El cambio de la experiencia sexual

01 Enero, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Loreto Martín Moya
Las conductas sexuales y sus referencias sociales han experimentado profundos cambios durante la historia, sobre todo en el último siglo. En los años sesenta, por ejemplo, tiene lugar, junto con el movimiento hippie y el tercer feminismo, una liberación sexual que termina con muchos típicos y lo aleja de emociones de valencia negativa, como la culpa y la vergüenza.
 

La conducta sexual es uno de los fenómenos que más cambios han experimentado en los últimos años. De hecho, no han sido pocas las ideologías que han intentado controlar la dirección que tomaba en cada momento la experiencia sexual.

Desde el entendimiento de la mujer como subordinada al hombre -sería el protagonista de las experiencias sexuales- hasta el victorianismo científico, que asumía los tabúes de la religión como posturas empíricamente validadas.

En este sentido, podemos decir que el cambio de la experiencia sexual «ha sido magnánimo» durante estas últimas décadas, sobre todo a partir de los años sesenta.

¿Cómo tiene lugar dicho cambio? ¿Cómo puede algo tan arraigado en nuestra mentalidad y nuestros usos y costumbres cambiar en apenas cuarenta años? ¿Qué fue capaz de batallar contra las ideas restrictivas de la religión impuestas desde hace siglos en pos de la libertad de la experiencia sexual? Lo detallamos a continuación.

Mente con muchos mecanismos

La «contracultura» de los años sesenta

Previo a la transformación de los sesenta, ya habían tenido lugar una serie de factores de cambio que facilitarían el proceso de liberación sexual:

 

Havelock Ellis (1859-1939) ya había hablado del sexo desde una perspectiva liberal, relacionándolo con estados de felicidad; Freud (1856-1939) comienza a estudiar el orgasmo femenino; Lou Andreas Salomé (1861-1937) comienza a escribir sobre erotismo; y Virginia Wolf (1929) del tiempo y el espacio en la relación sexual.

No obstante, tiene lugar un evento que trastoca los más fuertes pilares de la cultura occidental conocida hasta la fecha: la Segunda Guerra Mundial. Tras este fenómeno, gran parte de la sociedad tiene que volver a construirse.

Se destapa así un cansancio cultural en la población. Sobre todo en Estados Unidos y en la mayoría de Europa (por sus características políticas, en España este cansancio cultural no aparece hasta los años ochenta), las personas comienzan a estar hastiados de un estilo de vida cómodo, convencional y perfectamente organizado.

De los pilares de esta cultura emana una «contracultura» que tiene por bandera los valores contrarios a los establecidos hasta el momento; surge así el movimiento hippie, en el que la libertad, la amistad y el grupo se posicionan en ejes centrales.

El movimiento hippie o los festivales del amor

A partir del movimiento hippie, acaecido en los años 60 en Estados Unidos, aparecen nuevas formas culturales. Abundan las drogas, el sexo y la diversión. La música se desarrolla a nivel corporal y grupal con figuras como Janis Joplin, Jimi Hendrix o Mick Jagger.

Podemos observar la influencia hippie en:

 
  • La Generación Beat: en este caso, la Generación Beat fue previa al movimiento hippie, que heredó gran parte de su ideología. La Generación Beat estaba compuesta por un grupo de escritores que rechazaban los valores convencionales, ensalzando la libertad sexual, el uso de estupefacientes y la filosofía oriental.
  • Mayo del 68: entre las grandes influencias en política del movimiento hippie encontramos las luchas de Mayo del 68, a partir de las cuales cambia la relación profesor-alumno en las universidades europeas.
  • Formas de vida: la cultura hippie habla del cuerpo como algo que no ha de esconderse, sino ensalzarse. Por ello, junto con la liberación sexual del movimiento hippie también vienen influencias del tercer feminismo. La mujer puede vestir como quiera y por ello lleva minifalda, o puede hacer «topless».

Woodstock: adiós a la culpa y a la vergüenza

En 1969, se celebra en Nueva York el festival de música y arte de Woodstock. Se recupera en él la festividad perdida por las guerras acaecidas y, sobre todo, se enfatiza la importancia del cuerpo y del entendimiento del sexo como algo natural inherente al hombre.

Por ello, las relaciones sexuales no han de ser objeto de culpa ni vergüenza. Vemos el cambio de la experiencia sexual más notable: el sexo debe de ser ejercido de manera natural.

La libertad sexual, sobre todo la femenina, da lugar a una nueva cultura, donde el sexo es entendido como una actividad más dentro del amplio repertorio con el que contamos. Además, el sexo pierde su valor reproductivo, intensificándose sus características afectivas.

 

El cambio de la experiencia sexual en el cine

El cine constituye una herramienta esencial no solo para el reflejo de los valores culturales de la época, sino también como medio para comunicar ese cambio social; en este caso, para transmitir el cambio de la experiencia sexual. Por ello, podemos observar la sexualización y la instrumentalización del sexo en pos del placer y huyendo de las ideas reproductivas en películas como:

  • Barbarella (1968): la sexualización de Jane Fonda es tal que su personaje destroza una máquina de orgasmos.
  • Belle de jour (1967): Catherine Deneuve caracteriza a una mujer aburrida de su vida matrimonial (y de los valores convencionales) y se convierte en prostituta por el día por diversión.
  • Emmanuelle (1959): novela de Emmanuelle Arsan que da el gran paso al cine en 1969 (en Francia) y en 1974 (en Estados Unidos) y establece la erótica del cine.
  • Desayuno con diamantes (1961): Audrey Hepburn interpreta a una «escort» o chica de compañía.

La combinación más explosiva: drogas y sexo

Woodstock y el movimiento hippie no solo hablan del cambio de la experiencia sexual y la liberación del sexo de emociones de valencia negativa, como la culpa o la vergüenza, también  están a favor de la liberación del consumo de drogas.

El sexo comienza a combinarse con el LSD. Timothy Leary (1920-1996), psicólogo estadounidense revolucionario por obras como The Game of Life, defendió que:

Un viaje con estas drogas [LSD y psilocibina] puede permitir a la persona conocer aspectos de sí mismo.

 

De hecho, tal fue el boom del uso de estupefacientes que grandes universidades, como Harvard, llevaron a cabo estudios, a principios de los años sesenta, sobre el valor terapéutico del LSD, la psilocibina y la dimetiltriptamina.

Pareja besándose en la cama

Conclusión: la herencia de los años sesenta

El cambio de la experiencia sexual siguió teniendo lugar en décadas posteriores hasta llegar a nuestros días. Actualmente, sigue cambiando.

El cambio sexual acaecido durante esos años es incluso mayor en la experiencia sexual femenina, que hasta el momento era entendida como un ser inferior supeditada a la vida doméstica y donde su valor sexual solo dependía de su fertilidad.

Por ello, es imposible entender el cambio de la experiencia sexual sin relacionarlo con los diferentes movimientos feministas.

  • Desde el feminismo ilustrado (siglo XVIII), con figuras como la de Mary Wollstonecraft, autora de Vindicación de los derechos de la mujer (1792).
  • Pasando por el sufragista, donde se consigue la legalización del voto femenino.
 
  • Hasta el tercer feminismo en la década de los 60, con autoras como Betty Friedman y obras como Mística de la Feminidad (1973).

Estos movimientos fueron importantes en sí, pero también o especialmente por lo que plantearon. Hablamos de reclamaciones tan importantes como la igualdad de derechos, el enfoque de género o la identidad personal de la mujer como agente activo de las relaciones sexuales.