Dolor neuropático: características, causas y tratamiento

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga María Vélez
· 22 marzo, 2019
El dolor es una sensación subjetiva cuya aparición, intensidad o frecuencia depende de varias variables. Hoy os hablaremos de un tipo de dolor en concreto: el dolor neuropático.

El dolor es un mecanismo de defensa que nos avisa de un daño real o potencial. Sin embargo, cuando el dolor se prolonga en el tiempo se vuelve crónico, convirtiéndose en una enfermedad por sí misma. El dolor crónico afecta a entre un 19% y un 31% de la población general; de ese porcentaje se calcula que un 20% es de origen neuropático.

El dolor neuropático tiene lugar debido a una lesión o alteración de la estructura o funcionamiento del sistema nervioso central o periférico. Esto provoca una experiencia dolorosa aun cuando no hay una amenaza externa, al contrario que el dolor nociceptivo.

Dolor nociceptivo: percepción y sensación desagradable que experimentamos ante un estímulo doloroso. Por ejemplo, al pincharnos con una aguja.

¿Cómo es el dolor neuropático?

El dolor neuropático se presenta de forma muy variada entre las personas que lo padecen, pudiendo ser desde un dolor leve hasta extremadamente severo. El dolor aparece tiempo después de la lesión en el sistema nervioso y en pocas ocasiones desaparece de forma espontánea.

Dolor neuropático: percepción y sensación del dolor, sin presencia de un estímulo nocivo, debido a una lesión del sistema nervioso.

Mujer con dolor de espalda

Aunque todos los pacientes remiten dolor, las sensaciones pueden ser radicalmente diferentes entre las personas que sufren una misma enfermedad o viceversa. Esta variedad depende de factores causales, hereditarios y ambientales. No obstante, el dolor neuropático incluye síntomas negativos y positivos.

Los síntomas negativos, como la pérdida de sensibilidad a estímulos dolorosos, a la temperatura o en general, suelen ser los primeros indicadores. Por otro lado, los síntomas positivos, que son los resultantes del daño nervioso, pueden ser espontáneos o evocados.

Entre los síntomas espontáneos se encuentran:

  • Parestesias: sensaciones anormales y no desagradables, como el hormigueo.
  • Disestesias: sensaciones anormales y desagradables.
  • Dolor espontáneo: punzante, intermitente o agudo.

En lo que a los síntomas evocados respecta, puede tener lugar:

  • Alodinia: percepción dolorosa de un estímulo no doloroso, como el calor o la presión.
  • Hiperalgesia: ante un estímulo doloroso se da una respuesta extremadamente dolorosa.
  • Hiperpatía: una respuesta tardía o explosiva a un estímulo doloroso.

Además de estos síntomas, es frecuente que las personas que padecen dolor neuropático desarrollen trastornos del sueño y alteraciones psicológicas debido al dolor que padecen.

¿Cuáles son sus causas?

Como se ha comentado anteriormente,  el dolor neuropático se debe a una lesión de las vías que transmiten la información del dolor, por una enfermedad o lesión previa.

Por tanto, las causas son tan diversas que habitualmente se clasifican en cuatro grupos según su localización o distribución anatómica:

  • Lesiones asimétricas focales o multifocales del sistema nervioso periférico. Entre ellas, neuropatías postraumáticas, postoperatorias, síndrome del miembro fantasma, neuropatía posherpética, VIH, etc.
  • Lesiones generalizadas del sistema nervioso periférico. Neuropatía diabética, tóxicas, medicamentosas, postinfecciosas o inmunológicas, entre otras.
  • Lesiones del sistema nervioso central. Accidentes cardiovasculaes, traumatismos craneales, esclerosis múltiple, tumores, etc.
  • Alteraciones neuropáticas complejas (sin lesión evidente). Síndromes de dolor regional complejo tipos I y II.

Ante una situación de dolor no crónico, los tejidos lesionados se inflaman, provocando una sensibilización temporal de la zona que permite la cura de los tejidos. Sin embargo, cuando el dolor y la sensibilización persisten, las neuronas receptivas comenzarán a actuar de forma no adaptativa. Esto hará que ciertos estímulos provoquen un dolor que antes no causaban o que se perciba de forma más intensa.

Tratamientos para el dolor neuropático

Para encontrar el tratamiento adecuado es esencial realizar un buen diagnóstico. Además es fundamental determinar si existen otras patologías que también estén provocando dolor. 

Debido a que el dolor neuropático tiene síntomas muy variados, es necesario encontrar una combinación óptima adaptada al paciente y a su patología, ya que se han encontrado combinaciones más eficaces que otras.

Tres grupos de tratamientos

Los medicamentos de primera línea, los más recomendados, incluyen a los antidepresivos y los neuromoduladores, así como los anestésicos locales.

  • Los antidepresivos pueden ser tricíclicos (actúán sobre la noradrenalina), los cuales han sido recetados durante más de 25 años para esta enfermedad o duales (actúan sobre los receptores de serotonina y noradrenalina).
  • Los neuromoduladores disminuyen la liberación de glutamato, norepinefrina y sustancia p. Entre ellos se encuentran los analgésicos, ansiolíticos y los antiepilépticos.
  • También son altamente recomendados los anestésicos locales en forma de gel o parches de lidocaína. Cuando el dolor es localizado son una opción excelente debido a que es un método seguro y efectivo.

Entre los medicamentos de segunda línea se encuentran los opioides. Durante un largo período han sido objeto de controversia, pero debido a la eficacia mostrada hay casos en los que se receta de forma individual o combinado con otros fármacos.

Los anticonvulsivos y antidepresivos constituyen el grupo de tercera línea, siendo los que han presentado una eficacia menor.

Chica tomando antidepresivos

Tratamientos no farmacológicos

Además de estos tratamientos, en algunos casos también es recomendable acudir a terapias manuales, acupuntura, fisioterapia, etc. Igualmente, la terapia psicológica puede ayudar a paliar las alteraciones psicológicas y mejorar la calidad de vida.

Sin embargo, lo más importante en el tratamiento del dolor neuropático es la realización de actualizaciones y revalorizaciones del mismo, con el objetivo de ver hasta qué punto está funcionando para el paciente. En caso de que se hayan probado varios tratamientos ineficaces, lo más adecuado sería derivar al paciente a una Unidad de Dolor para valorar otras intervenciones.

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