Dibujos infantiles: una ventana al mundo interior de los niños

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Alicia Yagüe Fernández
· 20 marzo, 2019
Cómo entender a los niños más allá de las palabras

El dibujo es una herramienta muy potente en la expresividad emocional de los niños. Pintar es un acto liberador; nadie nos enseña a dibujar, y no es necesario, porque de forma natural comenzamos a hacerlo.

A los niños les fascina dibujar y su atención se focaliza por completo en ello. Es un juego que les motiva, les estimula y les aporta un espacio propio de concentración.

A ciertas edades, el lenguaje no está desarrollado en su totalidad y el dibujo supone un vehículo de comunicación fundamental para ellos. El dibujo, aparte de ser un juego muy valioso, es un gran recurso para entender sus sentimientos y relacionarnos con ellos.

Por tanto, es muy importante que no les limitemos con indicaciones o restricciones. No hay que criticar sus creaciones, ni decidir por ellos. Es fundamental dejarles libres para que disfruten y nosotros podamos aprender un poco más de su mundo interior.

“En las cajas de lápices guardan sus sueños los niños”.

– Ramón Gómez de la Serna-

Niño pintando

¿Cómo se desarrolla la capacidad de dibujar?

Cuando un niño comienza a dibujar pensamos que no sigue ningún orden o modelo, pero no es cierto. Los dibujos infantiles se organizan en base a leyes básicas, como la uniformidad o la continuidad.

Los elementos, garabatos y figuras serán el reflejo de sucesivas experiencias que el niño tiene y que, tras organizarlas en su mente, dan lugar a su creación personal. Es decir, el niño sintetiza lo que observa y a partir de ahí representa el modelo que ha credo en su interior y que le ha permitido organizar sus percepciones del entorno.

El análisis de los dibujos infantiles, generalmente, se ha elaborado desde tres aspectos clave: su estructura, su temática y la evolución a través del desarrollo en la infancia. La creación gráfica tiene etapas, pero los niños de todas las culturas del mundo comienzan de la misma manera: garabateando.

Entre los dos y los cuatro años los pequeños se inician en el arte del dibujo haciendo garabatos y líneas. Desde el comienzo podemos ver a la mayoría de ellos disfrutando de esta actividad. Con el paso del tiempo los trazos pasan a ser más controlados, los nombraran para identificarlos con formas del mundo real y, aunque seguramente no tengan ningún parecido, supone un gran avance.

Alrededor de los tres años surgen las formas. Mandalas, soles, círculos, triángulos: formas básicas que posteriormente irán combinando para crear múltiples diseños. De los cuatro a los siete años aparecen los primeros intentos de representación.

Las imágenes comienzan a reconocerse y los temas se distinguen. Disfrutan elaborando figuras como personas, casas y árboles. La figura humana casi siempre es la temática preferida. En esta etapa hacen un gran esfuerzo por conectar su intención de representación interna con el mundo real. El dibujo contiene aquello que es significativo para el niño y refleja su forma de relacionarse con el entorno.

A partir de los siete años se producen cambios en la expresión de los dibujos infantiles. En estos momentos se produce una diferenciación clara del estilo personal, se estabiliza el color y la forma.

El orden espacial hace su entrada en escena, las figuras y elementos comienzan a tener orientación en el papel, por ejemplo aparecen las línea del cielo o el suelo.

Cada vez habrá mayor número de detalles, simbología y contenidos sociales. De aquí en adelante, y sobre todo si el niño continúa desarrollando su lado artístico, los dibujos infantiles cobrarán más riqueza y en la adolescencia podrá explosionar su creatividad.

“Dejados a su albedrío los niños pueden practicar con éxito cualquier modo de trabajar muy diferente al que nosotros tomamos en consideración”.

Jacqueline Jarrett Goodnow-

Dibujos infantiles, traductores de emociones

La pintura suele tener un papel muy relevante en el caso de niños con traumas u otro tipo de patologías. En estos casos, el dibujo es una vía de expresión de sus conflictos internos.

Para un psicólogo con formación adecuada, el dibujo puede ser muy útil, utilizándolo para generar hipótesis respecto al diagnóstico del niño o simplemente para entender su personalidad. El juego que se establece en consulta permite al menor relajarse y tomar contacto con un entorno desconocido sin necesidad de sentirse presionado para hablar.

El dibujo ayuda a liberar tensiones y permite al niño exponer su interior. A través del papel y las pinturas puede comunicar su mundo sin necesidad de utilizar la verbalización. La expresión artística libre favorece un ambiente lúdico y ofrece información sobre el estado de desarrollo mental del niño.

