Qué hacer cuando pensar demasiado se convierte en un problema

Rafa Aragón · 3 septiembre, 2016

Como seres racionales que somos, pensar es una actividad que participa de nuestra naturaleza. Los pensamientos pueden ser nuestros aliados pero también nuestros peores enemigos. Así, que se transformen en un problema o no dependerá de cómo utilicemos nuestra razón y la conciencia que le pongamos.

Si entendemos pensar como el acto de razonar, entender, imaginar, de forma que nos ayude a tomar decisiones y a llevar a cabo una acción, podemos concluir que tiene un gran poder, tanto como el que queramos otorgarle. Recordemos que el pensamiento no es algo estable, ni ha de ser siempre sensato o tener cierto sentido común.

Dar demasiado valor a nuestro pensamiento en ciertas situaciones y circunstancias puede perjudicarnos más que beneficiarnos, para esto hay que tener conciencia y abrir la mente a otras posibilidades que están influyendo, como son nuestro estado emocional, nuestra experiencia o determinadas condiciones particulares, como el consumo de alcohol.

Muchos son los factores que están en constante interacción con nuestros pensamientos, tomar conciencia de ellos nos ayuda a no ser esclavos ni obsesionarnos con lo que pensamos.

Cuando pensar nos genera ansiedad

Hay situaciones en las que tenemos la sensación de que no podemos dejar de pensar, dándole vueltas una y otra vez a lo mismo. En este proceso de rumiación, nos obsesionamos con algo que abarca la mayor parte de nuestro tiempo y de nuestros pensamientos. Al preocuparnos por algo, anticipar una situación o recordar momentos de nuestro pasado le dejamos a la ansiedad las puertas abiertas, de par en par.

Mujer con ansiedad al pensar

La ansiedad creada por nuestros pensamientos acaba siendo un proceso de descontrol: nos vemos dominados por lo que pasó, por la incertidumbre de lo que aún no ha llegado y lo que está por llegar. Todo esto ocurre cuando no atendemos al presente, nos perdemos, desorientamos y distraemos de lo que nos acontece en la actualidad, del mundo que vivimos aquí y ahora.

Intentar buscar y darle explicaciones a todo lo que nos rodea también convierte nuestros pensamientos en ansiedad. Hay personalidades con más tendencia a la preocupación y a intentar obtener explicaciones de todo lo que viven. Por lo tanto, las personas que poseen este dinamismo interno han de hacer un gran esfuerzo para mantener la calma y centrarse en aquello que están experimentando en ese instante.

Centrarnos en el momento presente

Ante a angustia que nace de nuestros pensamientos, lo más recomendable es hacer lo posible por centrar toda la atención en el momento presente. Cuando captamos el momento podemos tener el control de nuestros pensamientos, centrándonos en la experiencia, en la realidad que nos acontece más de cerca. Dejemos que lo que hay a nuestro alrededor entre en nosotros y nos contagie un sentido distinto al que hemos comenzado cognitivamente en nuestra mente.

Cuando acumulamos pensamientos y nos agobiamos con las preocupaciones, un buen ejercicio es el de ponernos a escribir y ordenar esas ideas, guardar lo escrito para ir pudiendo dar soluciones conforme nos van surgiendo. De esta manera haremos algo con lo que nos atormenta, y dejaremos paso a las decisiones y soluciones.

Comprender y aceptar nuestro modo de pensar nos ayuda a no caer en la desesperación y el victimismo. Entender que los pensamientos forman parte de nosotros y que podemos utilizarlos en nuestro beneficio, nos impide entrar en conflicto con ellos; un conflicto que en realidad sería con nosotros mismos.

Yo no soy lo que pienso, lo que pienso forma parte de mí, y tengo el poder para dirigir mis pensamientos hacia donde más me convenga.

Controlo lo que pienso

Al no ser yo lo que pienso, sino más bien formar parte de mí, comprendo mejor la naturaleza del pensamiento. Sé que forma parte de mí y de mis experiencias, que tiene que ver con la actitud y mi modo de ver y estar en la vida. Por lo tanto quejarme de lo que pienso habitualmente es solo una estratagema para huir de mí mismo.

Mujer encarcelada en su pensamiento

Podemos controlar lo que pensamos, sobre todo con la práctica de la concentración. Podemos guiar nuestros pensamientos hacia lo que nos resulte más importante, y podemos quedarnos anclados con lo mismo, o ir avanzando e ir dejando lugar al mundo de posibilidades que están por llegar y no podemos controlar.

Nuestra actitud determina cómo pensamos y actuamos. Podemos quedarnos en nuestro mundo de posibles opciones sin atrevernos a tomar decisiones, o podemos plantear una estrategia dándole forma a una posibilidad a través de nuestras decisiones.

Pensar aunque comprobemos que es algo automático y que nos viene sin más, no significa que no podamos tomar una actitud activa. Si nos quedamos siendo espectadores de nuestros pensamientos, asumiremos que es imposible controlarlos y es así cómo nos dominaran.

Puedes decirte a ti mismo: yo controlo lo que pienso. En ese punto ya estarás tomando una actitud más activa y beneficiosa.