Cuando nos sentimos utilizados

Raquel Aldana · 26 septiembre, 2014

 

Dar y recibir o recibir y dar, ésa es la buena base de nuestras relaciones. Cuando esto no ocurre y solamente damos sin recibir nada a cambio nos sentimos utilizados.

Ese sentimiento puede acrecentarse cuando, después de estar siempre dispuestos para alguien, para hacerle sentir bien o facilitarle su vida, somos nosotros los que nos mostramos solícitos y no responden como esperábamos.

Todo esto implica que nos sintamos entristecidos, defraudados, irascibles y desconfiados. Y es que, nos guste o no, uno de los principios más importantes de las relaciones humanas es la reciprocidad.

La misma reciprocidad es un arma de doble filo. Confiamos tanto en ella y está tan arraigada en nuestra forma de entender las relaciones que precisamente es la causa por la que llegan a abusar de nosotros y nos utilizan para conseguir lo que buscan.

Al igual que eres más proclive a contar tus intimidades a alguien que ha compartido algo personal contigo, también lo eres para hacer favores a alguien que te los ha hecho con anterioridad, aunque sean mínimos. Si esto estuviera equilibrado no tendrías ningún problema pero la cuestión es que tú siempre das más a partir de menos. De esto se sirven los abusadores, ellos siempre ofrecen algo pero ese algo se basa en una falsa reciprocidad.

Cuando sentimos que abusan de nosotros, de nuestra confianza o de nuestra buena fe no es fácil ni reaccionar a tiempo ni hacerlo correctamente.

Esto se debe a que nuestra vida se rige en gran parte por cómo nos sentimos y acabamos comportándonos de la forma que entendemos más coherente.

Quizás no hacer ese favor te hace sentir mal y no contemplas el no hacerlo como opción. Sin embargo, ¿por qué ibas a hacer algo que no te recompensa emocionalmente?, procura no confundir la bondad con la ingenuidad.

Pero en algún momento nos damos cuenta de que algo está fallando y de que esa relación no nos compensa. Esto nos puede llevar a comportarnos de forma desconfiada y paranoide sin demasiada justificación, lo que a su vez alimenta un círculo vicioso.

desconfianza

No siempre que nos sentimos de esta forma estamos siendo utilizados sino que los demás no reaccionan como nosotros lo haríamos y eso nos desespera y acrecienta este sentimiento de pañuelo desechable. O sea, ten precaución, valora y sé paciente antes de concluir que se están aprovechando de ti.

Lo hayan hecho o no, mantener una actitud desconfiada puede llevarnos a cometer errores de interpretación de los actos de los demás y actuar de tal forma que lleve a los que nos rodean a comportarse con nosotros de la forma que queremos evitar (en la disciplina psicológica este fenómeno es llamado profecía autocumplida).

La confianza, que tan importante es para relacionarnos, es un concepto equívoco para muchas de personas y en el momento en el que se traspasan los límites de nuestros derechos podríamos decir que se convierte en abuso. Hay una delgada línea entre el uso y el abuso de la confianza y hay que tener cuidado de no caer en el error de ceder en todo por sentirnos obligados moralmente.

Ten claro que todo vínculo requiere reciprocidad, sin convertirlo en un contrato de “yo te doy en la medida en la que tú me des” no te olvides de lo siguiente: el amor adulto no es incondicional, sin reciprocidad se diluye el vínculo amoroso; la base de la amistad es el intercambio (a las amistades vampiras sólo les interesa su beneficio y no consideran tu bienestar ni el perjuicio que te puedan causar); tu trabajo no es el de tu compañero, esto no quita que no puedas realizar un favor en el entorno laboral pero desde luego no debes ser tú el que saque adelante todo el trabajo atrasado ni el que realice las tareas más aburridas.

Dar para recibir no requiere devolverlo de la misma forma pero sí requiere del placer de dar y del placer de recibir. Ambas partes deben sentirlo y ambas partes deben transmitirlo.

Aprende a no caer (y a no recaer) en las relaciones vampiras, aprende a decir no de manera asertiva, aprende a valorarte, aprende que lo que haces tiene un precio y ese precio es hacerte sentir bien.

También aprende a que si algo te parece injusto no debes callarte pero, desde luego, ten en cuenta la importancia de ser prudente puesto que en ocasiones mostrar excesiva desconfianza puede hacer que los demás desconfíen de nosotros y, por ello, alejemos a personas que podrían ser, o llegar a ser, importantes en nuestra vida.

Imagen cortesía de Peter Pikulik