Cuando la agresión se vuelve un patrón de relaciones en la familia: ideas para gestionarlo

En una familia, instaurar las formas de comunicación válidas es una tarea de los padres. Ahora, ¿cómo hacerlo para que no aparezca la agresividad? ¿Y qué podemos hacer si aparece?
Cuando la agresión se vuelve un patrón de relaciones en la familia: ideas para gestionarlo
Gema Sánchez Cuevas

Revisado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas el 07 enero, 2021.

Escrito por Edith Sánchez, 07 enero, 2021

Última actualización: 07 enero, 2021

Toda familia tiene conflictos y momentos en los que surgen conductas agresivas. Sin embargo, en algunas ocasiones ese malestar ya no es solo una situación esporádica, sino que por su frecuencia podríamos hablar de un estado crónico. Es entonces cuando la agresión se vuelve un patrón en las relaciones familiares y puede llegar a tener consecuencias importantes.

Cuando la agresión se vuelve un patrón de relaciones en la familia, lo más usual es que se deba a pautas de crianza inadecuadas. Pese a que en la actualidad hay mucha información sobre las mejores prácticas de formación, lo cierto es que muchas veces pesa más la constitución psicológica inadecuada de los padres.

Con el tiempo, ya no son solo los padres quienes adoptan conductas inadecuadas, sino que sus hijos las replican de diferentes maneras. Es entonces cuando la agresión se vuelve un patrón de relaciones, bien sea porque los padres mismos son agresivos o bien porque con su permisividad hacen que no haya control de las emociones.

 “El saber y la razón hablan; la ignorancia y el error gritan”.

-Arturo Graf-

Padre gritando a su hijo

Cuando la agresión se vuelve un patrón

La agresión se vuelve un patrón cuando se asume como la vía natural para gestionar el conflicto y la frustración. Estos tienen lugar en aquellas ocasiones en las que el otro hace o no hace algo que contraría los deseos propios, así como cuando no se obtiene lo que se quiere por alguna razón.

Lo normal es que ese tipo de situaciones den lugar a un sentimiento de ira, ya que en principio toda persona quiere hacer y obtener lo que quiere. Lo que sucede de ahí en adelante depende de las pautas de crianza que se adopten en la familia. Estas comienzan por la misma actitud de los padres: ¿cómo reaccionan ellos ante el conflicto y la frustración? ¿Cuál es su respuesta cuando los hijos no acatan sus órdenes o incurren en alguna conducta indeseable? ¿Cómo tramitan los conflictos de pareja?

A lo anterior se suman dos elementos muy importantes. El primero es la crianza misma que recibieron los padres cuando eran unos niños. La segunda, el grado de coherencia entre la gestión emocional y la educación emocional que pretenden impartir. Así, pueden llegar a condenar la agresividad, al tiempo que optan por ella en la práctica.

El maltrato y la permisividad

En la mayoría de los casos, la agresión se vuelve un patrón dentro de contextos en los que predomina el maltrato, la permisividad o ambas. Lo habitual es que también estén presentes otros factores. En el Departamento de Psicología del Policlínico Dr. Tomás Romay de Cuba se llevó a cabo un estudio con niños de 9 a 11 años, todos ellos evaluados como infantes con conductas agresivas. También se incluyó a sus familias.

Este estudio reveló una serie de características de las familias de esos niños:

  • El 83,3 % vivían en condición de hacinamiento.
  • El nivel de escolaridad de los padres era menor al promedio.
  • El 63 % de los padres no tenía un vínculo laboral estable.
  • En el 100 % de los casos se reportó que la familia tenía relaciones agresivas y primaba la impulsividad.
  • En el 60 % de los casos se evidenció rechazo de los padres hacia sus hijos.
  • En la tercera parte de los hogares, 33,33 %, alguno de los progenitores era alcohólico.
  • El 60 % de los niños vivían en familias ampliadas, el 30 % en familias extensas y solo un 10 % con el núcleo familiar básico.
  • El 70 % de los padres tenía una vida social escasa.
Mujer gritando

La condición psicológica de los padres

De lo anterior puede desprenderse la idea de que la pobreza y la falta de escolaridad son factores de peso para que la agresión se vuelva costumbre. Sin embargo, esto no siempre ocurre. Si bien hemos hablado de condiciones o circunstancias que están asociadas a la agresividad, no todas las personas que viven en esas condiciones ni todas los que carecen de recursos tienen una regulación emocional pobre. De la misma manera, este tipo de patrones se presentan en las diferentes clases sociales.

Todo indica que la agresión se instala por la combinación de diversos factores. En las estadísticas llama la atención el alto porcentaje de padres que sienten rechazo por sus hijos, así como de los que tienen una vida social limitada.

Una conclusión general sería que en aquellas familias en las que la agresión se vuelve un patrón es importante y necesario revisar la condición psicológica de los padres. Existen razones para pensar que tienen problemas individuales sin elaborar y que hacerlo podría transformar en positivo los vínculos familiares.

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  • Barcelata Eguiarte, B. E., & Álvarez Antillón, I. L. I. A. N. A. (2005). Patrones de interacción familiar de madres y padres generadores de violencia y maltrato infantil. Acta colombiana de psicología, 8(1), 35-46.