El apartamento (1960)

Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga María Vélez
El apartamento es un clásico del cine. En ella, puedes ver con un tinte cómico una historia sobre el amor compasivo, la soledad y la dignidad.
 

El apartamento es una comedia dramatico-romántica dirigida por Billy Wilder que ha sido considerada una de las mejores películas de la historia del cine y la mejor comedia de los años 70. En ella, se presenta un argumento con grandes detalles y ambiciones, que la llevó a estar nominada a diez premios Oscar. Aún a día de hoy, esta película se sigue analizando en casi todos los planes de estudio académicos del séptimo arte. Aúna ritmo, comedia, romance, drama e ironía, lo que la convierte en un cóctel cinematográfico perfecto.

Retrato de la sociedad

Wilder ofrece en esta amarga comedia una crónica sobre los defectos y vicisitudes de la sociedad occidental, en concreto de la norteamericana, poniendo de manifiesto el egoísmo, el materialismo, la explotación laboral y la soledad.

El ritmo occidental

Uno de sus protagonitas es C. Buxter, interpretado por Jack Lemmon. Buxter es un oficinista de una empresa de seguros cuya única ambición es conseguir un mejor puesto en la oligarquía de la firma. Para conseguir su objetivo, se ve obligado a dejar su apartamento al presidente para que éste pueda tener citas clandestinas con distintas mujeres. Una de las protagonistas de estos romances es Fran Kubelik (Shirley McLaine), una joven empleada que despertará el aletargado corazón de Buxter.

 

Lemmon convierte a Buxter en el arquetipo de hombre de clase media. La principal dificultad radica en la “normalidad” que dota Lemmon a su personaje, al que barniza con multitud de elementos comunes de la psicología humana: inseguridad, nobleza, cobardía, etc. La adaptación que hace McLaine tampoco le anda a la zaga. La personalidad de Kubelik queda reflejada desde la primera mirada, cuando queda patente que se trata de una muchacha dulce, inocente, enamorada de un hombre casado, y que no puede evitar tener sentimiento de culpa ante tal situación.

Tenemos, por tanto, a dos personajes de talante débil que intentan sobrellevar una situación incómoda y difícil con las únicas armas que poseen: dignidad y orgullo, dos factores que están muy escondidos tanto en Buxter como en Kubelik. Se trata sin duda de una descorazonadora radiografía de la sociedad norteamericana del momento, donde el papel del conquistador, aquí encarnado en el presidente de la empresa, y el creciente número de divorcios en EE.UU., estuvieron enmascarados por el incipiente crecimiento económico del país.

La soledad

Por otro lado, el director consigue plasmar con éxito la vivencia de la soledad. Esa soledad se pone de manifiesto en la vida laboral de Buxter, quien trabaja rodeado de otros oficinistas deshumanizados. Por otro lado, este personaje se ve envuelto en un triángulo amoroso del cual no parece que vaya a salir exitoso. Buxter se enamora de Fran, quien a su vez persigue de forma no correspondida al jefe de éste. Una noche, Buxter llega al apartamento, donde encuentra a Fran dormida por efecto de somníferos tras intentar suicidarse.

 

En este contexto, Fran se compadece de la soledad de Buxter y le hace referencia a su propia incapacidad para «enamorarse de alguien como él». Sin embargo, la conexión que se produce entre ellos atraviesa inevitablemente al espectador, logrando desencadenar emociones y sentimientos encontrados. Finalmente, se sugiere que Fran se deja llevar por la bondad de Buxter.

Su éxito

El film rezuma melancolía y romanticismo, lo que le convierte en un original híbrido de comedia y drama, ambigüedad genérica muy característica en la carrera del director vienés. La película fue un éxito tanto de crítica como de público. Consiguió ganar cinco Oscars y supuso el asentamiento definitivo de Wilder como icono de la ya que, además de su certera carrera realizada en la década de los cincuenta, había estrenado el año anterior “Con faldas y a lo loco”.