La propia acción de dibujar transmite información importante. El profesional, mediante la técnica de observación, podrá analizar cómo se expresa el menor, intuyendo que su personalidad se reflejará en diferentes aspectos: sus movimientos, la capacidad de atención, sus trazos en el papel, la disposición de las figuras, los elementos elegidos, los colores, etc.

El ambiente distendido favorece que los niños hagan una creación libre o incluso podemos sugerirles alguna temática si queremos estudiar un ámbito concreto.

Los niños expuestos a gran estrés o que han sufrido traumas reflejan su angustia en los dibujos. Representan aquello que han vivido, pudiendo llegar a ser muy explícitos según su edad.

El niño es el que guía la temática del dibujo en todo momento y por ello la pintura puede actuar como un espejo donde refleje aquello que necesita exteriorizar.

“Prefiero dibujar a hablar. Dibujar es más rápido y deja menos espacio para la mentira”.

-Le Corbusier-

Niños dibujando juntos

¿Qué mensajes contienen los dibujos infantiles?

Cuando un menor dibuja, podemos observar muchos aspectos de su desarrollo, por ejemplo, su capacidad atencional.

Los niños suelen disfrutar muchísimo cuando pintan, así la actividad suele envolverles en un halo de concentración que les deja absortos. Si no son capaces de mantener la atención cuando dibujan, quizás tengan peores niveles atencionales en otro tipo de tareas, por lo que puede ser interesante analizar si existe algún déficit atencional en el pequeño.

Observando las creaciones, también podemos estimar el grado de complejidad de pensamiento del niño, incluso si este es avanzado para su edad. Normalmente los niños muy inteligentes elaboran dibujos más complejos, mientras que los déficits cognitivos se asocian con dibujos pobres o de un nivel inferior según su edad.

Asimismo, los dibujos de un niño abren las puertas de su personalidad y emociones. Pintar es una herramienta que les permite comunicar su forma de relacionarse con el entorno, proyectan su familia, su casa, sus amigos. Muestran los hechos que más han llamado su atención, aquello que ha marcado su experiencia.

Los niños que han sufrido catástrofes o guerras dibujan escenas del conflicto, con ello buscan integrar lo sucedido para odenarlo en su mente, para dotarlo de sentido y aceptarlo, con ello también transfieren sus emociones y toman cierta distancia, es como si a través de las pinturas liberaran parte de esa carga.

Por otro lado, al analizar aspectos como el tamaño de las figuras, su distribución, las distancias y posiciones, los colores utilizados o las marcas y símbolos podemos desentrañar muchos significados del contenido.

¿Cuáles son los colores que destacan? ¿Hay un trazo impulsivo, calmado, agresivo o nervioso? ¿Encontramos incoherencia entre las posiciones de las figuras? ¿Están los personajes incompletos? ¿Cómo han sido distribuidos los espacios?

Podemos establecer un diálogo con el niño para que nos cuente la historia del dibujo y conseguir así su propia interpretación. En otras ocasiones el profesional debe explorar aspectos conflictivos que el niño posiblemente no revele de forma directa o lo haga con algún tipo de fantasía.

Un niño que ha sufrido abusos sexuales puede representarse tumbado en la cama con su padre y la mano de este en su cuerpo. O tal vez, una niña que tenga un conflicto con su madre represente la figura materna en una posición distante respecto a la suya, incluso puede que no la dibuje o que utilice colores oscuros y trazos incompletos, tal vez no represente algún rasgo facial o corporal, por ejemplo, que la madre no tenga manos o boca.

Por supuesto todos estos aspectos deben ser estudiados por un profesional y las interpretaciones de los dibujos serán hipótesis que posteriormente deberán confirmarse con una exploración psicológica exhaustiva. Cada caso tiene que ser analizado con su propia subjetividad.

Existen muchas variaciones posibles y con un simple dibujo no puede afirmarse ningún diagnóstico, por lo que deberán tenerse en cuenta otro tipo de pruebas y entrevistas.

Aún así, los dibujos suponen una herramienta muy valiosa para establecer una comunicación con los niños -también con los mayores en muchos casos- cuando nos encontramos que la comunicación directa no es lo suficientemente rica o está cerrada.

“Todo niño es un artista, el problema es seguir siendo un artista cuando creces”.

-Pablo Picasso-

  • Quiroga Méndez, M.P. (2007). Estructura y temática en el dibujo infantil, aportaciones fundamentales. Revista Papeles de Pedagodía. UPSA Nº8. Enero-junio 2007, pp. 153-176.
  • Quiroga Méndez, M.P. (2009). Psicología infantil aplicada I. Temperamento, dibujo infantil, inteligencias múltiples, sueño y emociones. Universidad Pontificia de Salamanca. Salamanca. KADMOS.
  • Saínz, A. (2003). Conocer al niño a través de sus dibujos. Madrid. Ediciones Eneida.