Cuestiones de pandemia: la tolerancia del mal humor y el aburrimiento

04 Mayo, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por el psicólogo Marcelo Ceberio
En tiempos de cuarentena, el mal humor y el aburrimiento también tienen protagonismo. Ahora bien, ¿qué hay detrás de estos estados? El psicólogo Marcelo Ceberio nos habla sobre ello.
 

No podemos negar que si hay un protagonista en esta pandemia, ese papel le corresponde al aislamiento. La cuarentena es un permanente exhibidor, algo así como un escaparate de supermercado en el que se muestran con claridad las características de cada uno de nosotros.

Por una parte, esto se debe a que la mayoría de nosotros compartimos 24 horas con otras personas y nuestra observación se focaliza en un gran número de detalles que en la cotidianidad normal (ajetreada de trabajo) se pierden.

Pero además, convivir y estar adentro potencian reacciones, interacciones, forma de pensar y emocionar; por lo tanto, nuestras características aparecen amplificadas. Es decir, son cuestiones de cantidad e intensidad. Profundicemos.

Mujer mirando por la ventana

La triada emocional del confinamiento

Sea como sea, tras esta pandemia y la consecuente cuarentena, se ocultan una serie de emociones y sentimientos que se basan en una triada compuesta por el miedo, la ansiedad y la angustia.

Después existen diferentes potenciadores de estas emociones. Por ejemplo, sentir miedo al contagio y a morir si este sucede provoca altos niveles de angustia y ansiedad. Además, la incertidumbre que genera el hecho de no saber cuándo se acaba este período también puede producir ansiedad y angustia y potenciar ambas el miedo.

 

También la sobreinformación -infotóxica- y las fake news son potenciadoras de la incertidumbre, lo que abre de nuevo el círculo de esta triada emocional nociva y perjudicial para nosotros.

Ahora bien, debemos aclarar que la ansiedad, el miedo y la angustia son emociones absolutamente lógicas en este período. Y lo que podemos hacer son actividades que reduzcan -no que anulen- la intensidad de estos niveles emocionales.

Si echamos la vista atrás, en los inicios de la cuarentena nos llenamos de actividades recomendadas por diversos especialistas, psicólogos principalmente (en los que me incluyo), que nos llenaron de tips y claves para llevar una buena cuarentena.

Sin embargo, todos esos consejos apuntaron a reducir la incertidumbre y la ansiedad y aplacar el miedo, pero además operaron como factores distractores que desviaron el foco coronaico. Así, las primeras semanas podríamos decir que fueron algo así como vacaciones en casa: lectura, gimnasia, comida rica, películas, juegos y comunicación con amigos.

Después de semanas, ¿malhumor y aburrimiento?

Hoy, lo que fue sorpresa y todo un proyecto para pasar el tiempo, en familia y sin trabajo, se transformó o se está transformando en tedio reorganizativo, a lo que hay que sumar que el peso de lo económico se está haciendo sentir.

Los que viven en familia y tienen hijos que deben cursar las clases del colegio de manera online inician un periplo de complicaciones de plataformas e-lerning, programas diferentes y nuevos y la ignorancia de todos a esta modalidad.

 

Las empresas que empiezan a buscar resultados en el teletrabajo, las clases de gym que agotan, los libros que se acaban, las series ya vistas… En síntesis, se terminan los recursos innovadores y distractivos de la angustia, la ansiedad y el miedo, nuestra querida tríada emocional.

Entonces surge el mal humor, el fastidio, el hastío, el hartazgo y emociones similares de las que se desprenden las malas contestaciones, las caras enfadadas, los gestos de desagrado o los signos omegas en el entrecejo, todos indicadores del malestar. Pero ¿qué hay detrás del malhumor?

En el backstage de estas actitudes se encuentran aquellas emociones que deseábamos eludir. Y esto ocurre porque no siempre expresamos de forma directa ciertas emociones ni logramos decir «tengo miedo», traducir la ansiedad en palabras o expresar nuestra angustia.

El malhumor del aislamiento

Somos como los niños cuando no muestran su mal humor o angustia de manera directa, sino que lo esconden tras actitudes de protesta, tristeza, enfado o agresión. Nos sucede lo mismo.

La angustia la expresamos de múltiples formas: a través de la bronca, el fastidio o las somatizaciones más variadas como contracturas, dolores de estómago, cefaleas, etc.

Tampoco nos gusta llorar -que sería una vía directa de la expresión de angustia- porque creemos que es un signo de debilidad. Por lo que si necesitamos eludir la debilidad y mostrarnos fuertes o blindarnos, resulta efectivo canalizar esa angustia a través de otros recursos.

 

Además, el mal humor lleva a la intolerancia. La falta de paciencia con los demás nos lleva a no dejar pasar por alto ningún detalle ni ninguna reacción de la otra persona. Y así es como sus actitudes pueden ser un excelente disparador de discusiones y peleas, pero también el facilitador de la catarsis para sacar fuera los sentimientos tóxicos que nos produce este tiempo de reclusión.

A veces, se busca la pelea como una vía de descarga de tensiones y ansiedades.

En la medida en que pasa el tiempo, se incrementa el mal humor en relación directamente proporcional, aunque el contexto es el mismo, pero la novedad de los primeros diez días va llegando a su fin.

Cuando nos aburrimos…

El aburrimiento se define como una sensación de fastidio por falta de diversión, interés o sorpresa. Es un estado emocional desagradable cuando no se encuentra satisfacción en lo que se hace.

Una persona aburrida pierde la concentración porque no encuentra algo, una situación o una actividad, que lo motive y que le produzca placer. Entonces, es cuando se vuelve fastidioso y se irrita fácilmente contestando de mala manera.

La combinación entre el mal humor, el fastidio y el aburrimiento es una especie de cóctel nitroglicerínico muy fácil de hacer estallar.

Para muchas personas que en tiempos normales desarrollan una hiperactividad profesional, la cuarentena les resultó un factor de freno importante en sus vidas; razón por la que en estos momentos se sitúan en posiciones top en la escala del aburrimiento y el mal humor.

 

Cabe agregar que esta combinación forma parte de lo que se conoce como el nuevo estrés o la capacidad de estresarse no solo cuando estamos hiperactivos o nos hiperexigimos, sino también cuando no hacemos nada y nos aburrimos. Aunque se nos olvida tener en cuenta que el aburrimiento y el mal humor son también sensaciones esperables en la cuarentena.

Mujer enfadada

¿Qué podemos hacer?

El tema es ¿qué hacemos frente a la inexorabilidad de estas sensaciones? En principio, entender que es un proceso natural que estamos viviendo y comprender tanto a los demás como a nosotros mismos. Saber que esto puede sucedernos implica entender que ¡es tranquilizador sentirse normal! Aceptar el aburrimiento puede ser una base para no dejar entrar el mal humor.

También es importante hablar descarnadamente de la angustia que nos genera este proceso. El miedo y la ansiedad son emociones esperables y es importante buscar a una persona con la que confesarse y explayarse. Eso sí, no necesariamente tiene que ser la pareja, también puede ser un amigo o alguien con quien tengamos un vínculo profundo y sepamos que nos va a cuidar.

 

Por último, recordemos que este es un momento para aprender y para aprender hay que comunicar, decir, expresar. La comunicación es un recurso valioso que está a nuestro alcance.

¿Qué tal si convertimos el aburrimiento en ocio? Si lo disfrutamos y aprovechamos para filosofar sobre cómo queremos vivir nuestra vida, qué es lo que deseamos cambiar, con quiénes deseamos compartir nuestro tiempo y finalmente darnos cuenta de que todo está en nuestra manos.