Costureras solidarias: guerreras con aguja que fabrican mascarillas

13 Abril, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater
Muchas de nuestras costureras solidarias tienen ochenta o noventa años. Pero para ellas no pesan los años, cuentan las ganas por ayudar, por ser útiles a los demás en estos momentos de necesidad. Sus mascarillas de colores son ahora nuestra esperanza.
 

Muchas de nuestras costureras solidarias llevan décadas haciendo arreglos, cosiendo, repuntando, enhebrando agujas al tiempo y a la vida. Una buena parte de ellas son nuestras abuelas o madres, ellas quienes de pronto, se están convirtiendo en una parte esencial de nuestra sociedad al traernos esperanza a través de telas, a través de esas mascarillas que cosen por miles cada día.

Blancas, azules, con flores o a rayas multicolores… No importan los grafismos, importa que ahora mismo sus manos están fabricando esos mecanismos básicos de protección que muchas personas necesitan y que no están encontrando. Bien es cierto que la capacidad de protección de estas mascarillas de tela no son equiparables a las FFp2 o FFp3, pero cuando hay carencia, menos es nada.

Asimismo, hay algo innegable. Nos sigue fascinando la movilización social en instantes complicados. Ver a estas mujeres (también hombres) desplegando esfuerzos, recursos y esa solidaridad contagiosa e inquebrantable por los demás nos emociona.

En tiempos de dificultad debe aflorar lo mejor del ser humano y el ejemplo de estas costureras es algo que debería llegar a todo el mundo.

Mascarillas de tela hechas por costureras solidarias
 

Costureras solidarias: heroínas improvisadas de la salud

Pocos podíamos imaginar hace solo unos meses que el elemento más deseado por cualquiera, serían las mascarillas. Pero aquí estamos, acudiendo a farmacias para hacernos con una. Reivindicándonos para que nuestros sanitarios dispongan de adecuadas medidas de protección individual en su labor diaria, en su decisiva tarea por salvar vidas. Sin embargo, como bien sabemos, los equipamientos no llegan y el ser humano, improvisa.

Somos conscientes de que en una situación como la actual la improvisación es peligrosa, pero cuando no hay recursos hay que echar mano del ingenio y de un mínimo mecanismo de autoprotección.

Así, hace solo unas semanas se inició este movimiento espontáneo en el que modistas y modistos se ofrecieron a confeccionar en su casa mascarillas. Al poco, esta idea fue saltando de casa en casa, de pueblo en pueblo, de ciudad en ciudad hasta ser un movimiento nacional en todo el territorio español.

Una organización vecinal perfecta

Las costureras solidarias no hacen nada al azar. Se organizan, hacen llamamientos, tienen sus grupos de Whatsapp y apoyo de las familias, de la policía y de otros organismos. Si hace falta tela se pide, si hace falta goma se anuncia por redes sociales y si en algún momento hacen falta más manos aparecen al minuto.

Porque aunque nos sorprenda, la manufacturación de mascarillas no solo se lleva a cabo por esos dedos expertos que llevan décadas en en el arte de la costura. A esta labor se han añadido también quienes no habían cogido nunca una aguja pero tienen la necesidad de ayudar, de hacer algo.

 

De ahí que existan historias maravillosas como las de esos octogenarios o nonagenarios que están ayudando a sus esposas. También quienes después de superar el coronavirus, sienten que deben hacer algo. Son esas personas conscientes de que los sanitarios necesitan ayuda, así como las residencias,  limpiadores o personal de supermercado que trabajan a diario sin medios adecuados.

Las telas de colores se cosen a miles cada día, para ser esa alianza de cariño y admiración hacia quienes nos están salvando la vida.

Las costureras solidarias, una cadena humana que no deja de crecer

Lo señalábamos antes. Nuestras costureras solidarias cuentan con la colaboración ciudadana e institucional. Sanidad les ha dado unas pautas mínimas sobre cómo deben manufacturarse: con guantes y con mascarilla.

Más tarde, estas deben lavarse con agua caliente antes de ser usadas. Las pautas son sencillas y las manos, eficaces. No importan los años, importan las ganas.

En esta cadena humana solidaria participan modistas y modistos, sus familias, la policía y protección civil y también el sector del taxi. Estos últimos se ofrecen a transportar de manera gratuita tanto los materiales como las cajas de mascarillas manufacturadas a los centros sanitarios.

Costureras solidarias trabajando
 

La industria textil deja la temporada de verano para centrarse en el equipamiento sanitario

Las costureras solidarias no son las únicas del sector textil que están volcadas en la fabricación de mascarillas. Una buena parte de las fábricas de ropa son conscientes de que la temporada de verano ahora mismo no tiene mucho sentido.

Las pérdidas son grandes y es necesario focalizarse en las necesidades actuales de mercado: el equipamiento sanitario.

Ahora, muchas fábricas textiles dan trabajo a miles de personas para coser no solo mascarillas, ya que se necesitan batas, gorros y ropa de cama para los enfermos. En situaciones de emergencia hay que saber reaccionar rápido y adaptarse, de modo que ahora mismo en muchos talleres se trabaja a contratiempo.

Cabe señalar, eso sí, que una buena parte de estas partidas de material sanitario son producciones totalmente solidarias. Muchas firmas y grandes cadenas de ropa ofrecen a hospitales y residencias de ancianos este equipamiento de manera gratuita.

Para concluir, es muy posible que el movimiento de las costureras solidarias llegue a más partes del mundo en estos mismos momentos. La necesidad es grande. Pero no lo dudemos, el corazón humano también lo es y cuando alguien pide ayuda aparecen decenas de manos y mentes dispuestas a ofrecer su habilidad y su ingenio para dar respuesta y apoyos.