Creer en uno mismo: la psicología de la voluntad

Valeria Sabater · 8 abril, 2018

Si no lo haces tú, nadie lo hará. Creer en uno mismo no es cuestión de orgullo sino de dignidad personal. Es ese amarre psicológico al que aferrarnos cada día para confiar en nuestras decisiones, para dejar de tener miedo a los equívocos y permitirnos levantarnos una y cien veces. Creer en nosotros es amarnos con valentía sabiéndonos merecedores de algo mejor.

Es muy posible que la frase “creer en uno mismo” le suene a muchos al recurrido título de libros de autoayuda. Sin embargo, si estas cuatro palabras las vemos con tanta frecuencia en escaparates, manuales y revistas especializadas es por un hecho muy concreto: al ser humano le cuesta enormemente confiar en sus capacidades, potenciar sus virtudes y creer en sus posibilidades.

 “Nunca es demasiado tarde para ser lo que podrías haber sido”.

-George Elliot-

Si esto es así, se debe ante todo al modo en que construimos nuestra realidad interna. Ya desde niños damos forma a nuestra autoimagen en base a los estímulos que recibimos y a las interpretaciones que hacemos de estos. Así, y en base a lo que otros nos digan o nos proyecten, construiremos un sentido de identidad más fuerte y resistente o por el contrario, desarrollaremos un yo más vulnerable.

Creer en uno mismo no es fácil cuando nuestro entorno no ayuda. Confiar en las propias capacidades no es sencillo cuando nos centramos más en nuestros fallos que en el sentido de superación. Proyectar un sentido de identidad fuerte y valiente tampoco resulta fácil si nos han enseñado a fijarnos mucho más en lo que hacen, dicen o piensan los demás en lugar de atendernos a nosotros mismos…

Chica abrazando a un corazón simbolizando el arte de creer en uno mismo

Creer en uno mismo es aceptar que somos únicos, diferentes a los demás

A menudo no nos damos cuenta del rumor de nuestros pensamientos, de nuestras actitudes, atribuciones y razonamientos. Son ellos los que perfilan la arquitectura de lo que somos, quienes nos limitan o nos potencian, ellos son los que al fin y al cabo influyen en cómo nos sentimos y cómo nos comportamos.

El arte de creer en uno mismo es por encima de todo un ejercicio de voluntad. Y la voluntad es un músculo de poder que se ejercita mediante unos pensamientos adecuados, centrados y orientados a un fin concreto: promover nuestro bienestar y nuestro crecimiento personal.

Sin embargo, y esto lo sabemos bien, no es sencillo orientar la brújula de nuestros pensamientos hacia el positivismo y la autoconfianza cuando lo que habita en nosotros es una autoestima baja. Cuando lo que sentimos es apatía, frustración y desmotivación.

Por curioso que nos parezca, algo que a menudo olvidan nuestros padres e incluso los sistemas educativos es enseñarnos a creer en nosotros mismos. Nos orientan en cambio a ser como la mayoría. Porque “ser normal” es hacer, pensar y comportarse como aquellos que nos rodean, es diluir nuestras particularidades en lo ordinario, en lo cotidiano. Porque a veces, ser único es ser diferente, y el diferente no encaja bien, no rima. Es desarmonía en un mundo que adora lo predecible.

imagen rasgada de un chico simbolizando la dificultad de creer en uno mismo

Sin embargo, vale la pena recordar algo tan simple y elemental como lo siguiente: no somos seres producidos en serie, somos diferentes a cualquier otro. Somos excepcionales e irrepetibles. Contamos con unas huellas dactilares únicas, con una personalidad propia, con unas facciones diferentes a los demás. Hemos nacido para dejar nuestra impronta en este mundo, y para ello, debemos hallar nuestros propósitos creyendo en nosotros mismos, en nuestro poder.

La psicología de la voluntad: cuando creer es poder

Creer en uno mismo es un ejercicio constante que nunca debemos dejar de lado. Nadie debería salir de casa sin una buena dosis de autoconfianza y la firme creencia de que merece todo aquello que desea o se proponga. Por ello, y desde el marco de la psicología de la voluntad, es interesante tener en cuenta estos consejos que sin duda, pueden servirnos de ayuda o de inspiración.

Borrón y cuenta nueva

Lo hacemos a menudo con nuestros dispositivos. No hay nada como restaurar el sistema de un móvil o un ordenador para que este funcione más rápido y más ligero. Sin embargo, tal acción requiere en primer lugar saber qué archivos vamos a conservar y cuáles elegimos borrar.

Para creer en nosotros mismos debemos dejar a un lado muchas actitudes heredadas, ideas que otros nos han transmitido así como atribuciones que uno puede haber construido. Las personas nos boicoteamos con mucha frecuencia, y lo hacemos cuando nos infravaloramos o nos comparamos con los demás. Hay que acabar con todos esos enfoques poco útiles: borrón y cuenta nueva.

Las montañas se mueven llevando pequeñas piedras primero

Para conseguir un objetivo debemos creer en nosotros mismos. Sin embargo, la psicología de la voluntad nos recuerda que tal y como dijo Confucio, las grandes proezas se consiguen primero logrando pequeñas victorias.

Así, y antes de marcarnos metas desmesuradas o demasiado elevadas, no hay nada como proponernos pequeños desafíos cotidianos. Esos con los que ganar en seguridad personal, esos donde conseguir mayor confianza y una autoimagen más positiva.

Tal y como decíamos al inicio, el arte de creer en uno mismo es como un músculo que ejercitar en el día a día. Por tanto, no dudemos en hacer uso de él dejando a un lado las opiniones ajenas. Atrevámonos a decidir y a salir jornada a jornada de nuestra zona de confort. Enfrentémonos a nuestras inseguridades poco a poco y sin prisas…

Chica con mochila disfrutando del placer de viajar solo

Vayas donde vayas, sé siempre tú mismo

Para creer en ti, no te alejes nunca de ti. Vayas donde vayas no pierdas tus esencias, no dejes atrás tus valores, tus pasiones o tu identidad. Que tu esencia marque cada uno de tus pasos y decisiones, sin miedo a lo que otros puedan pensar. Ser uno mismo en cada momento y en cada situación no siempre es fácil, por ello, ese esfuerzo cotidiano es también un ejercicio de voluntad, ahí donde ganar a su vez confianza y seguridad personal.

Para concluir, aunque las personas no podamos controlar nunca lo que nos pueda traer la vida, lo que sí podemos controlar es el modo en que reaccionamos ante cualquier circunstancia. Si creemos en nosotros mismos las dificultades serán menos duras, y las montañas menos altas. Pensemos en ello.

Imagen principal cortesía de Dimitra Milan