¿Cuándo fue la ultima vez que te hiciste el enfermo?

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 30 diciembre, 2013
Paula Aroca · 30 diciembre, 2013

 

Mi madre siempre contaba una anécdota de cuando yo era pequeña: en uno de esos días en que yo no tenía ganas de ir a la escuela, le dije: “Mami, me duele la garganta”, mientras me ponía la mano en la cabeza, por lo cual mi truco fue fácilmente descubierto. Pero sé que no estoy sola en el uso de este tipo de engaños.

Probablemente tú también tengas tus propias historias de haber fingido estar enfermo alguna vez para evitar algo desagradable, ya sea el trabajo, la escuela, la familia política o algún compromiso al que no querías asistir. Esta condición, llamada simulación, aunque no es considerada ni un trastorno ni una enfermedad psiquiátrica, está descrita en el manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales… Veamos por qué.

Simular para ganar

Los simuladores producen síntomas, ya sean físicos o psicológicos, de manera consciente e intencionada. ¿Por qué? Para evitar situaciones desagradables como obligaciones laborales o legales, el servicio militar o la cárcel; pero la simulación también puede ocurrir cuando se buscan ciertos beneficios, como recibir compensaciones financieras por la supuesta enfermedad o para obtener drogas.

Sin embargo, no hay que confundir la simulación con otra condición similar, llamada trastorno facticio, donde también se producen adrede síntomas de una enfermedad, pero la motivación no es un incentivo externo, sino que el fingirse enfermo surge de una necesidad psicológica, como obtener atención o afecto.

Además, la simulación puede ser adaptativa en algunos casos, como el prisionero de guerra que finge una enfermedad como parte de un plan para escapar del enemigo.

Cómo descubrir a un simulador

Hay ciertos datos que sirven de pistas para saber si se está frente a un simulador. He aquí algunos signos que hacen sospechar de simulación:

• Existe la posibilidad de que debido a la supuesta enfermedad, la persona:

o Evite situaciones desagradables, peligrosas o dolorosas
o Evite responsabilidades sociales o legales, así como penas legales
o Obtenga compensación económica
 

• Los síntomas no son definidos ni claros y no corresponden a ningún cuadro diagnóstico

• Las signos o síntomas son exagerados, teatrales o vagos

• La historia médica y el examen físico no concuerdan con los supuestos síntomas 

• La persona no colabora con el tratamiento o no acepta la ausencia de un diagnóstico

• La persona es reacia a aceptar un pronóstico favorable

• La persona solicita drogas adictivas para tratar la supuesta enfermedad

• Las lesiones parecen ser auto-provocadas

• La historia médica o el diagnóstico parecen haber sido alterados

• En las pruebas de laboratorio se detectan medicamentos que no han sido prescritos o sustancias tóxicas

• Existen antecedentes de lesiones o accidentes repetidos

• Coexiste un diagnóstico de trastorno de personalidad antisocial

Diagnóstico y tratamiento

Los expertos coinciden en que diagnosticar la simulación no es tarea fácil, pero también son muy cuidadosos en descartar que realmente no haya una causa médica o psiquiátrica que explique los síntomas.

Así, pues, para realizar un adecuado diagnóstico en estos casos, es necesario hacer un trabajo detectivesco, que pasa por una cuidadosa y exhaustiva investigación de diversas fuentes de datos para hacer una validación cruzada, tales como pruebas de laboratorio, examen físico, entrevista estructurada, historia clínica, situación actual en las áreas personal, laboral y social, pruebas neurofisiológicas, etc. Asimismo, se puede utilizar una prueba específica para detectar la simulación.

Aunque suene extraño tratar un trastorno inexistente, la estrategia recomendada es brindarle el apoyo psicológico necesario a la persona para que desarrolle nuevas formas y habilidades, que le permitan afrontar ciertas demandas o circunstancias de la vida.

Si bien es cierto que la simulación no es considerada una patología, hay una fina línea entre la simulación esporádica -que no acarrea mayores consecuencias- y la simulación como un patrón de conducta disfuncional que afecta negativamente no solo a la propia persona, sino también a los demás.