Compañero adulador y jefe autoritario, ¿cómo sobrevivir?

Una alianza entre compañero adulador y jefe autoritario suele condicionar mucho el clima laboral, y no precisamente para bien... Frente a esta situación, nada mejor que fortalecer los vínculos entre quienes orbitan alrededor de la relación.
Compañero adulador y jefe autoritario, ¿cómo sobrevivir?
Gema Sánchez Cuevas

Revisado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas el 10 Mayo, 2021.

Escrito por Edith Sánchez, 10 Mayo, 2021

Última actualización: 19 Mayo, 2021

Una de las peores combinaciones que puede haber en el trabajo es la de compañero adulador y jefe autoritario. Para ellos el tema funciona bien, porque se necesitan como el pan y la mantequilla, pero para quienes están por fuera de esa lógica el asunto puede tornarse molesto o incluso insoportable.

Empleado adulador y jefe autoritario se necesitan el uno al otro. Ambos funcionan dentro de un marco de relaciones verticales y es posible que se sientan cómodos o, al menos, conformes con esa situación. El uno refuerza al otro: mientras más adulación haya, también más legitimidad cobrará el autoritarismo y viceversa.

Esa diada se complementa muy bien y por lo mismo suele convertirse en un núcleo que imprime su sello en las relaciones laborales dentro de un grupo de trabajo. Por lo general, suele perjudicar a quienes están alrededor de ellos por cómo condiciona las decisiones del superior.

La adulación es una moneda que empobrece al que la recibe”.

-Duquesa de Abrantes-

Empleado con jefe

El jefe autoritario

El jefe autoritario se caracteriza por su visión unilateral y vertical de las actividades laborales. Concibe el trabajo como una labor en la que él determina lo que se debe hacer, cómo y cuándo se debe hacer. Para él, un buen trabajador es aquel que cumple sus instrucciones al pie de la letra.

Así mismo, el jefe autoritario se muestra indiferente ante cualquier crítica o sugerencia. No examina la validez del cuestionamiento, sino el hecho mismo de hacerlo, lo cual interpreta como una puesta en duda de su poder o capacidad. Por lo tanto, no ve con buenos ojos que alguien no comparta su visión de la situación o no apoye sus ideas.

El jefe autoritario necesita obediencia, incluso más que eficiencia. En el fondo, no quiere trabajar con personas, sino con autómatas. Es muy frecuente que este tipo de directivos implementen conductas nocivas, como exigirles a sus subordinados más de lo que humanamente pueden dar, recriminarles públicamente o de forma desmedida.

El compañero adulador

El complemento perfecto para un jefe autoritario es un empleado servil. El segundo es para el primero una conquista decisiva, pero, además, con el tiempo se convierte en una evidencia o un soporte que afianza su poder y le ayuda a justificar medidas inconvenientes o arbitrarias.

Para los demás, tener un compañero adulador es como tener un infiltrado en sus propias filas. Lo usual es que se convierta en el típico “chivato”, con facultades implícitas para supervisar y mantener al jefe al tanto de lo que este le pida o de lo que él considera un desvío de las órdenes.

De este modo, compañero adulador y jefe autoritario conforman un cerco que da como resultado un clima laboral inadecuado. El uno es como la extensión del otro y no es raro que su lógica tenga eco entre otros trabajadores, de modo que se vuelva generalizado ese ambiente de poder desmedido y servilismo.

Compañero adulador y jefe autoritario

La diada compañero adulador y jefe autoritario crea sus propias normas, la mayoría de ellas no declaradas, pero sí operantes en la práctica. La más evidente de ellas es la de premiar el servilismo. Para todos va a resultar claro que adular al jefe tiene como consecuencia una serie de privilegios a los que nadie más accede.

El jefe autoritario será mucho más permisivo con el adulador, siempre que este mantenga su lealtad. No necesariamente le dará mejor trato, pero sí ventajas que pueden ir desde algo pequeño, como el acceso preferencial a los mejores sitios de trabajo, hasta aspectos más significativos, como ascensos o permisos que nadie más obtiene.

Lo más negativo de esto es que los demás trabajadores terminan con pocas opciones: se suman a la lógica imperante o sufren con estoicismo las consecuencias de no hacerlo. Dentro de ellas, un silencio eterno frente a lo que no funciona bien.

Empleada hablando con su jefe

¿Qué hacer?

En realidad, no es mucho lo que se puede hacer cuando se impone ese esquema de compañero adulador y jefe autoritario, en especial si este último es “el gran jefe”; es decir, un directivo de máximo nivel. Este tipo de esquemas suelen volverse muy estables.

La mejor alternativa sería la de alejarse de un sitio de trabajo en el que impere esa lógica, ya que las oportunidades para progresar, e incluso para expresarse, son muy pocas. Si esto no es posible, lo adecuado tratar de ajustarse lo mejor posible a la situación, sin confrontar abiertamente. Ese tipo de jefes no saben escuchar, pero sí resienten profundamente los cuestionamientos.

No es bueno dejarse seducir por esa idea de entrar a formar parte del séquito de aduladores. Eso implica renuncias que más temprano o más tarde salen caras. Conviene fortalecer los lazos de apoyo entre quienes no forman parte de esos círculos y promover la solidaridad y el respaldo mutuo.

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  • Brunner, J. J. (1980).
  • . Revista Mexicana de Sociología, 991-1031. Santos, M. (2003). 
  • . Cuadernos África, América Latina SODEPAU SODEPAZ.