¿Cuándo fue la ultima vez que te hiciste el enfermo?

10 Abril, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por el psicólogo Bernardo Peña Herrera
Se atrapa antes a un mentiroso que a un cojo, pero ¿por qué miente el mentiroso? En este caso, ¿por qué una persona simularía estar enferma?
 

Casi todo el mundo se ha hecho el enfermo alguna vez para conseguir alguna ventaja o evitar algo desagradable. Por ejemplo, algunos niños alegan que les duele la tripa para no ir al colegio. Curiosamente, estas conductas siguen presentes en los adultos.

Probablemente tú también tengas tus propias historias de haber fingido estar enfermo alguna vez para evitar algo desagradable, ya sea en el trabajo, la escuela, la familia o algún compromiso al que no querías asistir. Esta condición, llamada simulación. Aunque no es considerada ni un trastorno ni una enfermedad psiquiátrica, está descrita en el manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales… Veamos por qué.

El que se finge enfermo simula para obtener un beneficio

Los simuladores producen síntomas, ya sean físicos o psicológicos, de manera consciente e intencionada. ¿Por qué? Para evitar situaciones desagradables, como obligaciones laborales o legales, el servicio militar o la cárcel. Pero la simulación también puede ocurrir cuando se buscan ciertos beneficios, como recibir compensaciones económicas por la supuesta enfermedad o para obtener drogas.

Mujer en el médico simulando estar enferma
 

Sin embargo, no hay que confundir la simulación con otra condición similar, llamada trastorno facticio, donde también se producen adrede síntomas de una enfermedad. No obstante, la motivación no es un incentivo externo, sino que el fingirse enfermo surge de una necesidad psicológica, como obtener atención o afecto.

Además, la simulación puede ser adaptativa en algunos casos, como el prisionero de guerra que finge una enfermedad como parte de un plan para escapar del enemigo.

¿Cómo descubrir al que falsamente simula estar enfermo?

Hay ciertos datos que sirven de pistas para saber si se está frente a un simulador. He aquí algunos signos que hacen sospechar de simulación:

  • Existe la posibilidad de que debido a la supuesta enfermedad, la persona:
    • Evite situaciones desagradables, peligrosas o dolorosas
    • Evite responsabilidades sociales o legales, así como penas legales
    • Obtenga compensación económica
  • Los síntomas están bien definidos y no corresponden a ningún cuadro diagnóstico
  • Los signos o síntomas son exagerados, teatrales o vagos
  • La historia médica y el examen físico no concuerdan con los supuestos síntomas
  • Existe una falta de colaboración evidente con el tratamiento o no acepta la ausencia de un diagnóstico
  • El supuesto enfermo se muestra reacio a aceptar un pronóstico favorable
  • La persona solicita drogas o fármacos para tratar la supuesta enfermedad
  • Existencia de lesiones que parecen ser autoinfligidas
  • Alteración de la historia médica o el diagnóstico
  • En las pruebas de laboratorio se detectan medicamentos que no han sido prescritos, o sustancias tóxicas
 
  • Existen antecedentes de lesiones o accidentes repetidos
  • Los síntomas coexisten con un diagnóstico de trastorno de personalidad antisocial

Diagnóstico y tratamiento

Chica recibiendo ayuda psicológica

Los expertos coinciden en que diagnosticar la simulación no es tarea fácil, pero también son muy cuidadosos en descartar que realmente no haya una causa médica o psiquiátrica que explique los síntomas.

Así, pues, para realizar un adecuado diagnóstico en estos casos, es necesario hacer un trabajo detectivesco, que pasa por una cuidadosa y exhaustiva investigación de diversas fuentes de datos para hacer una validación cruzada. Por ejemplo, examinar las pruebas de laboratorio, exámenes físicos. Hacer entrevistas estructuradas, explorar la historia clínica, la situación actual en las áreas personal, laboral y social, pruebas neurofisiológicas, etc. Asimismo, se puede utilizar una prueba específica para detectar la simulación.

Aunque suene extraño tratar un trastorno inexistente, la estrategia recomendada es brindarle el apoyo psicológico necesario a la persona para que desarrolle nuevas formas y habilidades, que le permitan afrontar ciertas demandas o circunstancias de la vida.

 

En resumen, si bien es cierto que la simulación no es considerada una patología, hay una fina línea entre la simulación esporádica -que no acarrea mayores consecuencias- y la simulación como un patrón de conducta disfuncional que afecta negativamente no solo a la propia persona, sino también a los demás.