¿Cuánto dice el silencio?

¿Cuánto dice el silencio?

Juanjo Basante 28, Enero 2013 en Psicología 77 compartidos

De todas las formas de lenguaje y expresión que dispone una persona para comunicarse, la menos fiable es el habla. Me explico.

Una persona con la capacidad de hablar puede, en mayor o menor medida, corromper la veracidad de sus palabras con cierta facilidad siempre que lo desee.
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Mentir es tan sencillo como usar una palabra en lugar de otra y darle un valor que no debería de tener. Así de fácil. Hay quienes mienten más que hablan.

También hay quienes mienten mejor que otros.
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Y por supuesto, los hay que no desean mentir. Pero, centrándonos en la sinceridad del mensaje, mentir o no mentir es una decisión, por norma general.

Mentir

¿Qué ocurre, por ejemplo, con el lenguaje gestual? Me refiero al no controlado. Al que resulta tan difícil de ocultar.

Una mala cara cuando alguien hace algo con lo que estás en completo desacuerdo. O una situación que invita a esbozar una inevitable y sincera sonrisa. O la sudoración en situaciones incómodas o de estrés.

El paso del color natural a uno más rojizo cuando alguien tiene el placer de ser piropeado… Por supuesto, la respuesta de cada uno es distinta. Varía en intensidad, en duración o en matices.

Pero, lo que tienen en común estas respuestas es que son espontáneas, son difíciles de reprimir y por lo tanto tienen más veracidad si quieres conocer una reacción.

¿Y qué hay del silencio? ¿No es, acaso, la máxima expresión de inexpresividad siendo al mismo tiempo la más reveladora? En mi opinión, sí. Cuando alguien desea algo puede ocurrir que tarde en descubrirlo, en asumirlo o en lanzarse a por ello.
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Pero tarde o temprano, si quieres algo lo acabas expresando. Y desde el primer momento hay indicios de que es así, por mucho que no sean totalmente claros. Creo que cuando ocurre todo lo contrario, cuando algo no se quiere o no se necesita, es cuando más queda patente un sentimiento.

El odio y el rechazo se manifiestan de una forma más clara, con mucha más fuerza. Sin adornos, muchas veces es más implacable un sencillo silencio. El silencio manda un mensaje más claro que un largo discurso con innumerables puntos en los que poder detenerse.

El silencio dice que no o dice que sí, pero lo dice con más empuje, porque no se deja adornar por nada. Más que otorgar, el silencio sentencia. Y el silencio es respuesta, claro que sí.

No es ausencia, solo que no deja que nada se le acerque. No deja que te escapes. Cuando no tienes respuesta, el silencio deja patente tu carencia. En otros lugares como en China,  el silencio está mejor valorado.

Aquí es casi una ofensa, necesitamos rellenarlo con lo que sea. ‘‘Sigue hablando por dios, no sea que te entienda’’. Todo depende de la pregunta, ojo. Pero si duele más de lo que duele un insulto, es porque produce cierta indiferencia. Y estando vivo, lo último que quiere alguien es que le dediquen un minuto de silencio. Ni que se lo pidan por favor.

Imagen cortesía de Alexander Kuznetsov y Gary Warren

Juanjo Basante

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