El amor imprescindible

Yamila Papa · 3 agosto, 2014

Es que cuando se dice “amarse a si mismo” muchos creen que se trata del narcisismo, de creerse el centro del universo, pero eso no tiene por qué ser así. La salud y el bienestar que produce el autoestima alto son indescriptibles. Sin dudas, uno necesita sentirse a gusto con su cuerpo, su personalidad, su estilo, para poder disfrutar de estabilidad emocional.

Existen personas (la gran mayoría en realidad) que entienden al amor como algo dirigido hacia el otro, es decir, los seres queridos, los animales o los bienes materiales. En realidad, de esa manera no se satisfacen las necesidades “completas”, porque está faltando una parte. Lo ideal sería que todo partiera desde nuestro interior y desde allí se desperdigara por el mundo.

Desde tiempos antiguos, el “amarse a si mismo” está mal visto por la sociedad, porque se pregona el amor al prójimo sin miramientos ni preguntas. Entregarse al otro es el amor verdadero. Si embargo, cada vez se está tratando más de que las personas primero se amen ellos para luego ofrecer amor. Esto no es ser egoístas, pero si no se tiene afecto propio, ¿cómo es posible entregarlo?

“Si un individuo es capaz de amar de manera productiva, se ama a si mismo; si sólo saber amar a los otros, no sabe amar”, son las palabras de Erich Fromm. Buscar la aceptación, ser elegidos por alguien, demostrar que sabemos realmente amar, no sirve de mucho. Olvidarse de si mismos, tampoco.

Muchas veces lo que nos impide amar sanamente son las altas expectativas que depositamos en las cosas o las personas, es decir, en el “cómo debería ser”, en lo que esperamos y creemos que los demás esperan de nosotros. Son expectativas inalcanzables que generan tristeza, desolación y frustración.

Amarse a si mismo es posible y real, pero requiere de esfuerzo. Es más fácil ver las cualidades de los demás que las propias, como así también es más sencillo reprenderse a uno mismo que al resto. Ser equilibrados y objetivos con nuestras fortalezas y debilidades, también es parte del proceso.

Entre las claves más importantes para amarse uno mismo, lo primero y principal es reírse de los errores propios, desde caerse en la calle hasta decir cualquier cosa en una reunión. La risa es una defensa y una manera también de enfrentar la vida. No autoexigirnos tanto y permitirnos la libertar de cometer errores es una demostración de amor. Por otra parte, es preciso trabajar en aceptar las virtudes y los defectos para poder amarnos. Ver realmente cómo somos, valorarnos más, etc.

No dejemos pasar tampoco las palabras o frases que usamos para describirnos como personas o un hecho que hicimos. Escucha en aquel momento que estás hablando sobre ti lo que dices, cómo te caracterizas, qué cosas malas y buenas comentas, etc. Piensa que estás reflexionando sobre otra persona, ¿dirías exactamente lo mismo? Comienza a mirarte con más detenimiento en el espejo y también analizar tu interior. Descubre aquello que es bonito y destacado de tu físico, así como de tu personalidad. No importa lo que diga el resto, deja de lado a la sociedad, la moda o los diccionarios.

Ahora bien, hay que saber diferenciar entre amarse a si mismo y ser egoísta. Nunca los extremos son buenos. Amarte a ti mismo es saber qué necesitas, respetarte y también a los demás, sin poner a nadie por delante pero sin sentirte superior. El egoísmo, en cambio, es cuando deseas que todo lo bueno sólo sea para ti, te amas sin importar lo que ocurre con tus seres más cercanos. Encontrar el equilibrio, como se decía anteriormente, es la base para la salud emocional.

Si tienes dificultades para creer en ti mismo, este es el momento de cambiar tu actitud. Observa todo aquello que has logrado en tu vida, los sueños que has cumplido y las metas que alcanzaste. También las adversidades y obstáculos que supiste superar, el hecho de haber sobrevivido a más de una catástrofe personal y seguir en pie. La fortaleza, sin dudas, es lo mejor que tienes. Valórala, no la dejes de lado.

Observa luego tu cuerpo, cada detalle que tiene tu piel, cada curva, cada centímetro, cada arruga, cada gramo. Es tu aspecto el que te hace único e irrepetible, ni mejor o peor, simplemente, especial. Aprende a valorar y respetar tu individualidad, no te compares con nadie.