Conflictos con los padres en la edad adulta, ¿cómo gestionarlos?

Como adultos podemos sentir que nuestros progenitores nos manipulan, nos humillan o tratan de controlar nuestra vida. En estas situaciones, el conflicto está servido. ¿Qué herramientas y estrategias podemos utilizar para gestionarlo?
Conflictos con los padres en la edad adulta, ¿cómo gestionarlos?
Elena Sanz

Escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz.

Última actualización: 11 enero, 2022

Durante la adolescencia, las discrepancias y las diferencias de opinión con los progenitores son frecuentes. Ahora bien, lo que se espera es que se trate de una etapa transitoria y que la relación mejore en el futuro. Sin embargo, la prolongación de los conflictos con los padres a la edad adulta puede suponer un lastre para el bienestar personal, indicándonos que hay heridas por sanar.

Estos conflictos no siempre se manifiestan de la misma forma. En ocasiones, se revelan como estallidos de ira que desembocan en discusiones acaloradas. Sin embargo, en otros casos pueden soterrarse bajo un silencio incómodo, malas caras y, en definitiva, un deseo de que termine la visita casi antes de haber empezado.

Una mala relación con los progenitores es una situación complicada. La sociedad nos enseña que tenemos que estarles agradecidos, honrarles, respetarles y quererles de manera incondicional. Sin embargo, cuando se han sufrido abusos sistemáticos o se han experimentado graves carencias en la crianza, es difícil que estos sentimientos surjan de manera genuina. ¿Qué podemos hacer entonces?

Las causas de los conflictos con los padres en la edad adulta

Los orígenes de esta mala relación pueden ser diversos. Algunos padres son demasiado intrusivos, continúan queriendo controlar y dirigir la vida de sus hijos y no les tratan como adultos. Otros presentan rasgos narcisistas y manipuladores y generan constantes sensaciones de culpa, humillación y malestar. Es posible también que se trate de una incompatibilidad de valores, creencias y estilos de vida.

En cualquier caso, este vínculo viciado causa sufrimiento, pues las personas en quienes más nos gustaría confiar y apoyarnos, de quienes más esperamos recibir amor, son una fuente de conflictos y malestar.

Si te sientes identificado con esta situación, te proponemos algunas pautas para abordarla.

Hija adulta preocupada por el enfado de su madre

Claves para gestionar los conflictos con los padres en la adultez

Para gestionar los conflictos con los padres en la edad adulta, hay que poner el foco en nosotros mismos y no en ellos. Tener presente qué podemos hacer nosotros para mejorar la situación en lugar de otorgarles a ellos ese poder.

1. Acepta la situación

Acepta cómo son ellos, cómo fue tu infancia y cómo es vuestra relación. Probablemente, te gustaría que todo hubiese sucedido de otra forma en el pasado y que ahora pudierais disfrutar de un vínculo íntimo y agradable.

Sin embargo, quedar anclado en un deseo que ya no puede cumplirse solo genera frustración y decepción constantes. Aceptar la realidad es el primer paso para poder actuar sobre ella.

2. Trata de comprender de dónde vienen tus progenitores

Intenta averiguar y comprender cómo fue su vida, su infancia y el estilo de crianza que recibieron. Basándote en lo que conoces de ellos, trata de entender por qué piensan y se comportan de una determinada manera.

Esto no significa que justifiques sus malos actos o actitudes, pero sí te ayudará a no tomártelos de forma personal, a ver a tus progenitores desde otra perspectiva y comprender que hacen e hicieron lo que pueden o pudieron con los recursos de los que disponen.

3. Revisa y sana tus heridas de la infancia

Cuando las heridas de la infancia no se han identificado y sanado, estas nos siguen gobernando en el presente. Analiza cuáles presentas y por qué motivo, y comprenderás por qué reaccionas como lo haces, por qué algunos comentarios o conductas de tus padres te duelen o molestan tanto.

Así, podrás estar alerta ante tus disparadores, reconocerlos cuando ocurran y evitar responder en automático.

4. Asume tu rol como adulto

Para sanar las heridas de la infancia has de asumir tu rol como adulto, comprender que ya no dependes de tus padres para sobrevivir y dejar de buscar en ellos lo que no te dieron y aún no pueden darte.

Hoy, como adulto, es tu tarea proveerte de afecto, apoyo y comprensión. Ya no estás desvalido ni supeditado a ellos.

5. Pon límites y comunícate de forma asertiva

Por último, es fundamental que aprendas a poner límites para guiar el tipo de relación que deseas tener con ellos. Si no quieres que opinen de tu vida o la dirijan, no lo permitas. Si te humillan o agreden verbalmente, pon un freno claro ante estas situaciones.

La comunicación asertiva es la clave para lograrlo, ya que te permite expresarte con firmeza, pero sin perder el control de tus emociones. Explica qué no vas a tolerar, cómo te hacen sentir ciertos comportamientos y qué esperas de la relación. Recuerda acompañar tus palabras con actos consecuentes, vete de un lugar si tienes que hacerlo; de lo contrario, tus argumentos y límites parecerán amenazas vacías.

Este estilo comunicativo tendrás que aprenderlo y acostumbrarte a utilizarlo. Se ha observado que las habilidades sociales se transmiten de padres a hijos por lo que probablemente tu estilo de comunicación sea muy similar al de tus padres (es decir, disfuncional). Así, sé tú quien dé el primer paso en la dirección correcta.

Hija adulta hablando con su madre

La distancia también es una opción lícita

Aplicar los anteriores pasos no hará que tus padres cambien, por supuesto, eso no está en tus manos. Te ayudará a adoptar una nueva perspectiva que te permitirá relacionarte con ellos de forma diferente, reducir parte de los conflictos y afrontar de mejor manera aquellos que lleguen a suceder, lo que no garantiza que sea así en todos los casos.

Hay situaciones en las que el vínculo resulta verdaderamente dañino y aquí la prioridad ha de ser proteger la propia integridad y la salud mental.

No temas reducir la cercanía emocional con tus progenitores, verlos con menos frecuencia o incluso cortar la relación totalmente si esto es lo que necesitas para estar bien. Dar este paso puede ser muy complicado, por lo que contar con apoyo profesional puede serte de gran ayuda.

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