hospital francés que fue el primero que hizo que los pacientes dejaran de estar encadenados.
  • Jean-Étienne Esquirol: este psiquiatra francés fue el primero que evaluó los progresos de los pacientes en los hospitales, pues antes eran simplemente abandonados allí.
  • Dorothea Dix: era inspectora de cárcel en la zona de “los locos”. Dix promulgó una reforma social con leyes para el mejor tratamiento de los trastornos mentales. Creó las primeras instituciones de descanso, laborterapia y trato afectivo. Los locos ya no estaban en las cárceles. Todo esto surge a raíz de un movimiento de higiene mental, aunque no está basado en la evidencia, pero que trataba de mejorar por fin la situación de sus pacientes.

El problema era que los cuidadores solían ser custodios —antiguos pacientes ya recuperados—, y eso hizo que no funcionara la terapia moral; no eran profesionales. Además, estos centros superpoblados, por lo que muchas de las buenas medidas que se tomaron resultaron poco o nada eficaces. Así, mejoró la voluntad, pero los medios casi no lo hicieron.

La sífilis: la enfermedad que lo cambió todo

El trato de las enfermedades mentales a lo largo de la historia da un cambio radical a raíz de la aparición de la sífilis. Durante los siglos XVIII y XIX, hubo una epidemia de sífilis y gonorrea por toda Europa.

Flaubert, autor francés, encontró que todas las prostitutas egipcias tenían, sin excepción, sífilis, y que las enormes migraciones de ejércitos provocaban que esta se extendiera por toda Europa.

Lo llamativo de la sífilis es que, si no se cura, causa demencia. La sífilis era considerada una enfermedad mental al principio, por las consecuencias que acarreaba, pero se encontró una bacteria que era la causa física. Esto marca el inicio de una corriente de pensamiento —el biologicismo—, donde se empieza a pensar que todos los trastornos mentales pueden tener un origen biológico.

La esperanza de los psicofármacos

Aunque hay una expansión del psicoanálisis de Freud, la frenología y el conductismo del período de entreguerras, el cambio significativo se produce en los años 50, con los primeros psicofármacos. Hasta el momento, la intervención en aquellos pacientes que estaban muy descompensados era prácticamente inútil. El estado químico de su cerebro les hacia inmunes a cualquier tipo de terapia.

Antes de la aparición de los psicofármacos, se hacía uso de técnicas que parecían mejorar el bienestar de las personas.

  • La hidroterapia era una de ellas, para generar shocks y crisis en los afectados. Consistía en bañeras de agua donde las personas se metían dentro días, sin estimulación, para los maníacos —agua fría— y los suicidas —agua caliente—. También había cabinas de vapor. Muchos pacientes se ahogaban ante estas medidas que hoy pueden resultarnos tan sorprendentes.
  • Asimismo, existían los comas insulínicos, para los esquizofrénicos, donde se trataba de bajar la insulina en sangre para reiniciar la actividad del paciente.
  • Además, existían también los comas con metrazol, pero provocaban crisis epilépticas.

Por último, resta el electroshock, pero suponía una pérdida de actividad cognitiva que afectaba principalmente a la memoria. Reemplaza los comas porque era más fácil el uso y había menos riesgo.

Se generaba por tanto una crisis epiléptica para que el paciente entrara a un estado de coma y así descargara la actividad del cerebro —se usaba sobre todo para depresión, cuadros catatónicos y trastornos maníacos—. Habitualmente, con todo esto, los pacientes solían recaer.

Chica con esquizofrenia

La lobotomía: una solución para todo

El trato de las enfermedades mentales a lo largo de la historia da un giro radical con las lobotomías de Moniz y Fulton —Moniz ganó después el Premio Nobel por sus aportaciones en el tratamiento de la psicosis—.

Ambos psiquiatras piensan que en trastornos mentales como el TOC o la psicosis, donde hay una supremacía de lo emocional sobre lo racional, sería interesante cortar las fibras nerviosas de la corteza frontal con el tálamo, acabando con los pensamientos recurrentes.

Para terminar, es importante mencionar que las lobotomías y escisiones acaban cuando llegan los psicofármacos durante los años 50. Es la primera vez que se piensa que las personas con trastornos mentales pueden no estar en instituciones.

La desinstitucionalización en España llega más tarde, en los años 80, a causa del régimen dictatorial. Se empiezan a cerrar las instituciones mentales. No obstante, esto no se plantea de forma correcta, porque aproximadamente el 70 por ciento de las personas con afecciones fuera de instituciones se convierten en gente sin hogar y sin recursos.

El desarrollo de la psicología y los psicofármacos conforman la idea de salud mental de nuestra época, que no es perfecta, y que aún tiene que desembarazarse de muchos estereotipos y juicios de valor. Es ese, y no otro, el camino en el que estamos. Ahora, bien, ¿cómo nos mirará el futuro?

  • Bruce-Chwatt LJ. A medieval glorification of diseases and death. Med Hist. 1972;16(1):76-7.
  • González Duro, E. ( 2000). " De la psiquiatría a la Salud Mental" . Revista de la asociación Española de Neuropsiquiatría".