David Healy, el agudo historiador de la psiquiatría

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 11 enero, 2019
Edith Sánchez · 11 enero, 2019
David Healy es una de las voces más críticas y autorizadas frente a las prácticas de las compañías farmacéuticas, principalmente en el campo psiquiátrico. Sus denuncias al respecto generan importantes cuestionamientos.

David Healy forma parte de ese grupo de médicos y psiquiatras que están implicados en hacer notar las grietas que están presentes tanto en la medicina como en la psiquiatría. En particular, se ha sumado a las voces que señalan los abusos de las compañías farmacéuticas y los significativos cambios que esta ha introducido en la práctica médica.

Actualmente, David Healy es profesor de psiquiatría en la Universidad de Bangor en el Reino Unido. Tiene formación como médico, psiquiatra, psicofarmacólogo e investigador. Es el autor de más de 150 artículos que fueron revisados por la comunidad científica y de otros 200 publicados en revistas especializadas. Así mismo, es autor de una veintena de libros sobre temas médicos.

La medicina, tal como la conocemos, está a las puertas de la muerte”.

– David Healy-

Una de sus obras más polémicas y exitosas a la vez es Pharmageddon. Allí hace un detallado análisis de la historia de la psiquiatría y presenta inquietantes evidencias sobre los desaciertos de la industria farmacéutica en este campo. En suma, la mayor parte de su obra está dedicada a probar que la medicina dejó de ser una ciencia al servicio de la humanidad, para convertirse en un millonario negocio del que muchos se benefician.

El tema de las patentes, según David Healy

Uno de los temas que David Healy cuestiona duramente es el de las patentes médicas. Durante el siglo XIX y buena parte del XX, la comunidad médica deploraba la existencia de patentes, porque llevaban la medicina al terreno de los intereses económicos. Una patente es un derecho de explotación sobre un bien. Al patentar los medicamentos, estos se convierten automáticamente en objetos que entran en la lógica de la oferta y la demanda, precisamente porque serían “bienes a explotar”.

En 1922, por ejemplo, Lilly intentó patentar la insulina. Sin embargo, la comunidad médica expresó un fuerte rechazo a esta acción y por eso no lo logró. Algo similar ocurrió con Jonas Salk, quien declinó su intención de patentar la vacuna contra la poliomielitis, por razones similares.

Pastillas de benzodiacepinas

A partir de los años 60, en varios países del mundo las patentes de medicamentos comenzaron a ser el pan de cada día. Las compañías farmacéuticas con productos patentados ejercen entonces el monopolio sobre ciertos medicamentos. Controlan su precio, su distribución y, obviamente, su producción. Aunque esto se ha matizado un poco, el esquema sigue siendo el mismo.

El punto es que esto ha hecho que las farmacéuticas y la medicina caigan en la lógica del mercado: vender más, obtener las mejores ganancias y hacer que el negocio sea lo más rentable posible. Las consecuencias han sido desastrosas, en particular en lo que tiene que ver con las medicinas psiquiátricas.

David Healy y sus investigaciones

David Healy ha publicado un importante número de artículos señalando que los antidepresivos, en particular los ISRS (inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina) contribuyen a la ideación suicida en los pacientes deprimidos. A este grupo de medicamentos pertenecen algunos muy famosos como el Prozac, Paxil y Zoloft. Healy ha insistido en que las etiquetas de los mismos deberían advertir sobre esto.

De otro lado, David Healy mostró en detalle cómo fue que el medicamento talidomida, una píldora para dormir, causó un desastre en 1962. Más de 10.000 niños nacieron con malformaciones debido a la ingesta del mismo. Esto llevó a algunos cambios, pero Healy considera que estos no atacan de fondo lo que condujo a esa tragedia.

Para David Healy, muchos medicamentos psiquiátricos causan daños graves. Los pacientes no lo saben porque no hay ningún medio para advertirles de sus verdaderos efectos adversos. Ese ocultamiento es deliberado y está además complementado por investigaciones y publicaciones falsas.

Mano con pastillas

Prácticas sin ética

Uno de los aspectos más preocupantes en las denuncias de David Healy es la existencia de “escritos fantasma”. Son publicaciones de dudosa procedencia, que aparentemente están suscritas por expertos. El propio Healy fue víctima de esa práctica.

En una reunión para promocionar el antidepresivo Effexor se le presentó un artículo en borrador para que él lo suscribiera. Healy lo leyó e hizo dos anotaciones frente a lo que decía el texto: una, que no existía ninguna evidencia de que este medicamento fuera mejor que otros de su especie. La otra, que su ingesta podría generar tendencias suicidas. Pese a esto, la compañía Wyeth, propietaria del medicamento, publicó el artículo como si su autor fuera David Healy y omitió sus anotaciones.

De otro lado, hay muchas pruebas de que los autores del DSM llevan a cabo estudios financiados por las farmacéuticas. Lo mismo ocurre con algunos sectores de la OMS. Esto constituye un conflicto de intereses, que no se declara. David Healy tiene, como es obvio, muchos detractores. Aún así, como en el caso de otros investigadores similares, nadie ha rebatido científicamente sus conclusiones. Tampoco ha sido demandado por ninguna farmacéutica.

Lamas, S. (2002). A propósito de la era antidepresiva de David Healy de la historia de la Psicofarmacología y de la industria farmacéutica. SISO-SAUDE, Boletín de Asociación Galega de Saude Mental, H. ª, 36, 69-106.