Cuando fracasas al triunfar

Edith Sánchez · 15 mayo, 2016

Nos resulta familiar escuchar acerca de los éxitos o fracasos del político de turno, del deportista que admiramos o del grupo de música con el que nos identificamos. Sin embargo, para ciertas personas, existe una condición en la que si triunfan en algo, experimentan una sensación de rotundo fracaso en sus vidas. ¿Cómo se explica eso de cuando fracasas al triunfar?

Fracaso y éxito son términos comunes con los que nos encontramos en el día a día. Constituyen la manera imaginaria en que la sociedad nos enseña a evaluar nuestros logros. Este contexto es muy competitivo y, por momentos, pareciera ineludible quedar por fuera de dichos parámetros.

“Un fracasado es un hombre que ha cometido un error, pero que no es capaz de convertirlo en experiencia.”

-Elbert Hubbard-

Aparentemente, todos buscamos el éxito en lo que hacemos. Te empeñas en lograr tus objetivos y partes de la idea de que alcanzarlos representa un alto grado de satisfacción. Pero esto no siempre es así. A veces, sientes que fracasas justo cuando estás a punto de conseguir aquello que deseas.

Todos hemos visto al goleador extraordinario que es elegido para cobrar un penal, en un partido que le entrega la copa al equipo. El experimentado futbolista titubea y finalmente lanza un tiro sin dirección, como lo hubiera hecho un principiante. La posibilidad de consolidar el triunfo final es demasiado para él. También están los que ganan la lotería y después de un año son más pobres que antes de obtenerla.

Fracasas cuando así lo percibes

Cuando nos encontramos frente a estas situaciones paradójicas surgen algunas preguntas: ¿qué causas originan que algunas personas vivencien sus éxitos como fracasos? ¿Qué eventos de su pasado o rasgos de su personalidad, lo condicionan al momento de evaluar su conducta? ¿Qué genera ese accionar persistente que lo distancia de ese anhelo de ser feliz por los propios logros?

mujer cayendo representando cuando fracasas

Hay quienes después de mucho esfuerzo obtienen su grado profesional, pero experimentan un inmenso vacío. También los que después de mucho buscar, por fin encuentran el amor soñado, pero empiezan a crear trabas para que no se consolide. Y no faltan quienes ponen todo su empeño en obtener un ascenso laboral y cuando lo logran se enferman o experimentan angustia.

La condición humana nos lleva a recorrer caminos complejos, para confrontarnos con nuestros propios deseos. Tal vez por esta razón es que se esgrime el adagio popular: ten cuidado con lo que deseas, porque puede convertirse en realidad. Resulta paradójico, que sea precisamente esta idea, la que se aplica a una persona que experimenta angustia cuando alcanza el éxito. Cuando fracasas, justo al triunfar.

Es como si para algunos permanecer en el esfuerzo fuera más tranquilizador que alcanzar la meta. En este punto, el conflicto se hace evidente. Aquello que siempre habíamos deseado, pero que aún no habíamos conseguido, de pronto se convierte en realidad. Es como creer que un estado de frustración permanente es completamente válido y que, a la vez, nos garantiza no alcanzar el temido éxito.

Fracasas inconscientemente cuando triunfas

Las tesis psicoanalíticas afirman que nuestros actos son determinados por mandatos que se alojan y actúan desde nuestro inconsciente. Desde allí, nuestras vivencias durante la infancia presentan una carga emotiva, que marca la vida de nosotros como individuos. El niño establece vínculos con su entorno, lo que fijará la forma de establecer lazos durante su vida adulta.

hombre con cabeza por donde escapan pájaros

Este niño crecerá en función de los afectos que reciba. Y, en cierto punto, se aferrará a uno de sus progenitores y rivalizará con el otro. Esta situación genera pasiones contradictorias, dentro de las que se encuentran los triunfos efímeros de carácter afectivo sobre el padre, con el cual rivaliza.

La ambivalencia se presenta en el instante en el que el niño consigue imponerse en terreno afectivo del progenitor en disputa. Esto implicaría eliminar simbólicamente al padre rival y, por tanto, genera un fuerte sentimiento de culpa. Esta culpa se experimenta como una sensación de estar atrapado en un vínculo incestuoso, y esto a su vez limitará su pleno desarrollo.

Es el caso de esas madres o padres que se derriten de amor por su niño, o su niña. Tanto, que trasladan buena parte del afecto que le corresponde a su pareja, a ese pequeño. Llegan al punto de crear una diada que excluye al otro progenitor y esto es experimentado por el niño como un triunfo incestuoso. Deseaba que así fuera, pero cuando se consolida, queda atrapado en ese “éxito”.

La mejor solución posible

Haber vencido a ese progenitor de sexo opuesto al del niño, origina una culpa que después se convierte en un sentimiento de angustia. En últimas hay una gran insatisfacción por la meta alcanzada. Por esta razón, es fundamental que la función de ese padre de sexo opuesto funcione, para que ese niño no quede atrapado repetidamente en ese juego sin fin.

mano con hojas

En la vida adulta, este drama se expresa como una incapacidad para triunfar. Sin darte cuenta, tú mismo te encargas de sabotear tus logros, de minimizarlos o tirarlos por la borda cuando los divisas en el horizonte. Y si finalmente los obtienes, experimentas una culpa terrible, sin que sepas por qué. Te invade la sensación de que fracasas y no logras descifrar por qué.

En este contexto, lo más recomendable es seguir un tratamiento y transitar por todos los laberintos del inconsciente, para profundizar en estas vivencias pasadas. Es fundamental resignificarlas y encontrar las conexiones inconscientes que dan origen a esa angustia. El objetivo primordial de un tratamiento de este estilo consiste en liberar esa carga afectiva que condiciona el presente.

Durante el trabajo terapéutico puede consumarse, de forma simbólica, eso de lo que huimos. Así se puede resolver el conflicto que se viene padeciendo y que no hay necesidad de seguir sosteniendo. Y, como consecuencia, hacer posible la libertad del individuo para que conserve desde otro lugar, tanto el amor, como el éxito y la vida misma.