¿Qué es el egoísmo?

El egoísmo es un término muy conocido y familiar que con frecuencia se confunde con el amor propio. En este artículo analizaremos qué es y otras cuestiones relacionadas. Si quieres saber más, ¡Sigue leyendo!
¿Qué es el egoísmo?
José Padilla

Escrito y verificado por el psicólogo José Padilla.

Última actualización: 06 abril, 2022

Vivimos en sociedades cada vez más individualistas, en las que el egoísmo no es solo un carácter central, sino también alimenta el deseo de expresar el yo. La idea es dejar una huella sin importar el precio. Ser inolvidable dentro de lo efímero que es todo nuestro contexto.

Todo nos remite a una exaltación e imposición del “yo” sobre lo demás. “Primero yo, luego tú”. Aunque, a veces nada más es “primero yo, y luego yo otra vez”. A esto nos remite en buena medida el egoísmo actual.

Ahora bien, ¿qué es exactamente el egoísmo? ¿Cuáles son las características de la persona egoísta? ¿Todo egoísmo es malo o es únicamente su exceso el problema?

En este artículo nos detendremos a analizar esa manera de relacionarnos con el mundo y con los otros, que tanto escuchamos de niños: “no seas egoísta con tu hermano (o primo)”, “comparte tus juguetes. Deja de ser tan egoísta”. Y que de adultos también la escuchamos: “tú solamente piensas en ti mismo”, “todo lo quieres para ti solo”. El egoísmo es, sin duda, una palabra familiar.

companeros hablando sobre la autorrevelación
Una persona egoísta considera sus necesidades y deseos lo primero, sin tener en cuenta a los demás.

¿Qué es el egoísmo?

La palabra egoísmo está compuesta por dos palabras latinas: ego (‘yo’) e ismo (‘tendencia’). Así, el egoísmo no es más que la tendencia hacia sí mismo, hacia el yo. Este yo se toma como punto de partida y de llegada de todo lo que se hace y se cree, de lo que desea y espera de la vida.

El egoísmo tiene en su esencia un interés por el propio yo. Una persona egoísta solo piensa en resolver sus propias necesidades o en realizar actuaciones que favorezcan sus intereses, siendo estos poco o nada altruistas.

La búsqueda que emprende hacia la obtención de lo que desea le lleva a no respetar al otro, a pasar por encima de sus necesidades. “Aquí no importas tú, solo yo y mis necesidades; solo yo y lo que anhelo”.

El egoísmo destrona a los demás de una posición de igualdad, colocándoles debajo del propio yo. Los actos egoístas buscan beneficiar a ese yo deseante, a ese yo necesitado de aquello que le falta, a ese yo que no quiere desprenderse de lo que tiene para darlo a otro que lo necesita. Cada acto movido por el egoísmo hace de los demás un simple medio para los propósitos del egoísta.

Así, el egoísmo es un modo de relacionarse y de comprender el lugar del otro en la vida. ¿Cómo es este modo de interacción? Es uno basado en lo que Martin Buber llamaría el Yo-Ello, en el que el otro (Tú) no es más que una cosa para el Yo. En este modo particular de relación, el otro es visto como un objeto.

De esta manera, el lugar de la otra persona es el de la cosa, el del objeto útil, que no es más que un simple medio y nunca un verdadero fin. El egoísmo conduce a un cambio en la percepción del mundo y de las personas y a una transformación (que tiende al utilitarismo) en la forma de relacionarse con los demás.

¿Cómo es una persona egoísta?

El apartado anterior ya nos ha dado una idea sobre cómo es una persona egoísta, aunque a continuación resaltaremos sus características. Erich Fromm en su libro El arte de amar ofrece una excelente descripción de cómo son estas personas. Veamos.

  • La persona egoísta contempla las necesidades de los demás en un plano muy lejano. Resolverlas, o ayudar a resolverlas, en muy pocos casos, será una opción.
  • Desea todo para ella y no siente placer en dar, sino únicamente en tomar.
  • Tienen un punto de vista muy personalista y restringido de su mundo exterior.
  • Difícilmente va a ser capaz de querer a otra persona por otro motivo que no sea la medida en la que esta resuelve sus necesidades -o anticipa que puede hacerlo en un futuro-.

