Pedir ayuda es un acto de valentía – La Mente es Maravillosa

Pedir ayuda es un acto de valentía

Rafa Aragón 6 agosto, 2015 en Psicología 12842 compartidos
Manos de dos personas agarrándose

¿Por qué nos cuesta tanto pedir ayuda? Para muchas personas pedir ayuda resulta toda una odisea, manteniendo diversas creencias erróneas sobre lo que significa pedir ayuda.

En el mundo competitivo en el que nos movemos actualmente, es común pensar que si pedimos ayuda nos estamos condenando a tener que devolver el favor, con la creencia de que todo lo que hacemos se hace esperando obtener algo a cambio.

En primer lugar hazte la siguiente pregunta: ¿Cuándo tú ayudas a alguien esperas obtener algo a cambio? Intenta darte tiempo para contestar a esta pregunta, ya que posiblemente te hayas estado autoengañando.

Por lo general, lo que esperamos de las demás personas es un reflejo de nosotros mismos. Lo cual significa que para modificar nuestras creencias con respecto a las demás personas, primero tendríamos que centrarnos en nuestro autoconcepto.

El modelo educativo en el que nos hemos desarrollado ha favorecido y premiado la autoexigencia, el perfeccionismo. Y en cierto modo, la obligación de tener que ser autosuficientes e independientes.
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Nos hemos hecho creer que no necesitamos de nadie para salir adelante, que nos podemos bastar por nosotros mismos y que pedir ayuda es un signo de debilidad. Esta creencia tiene una base de arrogancia y orgullo que alimenta nuestro ego.

Reconocer nuestras limitaciones

Reconocer nuestras limitaciones supone hacernos cargo de nosotros mismos, teniendo presente que no poseemos todas las respuestas, no disponemos de la verdad absoluta, ni somos capaces de autogestionarnos sin ayuda de la naturaleza.

Nuestra naturaleza está diseñada para la cooperación, ya que dependemos totalmente de las personas que nos rodean, es inevitable, es una realidad que no podemos obviar. Y pensar lo contrario, supone aislarse de toda realidad.
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Aprender a pedir ayuda cuando se necesita es un acto de humildad y valentía, reconociendo el hecho de que disponemos de herramientas que nos hacen aumentar nuestras posibilidades y acciones, en nuestros objetivos y en nuestras dificultades.

Ayudar

Cuando pedimos ayuda también estamos dando un voto de confianza a la otra persona, rompiendo así con los prejuicios que tenemos. Fortalecemos vínculos y nos quitamos la coraza del orgullo y la arrogancia que forman parte de la victimización, creyendo que no podemos confiar en nadie o estamos solos.

Nadie es más que nadie

Cuando pedimos ayuda a alguien, estamos reconociendo a su vez que nadie es más que nadie. Ni cuando nosotros ayudamos estamos por encima de nadie, ni cuando nos ayudan estamos por debajo. Obtener ayuda no es un acto que resulte humillante, ni conlleva rebajarse ante nadie.

El reconocimiento de que existen circunstancias en las que necesitamos que alguien nos acompañe, y nos ayude a afrontar nuestras dificultades; nos hace más humanos, más cercanos a las demás personas. Pedir ayuda nos hace más honestos, para cuando seamos nosotros los que tenemos que ayudar a alguien.

Pedir ayuda no tiene nada que ver con el fracaso, tampoco con la dependencia ni con la inferioridad. Pedir ayuda tiene más que ver con el reconocimiento de las propias limitaciones, la humildad y la valentía. Preparándonos para afrontar y resolver nuestros prejuicios que nos hacen desconfiar de los demás.

Mano con mariposa

Atrévete a pedir ayuda

Muchas personas han tenido malas experiencias en su vida cuando han necesitado ayuda: no han encontrado a personas que en ese momento pudieran ayudarles, o bien han recibido una ayuda que no es la que esperaban y ha habido entonces frustración.

Una educación basada en el interés y la falta de cariño también puede desembocar en la falta de confianza hacia las personas en general. Creyendo que si se pide ayuda, se está en deuda con la otra persona, y hay que hacer una devolución del favor.

Mujeres dándose la mano

Haciéndonos conscientes de que estamos bajo todas estas influencias, que son las que nos dificultan el poder pedir ayuda. Estaremos en disposición para dar el paso de valentía que hace falta. Rompiendo con nuestros temores, dejando de alimentar la desconfianza y el aislamiento.

Atrévete a pedir ayuda, confía en las personas que te ofrezcan su ayuda desinteresadamente. No estás solo ni sola, hay muchas personas a tu alrededor dispuestas a ayudarte cuando lo necesites. Tenlas en consideración, dales la oportunidad de que te demuestren que realmente están contigo.

Con esta actitud serás capaz de generar sentimientos de amor, generosidad, compasión y cuidado mutuo.
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Rafa Aragón

Psicólogo y sexólogo, apasionado por el mundo de la psicología, me entusiasma la divulgación y compartir todo lo que voy aprendiendo. Mediante la escritura intento plasmar mis inquietudes, transmitir y generar emociones

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