La conexión entre trauma y adicción

Según algunos estudios, el trauma infantil y el estrés crónico pueden aumentar el riesgo de adicción en la adultez.
La conexión entre trauma y adicción
Cristina Roda Rivera

Escrito y verificado por la psicóloga Cristina Roda Rivera.

Última actualización: 31 enero, 2022

La conexión entre trauma y adicción está ampliamente documentada en la literatura científica. En la práctica clínica, los profesionales se encuentran una y otra vez con pacientes que presentan una adicción y un historial de trauma. El conflicto para los psicólogos es saber si esa conexión debe abordarse como una problemática unitaria o no.

A la hora de tratar una adicción, si no tratamos el trauma que la provocó al mismo tiempo, el abordaje puede ser insuficiente. Con esta visión, la persona con adicción sería un verdugo y una víctima de sí misma, más que un “vicioso” a ojos de la sociedad.

En este artículo hablaremos de esta conexión. Trataremos de explicar la fuerte alteración neurobiológica que los traumas provocan en el circuito del estrés, especialmente si se da un trauma repetido. En numerosas ocasiones, la adicción aparece como la única salida para regular este sistema alterado.

Un sistema neurobiológico alterado en el afrontamiento al estrés

El sistema de estrés está gobernado en gran medida por el eje hipotálamo-hipofisiario-adrenal (HHA), que nos prepara para responder de manera efectiva ante una señal de peligro. Cuando se identifica un factor estresante, el eje HHA (junto con otros sistemas) nos prepara para “luchar o huir”, produciendo la secreción de hormonas del estrés, como la adrenalina y los glucocorticoides.

Cuando se activa la respuesta al estrés, tendemos a experimentar hiperexcitación, aumento de la presión arterial, ritmo cardíaco acelerado y una sensación de alarma. La sangre y la energía se desvían hacia aquellas estructuras cerebrales que pueden ofrecer asistencia inmediata en lugar de utilizar la corteza prefrontal, que es más lenta y controla el funcionamiento ejecutivo y la autorregulación. Estas respuestas automáticas nos ayudan a responder al peligro hasta que se resuelve la amenaza.

Sin embargo, hay momentos en los que el sistema de estrés funciona en nuestra contra. Normalmente, son las situaciones en las que los eventos traumáticos son persistentes y la amenaza nunca se resuelve.

Los episodios traumáticos pueden exacerbar la desregulación de este sistema de estrés. Específicamente, el eje HHA se activa de forma crónica, lo que lleva a un aumento de las hormonas del estrés y a la hiperexcitación que lo acompañan.

Por lo tanto, los niños o los adultos que han soportado sucesos traumáticos, sobre todo de forma continuada, pueden experimentar excitación continua, ansiedad, hipervigilancia y estado de alerta.

Cerebro golpeado para simular el estrés

Trauma y adicción: la automedicación como forma de regular el dolor

Para las personas con sistemas de estrés desregulados como resultado de un trauma, las drogas de abuso pueden ofrecer un alivio a la hiperexcitación y la ansiedad crónicas. El alcohol, las benzodiazepinas, los opiáceos y el cannabis tienen efectos de intoxicación calmantes.

Algunas de estas sustancias sirven incluso para ralentizar el sistema nervioso central, es decir, son depresoras. Además, el juego (especialmente las máquinas de juego electrónicas) induce a los jugadores a una especie de trance en el que se olvidan de todo lo que no sea la máquina.

Las personas con antecedentes traumáticos pueden ser más vulnerables a la adicción como medio para regular su estado de ánimo, calmar los pensamientos intrusivos y suprimir la excitación provocada por el aumento de las hormonas de estrés.

El problema es que estas sustancias y su efecto desaparecen, y cuando esto sucede, el estado de ánimo cae de manera pronunciada. Esto puede empeorar los afectos de los trastornos traumáticos. Así, una persona debe usar las drogas una y otra vez para volver a sentir los efectos positivos que alteran la mente. Es aquí donde comienza con frecuencia el ciclo de la adicción.

¿Solo nos referimos a la adicción por sustancias?

La dependencia se manifiesta en cualquier comportamiento en el que la persona encuentre un placer o alivio temporal y que desee intensamente la actividad o sustancia obviando total o parcialmente otras esferas de la vida. La persona sufre las consecuencias negativas, pero no puede detenerse a pensar en ellas.

Esto puede incluir drogas, alcohol y sustancias de todo tipo. También puede relacionarse con el sexo, los juegos de azar, las compras, el trabajo, los juegos en línea, etc. Prácticamente, todas las actividades pueden ser adictivas, dependiendo de nuestra relación con ellas. Mientras haya deseo y alivio constante con consecuencias negativas a largo plazo y dificultad para detenerlas, existe una adicción.

El abuso de sustancias como un factor de riesgo de trauma

El trauma no siempre inicia el ciclo de la adicción. A veces, el abuso de sustancias puede conducir a una experiencia traumática en la vida. Sabemos que el consumo de drogas puede dar lugar a una gran cantidad de conductas de riesgo, como sexo sin protección, violencia física y conducción bajo los efectos del alcohol.

A menudo, estos comportamientos de riesgo son seguidos por resultados adversos o traumáticos: embarazos no deseados, lesiones graves y accidentes automovilísticos son solo algunos ejemplos. Para muchos, estos eventos traumáticos pueden conducir a consecuencias emocionales provocadas por el trauma a largo plazo. Todo esto puede dar como resultado un mayor abuso de sustancias.

Hombre con problemas de adicción

Intervención del trauma y la adicción

De vez en cuando, largos períodos de “autocuración” a través de medicamentos y alcohol han embotado con éxito la memoria del trauma, por lo que el único problema aparente es el abuso de sustancias y la adicción.

Una persona que ha sofocado o ignorado experiencias traumáticas puede hacer un gran esfuerzo por mantenerse sobria. Sin embargo, en su lugar aparecen otros comportamientos adictivos que, a la larga, reemplacen a los medicamentos y el alcohol. Estos pueden implicar cualquier actividad impulsada por la compulsión.

Sea como fuere, gestionar la huella de sucesos traumáticos es un trabajo terapéutico que difícilmente se puede realizar con la presencia de medicamentos y alcohol. Se recomienda comenzar a trabajar con técnicas de modificación de conducta para erradicar el consumo de drogas y el alcoholismo.

En ese momento, cuando el superviviente del trauma esté más conectado al presente, puede comenzar a trabajar con un psicólogo para abordar el trauma. De hecho, se han creado modalidades de tratamiento explícitas para personas que soportan impactos a largo plazo después de traumas tempranos o relativamente frecuentes.

Por esta razón, el tratamiento del trauma y el abuso de sustancias normalmente va en paralelo. Hay dos terapias enfocadas a esta misión conjunta, como son la intervención de la adicción basada en el trauma y la atención informada sobre el trauma.


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