Ni en un día se quiere ni en dos se olvida

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 19 julio, 2017
Lorena Vara González · 19 julio, 2017

“Ni en un día se quiere ni en dos se olvida”, pero esta frase se borró de mi mente cuando te vi por primera vez. Cuando nuestros ojos se cruzaron y me dedicaste la primera sonrisa. Cuando mi corazón comenzó a latir cada vez más rápido guiado por cada paso que dabas hacia mí. Y fue entonces, cuando apenas habían transcurrido unos minutos desde que nos conocimos, que me enamoré de ti.

Me enamoré de cada detalle de tu piel, de tu olor y de lo que imaginé que sería tu forma de ser. Te imaginé sin conocerte y en mi imaginación eras perfecto. Pero esa perfección solo estaba en mi mente, la realidad, tan sabia como cruel, me enseñó que no todo lo que nos imaginamos, lo que soñamos, ocurre.

Ahora sé que, en cuestiones de amor, solo puede amarse a quien realmente se conoce, todo lo demás son cuentos, son expectativas que nadie tiene por qué cumplir. Por eso amar es conocerse y olvidar es dejar un pedazo de ti que has compartido y construido con alguien a tu lado.

“Es tan corto el amor y tan largo el olvido”

-Pablo Neruda-

La idealización del otro es el veneno del amor

Ahora espero no volver a ser esa chica que olvida que la idealización del otro es el veneno del amor. Un veneno que te secuestra la razón y te hace ver en el otro lo que está solo en tu imaginación. Esto hizo que, pasase lo que pasase, siempre viera en el otro lo que yo deseaba, no la realidad. Esa a la que tarde o temprano se le cumple el capricho de imponerse.

Aunque en la mayor parte de las películas que veo sus protagonistas con una mirada se juran amor eterno, aunque en muchas novelas el amor lo defina un simple pestañeo, esto no ocurre en la vida real. O, sí ocurre, pero después la historia sigue y los hechizos se rompen o mutan, pudiendo ser mejor que un instante o terminando en la nada. Esa misma nada en la que te falta el aire.

pareja abrazada disfrutando de su amor

El enamoramiento es un proceso de conocimiento mutuo, un proceso que para ser real lleva su tiempo; ni mucho ni poco, el suyo. Por eso espero ser esa chica que no olvida que la realidad es más compleja que la ficción y que los cuentos, cuentos son. Que escribirlos es fácil cuando la tinta  no es tu sangre, cuando las que en el horizonte se dibujan no son tus dudas ni tus esperanzas.

Y aunque mi historia de amor fue más un cuento que una realidad, eso no implica que al darme de bruces con la realidad, el dolor también fuera ficción. Los sentimientos nunca son producto de la imaginación, lo que sentía era real, tan real que aunque basados en un castillo sin cimientos, duelen de verdad.

“Es duro amar a un príncipe de cuento cuando solo aparece en tus sueños. Al despertar todo es pesadilla, al despertar no eres la que olvida lo que soñó, sino la chica que está rota por las expectativas que puso en alguien que nunca existió”

Aquel que olvida lo que ama sin dolor no sabe lo que es el amor

Por mucho que me digan que un clavo se olvida con otro clavo, yo solo puedo responder que aquel que olvida lo que ama sin dolor, no sabe lo que es el amor. Porque el amor no duele, ni daña, es el olvido de lo que has amado y no ha funcionado lo que realmente te marca.

Es la vida que habías imaginado con ese príncipe de cuento que resultó ser rana, lo que pierdes al ver lo que realmente pasa. Por eso no eres solo la que olvida, eres la que reconstruye su futuro cuando lo que querías te falta, cuando imaginabas algo que nunca tuviste pero que añorabas.

Pareja distante

Entonces empiezas desde cero pero mucho más sabia, los cuentos son historias, historias para la infancia. Cuando creces dejas de ver príncipes o ranas que te hacen completa o te dañan. Cuando creces ya nadie te hace falta, porque eres tú la única, ahora te valoras, te quieres y no te sientes extraña, porque nada te completa, porque nada te falta. Te vales por ti misma y ya no eres la que olvida o la que imagina una vida de cuento, sino la que se ama.

Eres la que reconstruye su futuro cuando lo que querías te falta, cuando imaginabas algo que nunca tuviste pero que añorabas.