Cuando se ama demasiado, quizás no se ama (Codependencia)

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 27 noviembre, 2018
Edith Sánchez · 27 noviembre, 2018
Hay quien tolera y justifica los comportamientos abusivos o tóxicos de otro diciendo que lo hace porque le ama demasiado. Lo que hay en el fondo es una postura codependiente, que nace de una profunda inseguridad y miedo al abandono.

Hay personas que están dispuestas a hacer lo que sea o soportar cualquier humillación en nombre del amor. Parten de la premisa de que cuando se ama demasiado debe existir, ante todo, abnegación. Esto es, brindar el afecto sin condiciones y perdonar mil y una veces si es necesario. Todo con tal de no perder o desagradar al ser amado.

Dentro de ese grupo de personas están, por ejemplo, las madres que pagan una y otra vez las deudas que contraen sus hijos. Saben que esto no es correcto, pero terminan justificándolo en nombre el amor. También están esas personas que se abrazan a la misma pareja que las maltrata. Nunca lo dejan, o la dejan solo para regresar poco tiempo después. Argumentan que cuando se ama demasiado, ninguna ofensa es capaz de acabar con ese vínculo.

La verdad es que en casos así no estamos ante un amor fuera de lo común, sino frente a una dependencia. Esta lleva a una persona a experimentar un tipo de afecto que le resulta desbordante e inmanejable. Literalmente sienten que no pueden vivir si el otro. Por eso están dispuestos a todo, menos a romper ese vínculo. En estos casos en realidad no se ama demasiado, sino que se carece de amor por uno mismo.

La víctima depende del agresor, hay una dependencia emocional. Pero es que el agresor también depende de la víctima, porque basa su autoestima en la dominación”.

-Ana Isabel Gutiérrez Salegui-

Mujer triste en la cama

¿Se ama demasiado o se necesita demasiado?

Una persona codependiente, sin darse cuenta, actúa bajo un principio: necesito que me necesites. Esa es su forma de construir vínculos significativos en la vida. Su actitud básica es la de “rescatar” al otro, la de servir como amortiguador para cualquier consecuencia negativa que se derive de los actos de ese otro.

Esto va acompañado de una perspectiva en la que ellos mismos no importan. Aparentemente, sus necesidades y sus deseos siempre deben estar en un segundo plano. Lo único que verdaderamente importa son las necesidades y deseos del otro. Por ellos están dispuestos a sacrificarse. Explican esta situación injusta diciendo simplemente que cuando se ama demasiado, los límites en cuanto a entrega desaparecen.

Sin embargo, esta situación les genera sufrimiento y ansiedad, principalmente. Cuando se ama demasido es probable que también se tengan dificultades para dormir o se experimente un estado de inquietud constante, o alteraciones alimentarias, o dificultades en otros ámbitos. Dicen que aman al otro, pero más temprano que tarde convierten sus cuidados y esmeros en conductas de control, orientadas en el fondo a mantener atada a esa persona.

Necesito que me necesites

El rasgo distintivo de la codependencia es que de un lado hay alguien que desea intensamente sentirse útil o, más bien, necesitado. Esto no se puede lograr con alguien autónomo y maduro. Se requiere de una persona frágil y con muchos problemas. Entonces se forma un vínculo en el cual en un polo está alguien con carencias y dificultades, que no quiere hacerse responsable de sí mismo. Y en el otro polo está el codependiente, que, de un modo u otro, asume esa responsabilidad que no le corresponde.

Lo que surge de esto es una simbiosis insana. Un tipo de relación en el que hay abuso de lado y lado. En el fondo hay un acuerdo tácito: el uno se “compromete” a no resolver sus propios problemas y el otro a impedir que lo haga, a cambio de un “amor” incondicional. Es un enredo neurótico difícil de reconocer y analizar para los implicados.

Mujer llorando abrazada a su pareja

Por lo tanto, el codependiente alimenta las condutas abusivas del dependiente. Sus excesos de consumo, de ira, de pasividad o de lo que sea. También sus excesivas demandas. Le ayudará a que no trace un límite. Lo que más aterra al codependiente es que el otro deje de necesitarlo. En su imaginario, si esto llegara a ocurrir, probablemente esa persona se apartaría de su lado, pues ya no necesitaría de su manto protector.

Cuando se ama demasiado, quizás lo que hay de fondo es un profundo miedo al abandono. En este tipo de “amores” prima el sufrimiento, no la dicha. Son habituales en personas que tienen carencias o abusos de infancia sin elaborar. Se sale de una situación así cuando se reconoce que gran parte de lo que se siente y se hace no es fruto del amor, sino del temor. También cuando los involucrados deciden cultivar el amor propio en lugar de proyectar la falta de este en otro.

  • Hoyos, M. L., Arredondo, N. H. L., & Echavarría, J. A. Z. (2007). Distorsiones cognitivas en personas con dependencia emocional. Informes psicológicos, 9(9), 55-69.