Es cierto que la persona egoísta puede llegar a interesarse en otra persona, pero únicamente en la medida en que pueda obtener un beneficio de ellas. Aunque parezca preocupado por el otro, solo se preocupa por sí mismo y su bienestar.

Lo más importante son ellos mismos. Esto no los hace necesariamente egocéntricos (que es diferente al egoísmo), sino que los convierte en lo único interesante que hay en el mundo.

Hay una característica peculiar de estas personas, descrita por Erich Fromm, y es la incapacidad de amar. A pesar de que la Real Academia Española (RAE) dice que el egoísmo es un “inmoderado y excesivo amor a sí mismo…”, la verdad es que no hay nada más alejado del egoísmo que el amor. Los egoístas son incapaces de amar. ¿Por qué?

El egoísmo no es amor propio

El amor es una moneda de dos caras: por un lado, está el amor propio y, por el otro, está el amor a los demás. Así como no hay una moneda de valor con una sola cara, tampoco hay un amor de verdad si no tiene ambos lados.

El amor más que un sentimiento es un arte, el arte de aprender a ser en el mundo. No se puede ser amor con uno y no serlo con los demás, ni ser amor con los demás y no serlo con uno.

Como decía Fromm (2014): “el amor a sí mismo está inseparablemente ligado al amor a cualquier otro ser (…). El amor y la comprensión del propio sí mismo difícilmente pueden separarse del respeto, el amor y la comprensión del otro individuo”.

Y de todo esto, como hemos examinado, carece la persona egoísta. Por eso el egoísmo no es amor propio, si lo fuera habría también un genuino interés, compromiso y amor para con el otro. Si el egoísta no se ama, entonces ¿qué siente?

Volvamos a Erich Fromm (2014). Él plantea una interesante explicación -la cual no es una verdad definitiva, sino una hipótesis explicativa- que nos da respuesta al interrogante de ¿qué siente el egoísta por sí mismo? Fromm va a decir que lo único que este siente es odio. ¿Odio? ¿Cómo es esto posible?

La falta de cariño, amor y cuidado por sí mismo deja al egoísta vacío y frustrado. Por consiguiente, se siente infeliz y ansiosamente preocupado por arrebatarle a la vida y a los demás las satisfacciones que él se impide.

Aunque parezca preocupado por sí mismo, en realidad solo lleva a cabo un fracasado intento de disimular y compensar su incapacidad de cuidar de su verdadero y auténtico ser.

Mujer mirándose al espejo con miedo
La persona egoísta es incapaz de amarse a sí misma.

¿Es el egoísmo malo?

Tal vez tengas la impresión de que el egoísmo es un modo de relacionarse muy malo, incluso hasta condenable. Y sí, lo es, pero cuando no es moderado y es excesivo, tanto que perjudica a las demás personas o a la sociedad; como en el caso de mandatarios egoístas que no velan por el bien social, sino solo por sus propios intereses.

Sin embargo, una dosis pequeña y moderada de egoísmo es buena. A veces es necesario que pensemos en nuestros intereses y en nosotros mismos. Incluso, evolutivamente, el egoísmo ha sido beneficioso: ¿qué hubiese sido de nosotros, si no hubiéramos pensado en nuestra alimentación, en tener un lugar para refugiarnos o en luchar para reproducirnos? No todo egoísmo es malo.

Para terminar, este patrón de relacionarnos con el mundo podría hacer que nos replanteásemos cómo estamos tratando a los demás y a nosotros mismos.

¿Es realmente amor lo que siento por mí o es egoísmo? ¿Estoy usando a los demás, de manera egoísta, para cumplir mis deseos? ¿Me estoy relacionando con los otros desde el Yo-Ello que propuso Buber? ¿Cómo puedo moderar mi dosis necesaria de egoísmo para no olvidarme de los demás?

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  • Fromm, E. (2014). El arte de amar (8ª ed.). Grupo planeta.
  • Santos, H. C., Varnum, M. E. W., & Grossmann, I. (2017). Global Increases in Individualism. Psychological Science28(9), 1228–1239. https://doi.org/10.1177/0956797617700622