Las cuatro fases del alcoholismo

03 Abril, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz
Por el consumo normalizado del alcohol en el contexto social, la adicción a esta sustancia muchas veces pasa desapercibida. En muchos casos, la intervención comienza cuando ya hay una dependencia muy fuerte y conseguir resultados es más complicado.
 

La ingesta de alcohol está normalizada en nuestra sociedad. Forma parte de nuestras reuniones y de nuestro modo de relacionarnos con los demás. Por ello, resulta difícil detectar cuándo la escalada va en aumento. En este contexto, conocer las fases del alcoholismo nos ayudará a actuar en las primeras fases, donde la intervención tiene mejores resultados.

Es frecuente que la persona que comienza a desarrollar una adicción al alcohol niegue lo que está sucediendo. Igualmente, es un proceso que ocurre de forma paulatina. Por lo mismo, si no se identifican los síntomas en las primeras etapas, el problema irá agravándose.

Hombre con botella de alcohol en la mano

Las cuatro fases del alcoholismo

Fase pre-alcohólica

En esta etapa se inicia el consumo de alcohol. Generalmente se hace en entornos sociales y con un fin recreativo. El alcohol se convierte en una herramienta para aliviar tensiones y lidiar con los problemas emocionales. Esto sucede porque la ingesta activa el sistema de recompensa cerebral, proporcionando agradables sensaciones a la persona que lo consume.

 

No obstante, si la ingesta comienza a producirse de forma frecuente, el metabolismo del organismo cambia y aparece la tolerancia. Con relativa rapidez se comienzan a necesitar mayores cantidades de alcohol para obtener los mismos efectos. Así es posible que de la cerveza o el vino se pase a los licores y que dos copas se conviertan en cinco.

Fase inicial o prodrómica

También denominada etapa de alcoholismo temprano, da lugar a la aparición de las primeras lagunas mentales o fallos de la memoria. Es decir, es posible que se produzca amnesia sobre ciertos periodos.

En este momento, el alcohol se convierte en el interés principal del sujeto, aumentando su preocupación por conseguir bebidas o contar con ellas en cualquier lugar o reunión al que acuda.

Comienza a ingerir alcohol de forma ávida, aumentando el consumo tanto para celebrar como para paliar un mal momento. Toda excusa es buena. Sin embargo, el individuo comienza a percibir que mantiene un consumo problemático, por lo que siente culpa y empieza a beber a escondidas.

 

Por lo mismo, suelen mostrarse a la defensiva cuando sus seres cercanos sugieren su posible problema de alcoholismo. Se ofenden y evaden las conversaciones al respecto.

Fase crucial o crítica

En este punto, la preocupación por el alcohol es tal que destierra el resto de intereses. Las distintas áreas de la vida de la persona comienzan a verse seriamente afectadas. Se produce pérdida de empleo, abandono de amistades y un gran deterioro de la vida familiar.

El sujeto pierde el control del consumo y suele mostrarse fanfarrón, hostil y agresivo. Las presiones sociales por parte de su entorno solo logran que el alcohólico racionalice y justifique su conducta o que comience a mentir para encubrirla. Igualmente es probable que se produzcan fugas geográficas (huir del domicilio o de la ciudad pensando que en otra ubicación el problema no será tal).

Sin embargo, y a pesar de todo el remordimiento es continuo, la persona puede tratar de mantener la abstinencia total durante ciertos periodos que terminan rápidamente. De manera paradójica, la tolerancia disminuye y logran el mismo estado de embriaguez con menos cantidad de alcohol, lo que les conduce a la ilusión de pensar que tienen la situación controlada.

 
Hombre alcohólico

Fase crónica

En esta última etapa la enfermedad alcohólica está asentada y las consecuencias son profundas e irreversibles. El individuo necesita ingerir alcohol de forma constante, pasando largos periodos de tiempo ebrio. Puede llegar a consumir cualquier tipo de sustancia que contenga alcohol aunque no sea apta para el consumo.

Su integridad y sus valores se desintegran al igual que sus capacidades cognitivas (memoria, atención, toma de decisiones…) que se ven severamente afectadas. Se produce un enorme deterioro físico y psíquico, pudiendo aparecer diversos desórdenes mentales. Finalmente, es probable que la persona termine hospitalizada y perdiendo la vida.

Queda patente que las consecuencias de desarrollar una dependencia al alcohol pueden ser devastadoras a todos los niveles. Pero, a pesar de ello, muchas veces cuando se decide tomar acción ya es demasiado tarde.

 

Por ello, resulta imprescindible conocer el proceso, las características de cada fase de modo que se puedan detectar las conductas de riesgo a tiempo. Tener los síntomas presentes puede ayudar a tomar conciencia real de la situación.

 
  • Gómez Arroba, O. J. (2014). Las familias disfuncionales y su influencia en el consumo de alcohol de los estudiantes del Colegio Reinaldo Miño Altamirano de la Parroquia Santa Rosa, Cantón Ambato en el periodo agosto 2012–enero 2013 (Bachelor's thesis).
  • Campollo, O., Martínez, M. D., Valencia, J. J., & Martinez, A. G. (2015). PATRÓN DE ALCOHOLISMO EN PACIENTES QUE INGRESARON AL SERVICIO DE URGENCIAS DEL HOSPITAL CIVIL DE GUADALAJARA EN ESTADO ALCOHÓLICO. Anuario de investigación en adicciones2(1).