Dame un sonrisa que yo puedo con todo

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 25 enero, 2016
Cristina Medina Gomez · 14 noviembre, 2015

Decía un dicho popular que nadie es tan pobre para no poder regalar una sonrisa ni tan rico para no necesitarla y, aún, no he conocido a nadie que no esté de acuerdo con tal afirmación. Las sonrisas casi siempre son agradables: es como si, al recibir una, viniera con ella también un halo de energía positiva que provoca en nosotros distintas emociones.

La emoción que puedes llegar a sentir al recibir una sonrisa depende, fundamentalmente, de dos factores: por un lado, qué supone la otra persona para ti; por otro lado, cómo te encuentras en ese momento. En cualquiera de los dos casos, una sonrisa puede calmar, curar, animar, alegrar, abrazar e incluso, en pequeñas ocasiones, doler.

Tu sonrisa es lo único que necesito para sentirme viva

Hay personas que están en nuestra vida porque, ante todo, saben cómo hacernos reír. Ellas tienen el don especial de saber cuándo y de qué manera hacerlo y llegan sonriendo justo cuando más necesitas esas sonrisas. Esto que, para mí, es un don es de suma importancia por los beneficios que todos sabemos que tiene reírse para nuestro bienestar.

“Ríete de la noche, del día, de la luna, ríete de las calles torcidas de la isla, ríete de este torpe muchacho  que te quiere, pero cuando yo abro los ojos y los cierro, cuando mis pasos van, cuando vuelven mis pasos, niégame el pan, el aire, / la luz, la primavera, / pero tu risa nunca / porque me moriría.”

-Pablo Neruda-

Mujer sonriendo con los ojos cerrados

Alguien que logre hacerte reír cuando menos ganas tienes, se lo merece todo. Y se lo merece todo porque te está transmitiendo con ello su fuerza, sus ganas de vivir y de que vivas: no olvidaremos nunca esas sonrisas que nos hicieron o nos hacen sentir vivos.

Tampoco podremos decir nunca adiós a las sonrisas que supieron o saben cómo llegar y darle la vuelta al peor de tus días: siempre, siempre existirán aquellas personas que se queden justamente por esa sonrisa y quienes se vayan dejando aquella foto que tomaron tus ojos mientras sonreía.

Me basta una sonrisa para aferrarme a un recuerdo

El recuerdo es una de esas cosas que siempre debemos mirar desde su lado positivo para querernos y desde su lado negativo para aprender. Bien, cuando una sonrisa y con ella, una persona nos llega y nos hace felices, se queda para siempre en nuestra pequeña bolsa de recuerdos.

“A mí la sonrisa que me conquistó no fue una que vi, fue una que me provocaron.”

-Anónimo-

Y aquí llega el momento de discernir, de eliminar lo que nos pudo hacer daño y nos puede seguir haciéndolo, las caras tristes que empañan esas sonrisas de las mismas caras que nos hicieron reír. Es la hora de aferrarse a un recuerdo a partir de una sonrisa y no de una lágrima, el instante de no empañecerla con dolor por muy duro que sea; seguir avanzando.

sonrisa

Borrón y sonrisa nueva

Así, por encima del dolor y, por supuesto, sin dolor, porque nos hace felices, dame una sonrisa que yo puedo con todo. Sí, plántatela en la cara y pónsela en la frente. Sonríele al día que más necesites borrar y menos quieras olvidar: la vida no va a esperarte a que te lamentes más de lo necesario, aunque apriete por dentro.

Más allá de lo que ocurra, borrón o baño y sonrisa nueva. Porque dicen que en la vida todo pasa mejor o peor y que la clave es la actitud: habrá situaciones que nos obliguen a ser muy fuertes, otras que nos hagan sentir que estamos volando; pero de cómo enfrentes ambas situaciones saldrá tu resultado.

“Por eso esta nota es para invitarla a que siga haciendo eso que le gusta, porque es su sonrisa lo que hace que otros sigamos siendo inmensamente felices. Su sonrisa tiene un poder gigantesco, por eso le pido que nunca deje que nadie opaque su sonrisa. Nada.”

-Anónimo-