Día del Maestro: profesionales que dejan huella en la mente y el corazón

27 noviembre, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Valeria Sabater
Ellos son la luz que alumbra la mente infantil, los soportes en su proceso de enseñanza y los que apuestan por su éxito en el futuro. Con este artículo, queremos rendirles un homenaje.

El día del maestro nos sirve para dos cosas. La primera, para homenajear a una de las figuras más relevantes en cualquier sociedad. El docente es el pilar en el que se asienta el progreso, es el cimiento que erige el futuro, la luz que alumbra la mente infantil y no solo para ofrecer conocimiento, sino para habilitar en nuestros niños la habilidad de pensar por sí mismos y el derecho a ser libres.

Un segundo aspecto por el cual se inscribe en nuestro país esta celebración es para permitirnos también una reflexión sobre la figura de estos hombres y mujeres que han hecho de la enseñanza su forma de vida.

Queda claro que todas las profesiones, sean cuales sean, son dignas, respetables y admirables. Sin embargo, es de obligación moral asumir que la labor de un maestro, de un profesor y de cualquier docente tiene otro tipo de cariz; en sus manos se asienta una responsabilidad trascendente. Quizá la más decisiva de todas.

Como bien decía Paulo Freire, la educación es algo más que un acto de amor, es también un acto de valor. Decir eso no es algo casual, porque en la actualidad seguimos teniendo una deuda con todos ellos. Si queremos dispensar a nuestros niños una educación de calidad debemos reconocer y valorar mucho más la figura del docente, algo que no siempre se hace a día de hoy.

Factores como la inestabilidad laboral, el alto número de alumnos por aula, la necesidad de la formación constante, las condiciones, la falta de recursos adaptados a las nuevas tecnologías e incluso su falta de autoridad, hace que esta profesión siga siendo, a menudo, una de las más descuidadas.

«La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo»:

-Nelson Mandela-

Profesor con alumnos

El día del maestro: la docencia como impulso para nuestro futuro

En el día del maestro es casi inevitable que cada uno de nosotros recordemos a ese docente que marcó nuestra infancia o adolescencia. Todos guardamos el nombre de un maestro o maestra que por su cercanía, su ingenio y buen hacer, determinó nuestra carrera profesional o simplemente, supo sacar todo nuestro potencial.

Este tipo de profesionales abundan. Es cierto que los hay más o menos comprometidos, pero casi en su total mayoría, los maestros realizan su labor con entusiasmo, con ingenio y con esa responsabilidad de quien tiene clara la trascendencia de su labor.

Un ejemplo de ello lo tenemos sin duda en César Bona, considerado como el mejor profesor de España y uno de los 50 mejores del mundo según el Global Teacher Prize.

Sin embargo… ¿qué es lo que distingue al buen maestro o el buen profesor? Veámoslo a continuación.

¿De qué «está hecho» el buen maestro?

El día del maestro es una buena oportunidad para reflexionar sobre qué hace que un docente alcance la excelencia. En realidad, no hay una técnica concreta, hay toda una serie de dimensiones que confluyen en el éxito educativo. 

  • Dimensión académica y pedagógica. El buen dominio de la materia que se imparte es clave, pero tengámoslo claro: no lo es todo. Un maestro, un profesor, debe ser competente en hábiles estrategias pedagógicas para saber cómo transmitir el conocimiento al alumnado. Un alumnado, además, cada vez más diverso y con múltiples particularidades que deben atenderse (necesidades educativas, sociales, etc).
  • Dimensión de desarrollo. Un maestro no debe limitarse únicamente a «transmitir» información y conocimientos. Debe «encender» la mente del niño, despertar su curiosidad y su pasión por aprender.
  • La dimensión de la calidad humana. La docencia debe impartirse desde la positividad, desde la Inteligencia Emocional y cuidando siempre, el entusiasmo natural de un niño. Hay que saber dar luz a su motivación, dar rienda suelta a su creatividad, respetando siempre sus tiempos, sus particularidades y atendiendo sus necesidades.
  • Dimensión relacional y social. En el día del maestro debe recordar también un factor decisivo: la alianza entre los docentes y las familias, así como el contacto constante con el contexto social del niño, con las instituciones y administraciones.
Niños trabajando en grupo representando el día del maestro

Invertir en futuro es invertir en docencia

El día del maestro es una buena oportunidad también para hablar de futuro. Sabemos que la educación ha avanzado bastante en los últimos años, que se han asentado políticas adecuadas y acertadas para promover una educación de calidad. Sin embargo, en ocasiones, nos vemos en la contradicción de quien habla de la necesidad de transmitir a los niños conocimientos de robótica y programación cuando en muchos colegios aún no tienen ni pizarras digitales ni ordenadores.

Ahora bien, las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación) no lo son todo. Si de verdad queremos un mejor futuro, uno donde la ciencia siga avanzando, donde nuestro planeta y sus ecosistemas sean respetados, donde la calidad humana, el respeto y la justicia social sean nuestros principales estandartes, necesitamos revalorizar mucho más a los docentes. ¿De qué manera? Estas serían algunas claves.

  • Mayor número de plazas. No podemos seguir teniendo aulas tan masificadas.
  • Estabilidad laboral de los equipos docentes.
  • Mayores recursos para abordar las complejas situaciones de cada colegio, de cada instituto.
  • Apoyo y facilitación para la formación constante, una gratuita y de calidad. Los maestros y profesores deben estar al día sobre las necesidades del alumnado, sobre la innovación educativa, etc.
  • Revaloración social de la figura del docente.
  • Reformular la jerarquía de las escuelas para formar equipos horizontales y más colaborativos, ahí donde no falte el apoyo de las instituciones sociales.

Para concluir, el día del maestro es sin duda una buena oportunidad para recordar una frase de Aristóteles en las que muchos estarán de acuerdo:

«Aquellos que educan bien a los niños merecen recibir más honores que sus propios padres, porque estos solo les dieron vida, los primeros en cambio, les transmitieron el arte de vivir bien».