El camino correcto: hedonismo a largo plazo

Alicia Escaño Hidalgo · 11 marzo, 2017

Cuando hablamos de hedonismo estamos hablando de placer. Este concepto encierra la idea de que el placer o el disfrute es el fin y fundamento de la vida misma. Al referirnos al placer no nos quedamos en la parte superficial de este término, sino que vamos más allá: el placer también es la ausencia de dolor físico y mental.

Existe actualmente una búsqueda del placer instantáneo. Algunos lo llaman “Carpe Diem” lo que viene a significar literalmente “toma el día”. Cuando el poeta romano Horacio pronunció el “Carpe Diem”, se refería a no malgastar el día presente que tenemos entre manos.

Está bien vivir en el presente, gozar lo que se pueda con lo que tenemos en frente de nosotros en estos momentos y no desviarse mentalmente ni al ayer, ni al mañana

Otra cosa muy distinta es como hemos usado el término en la actualidad. El “Carpe Diem” ha servido de excusa para justificar multitud de comportamientos que en realidad son perjudiciales para nosotros mismos.

Una cosa es vivir y disfrutar de nuestro presente sin desperdiciarlo y otra muy diferente es obtener gratificaciones inmediatas con la creencia de que no se sabe que ocurrirá mañana o de que de algo hay que morir, por poner algunos ejemplos.

Consecuencias del hedonismo a corto plazo

Cuando tomamos como alternativa en nuestras vidas el hedonismo a corto plazo, somos víctimas de las gratificaciones inmediatas y esto a priori puede generarnos un gran placer. El problema es que este placer, aunque sea intenso, también es muy efímero.

Mujer comiendo chocolate

 

Conformarse con cualquier trabajo por la recompensa de ganar dinero de forma rápida, sabotear la dieta con la excusa de que la vida son dos días, tomar drogas -tanto legales como ilegales- porque hay que disfrutar de los placeres mundanos aunque sean perjudiciales o comenzar una relación de pareja con la primera persona que se nos cruza en el camino, son algunos de los numerosos ejemplos que existen sobre hedonismo a corto plazo.

Puede que en un principio todas estas alternativas nos ayuden, bien como refuerzo positivo -es placentero, agradable y hace que me sienta pleno- o bien como refuerzo negativo -atenúa mi ansiedad, mi tristeza, mis sentimientos amargos-

Pero este recreo no dura demasiado. A la larga lo que ocurre es que ese placer súbito va dejando paso a la merma de nuestros propios objetivos vitales, así como de nuestras emociones sanas.

Con palabras más sencillas: cuanto más me conformo con la obtención de un deleite fugaz, más pierdo a largo plazo ya que, pasado este tiempo, aquello que me producía felicidad deja de hacerlo. En realidad, a lo que nos agarrábamos nunca nos dio felicidad, solo era una ilusión.

Las tentaciones efímeras

Nos damos cuenta de que aquello pierde el valor que en un principio le otorgamos y que objetivos más difíciles o más largos de conseguir, que podrían habernos interesado más o haber sido más beneficiosos para nosotros, los hemos dejado atrás.

El hedonismo a corto plazo también se relaciona mucho con nuestra autoestima, sobre todo con el elemento de la autoeficacia

Fiesta

Si pensamos que no somos capaces de resistirnos a esos placeres o que no podremos tolerar las emociones negativas que esa resistencia conllevaría, entonces será más sencillo que esto ocurra.

Por ejemplo, cuando una persona tiene que prepararse una oposición, tiene que dejar muchos placeres al margen: salir de fiesta todos los fines de semana, un trabajo que le de un sueldo cada mes, ver regularmente a los amigos e incluso algunas aficiones.

Si esta persona cuenta con una autoestima sana y una buena tolerancia a la frustración, tendrá que hacer un esfuerzo menor para dejar de lado esos placeres, en aras de conseguir uno mucho mayor.

Escogiendo el camino correcto: hedonismo a largo plazo

Si queremos obtener una felicidad más auténtica y plena y conseguir nuestros objetivos vitales, la mejor opción es guiar tu vida conforme al hedonismo a largo plazo o al menos un hedonismo combinado. Con esto no queremos decir que haya que dejar de disfrutar de algunos placeres de la vida.

Eso haría la vida demasiado aburrida y desmotivante, pero sí que es bueno que hagamos un esfuerzo por aumentar nuestra tolerancia a la incomodidad o al dolor momentáneo.

Lo adecuado es contar con metas que marquen el rumbo de nuestra vida, mientras en el trayecto disfrutamos de vez en cuando de placeres que le dan variedad, pero que no nos desvían del objetivo que queremos alcanzar. Hacer una combinación inteligente de estas dos dimensiones hedónicas facilita la sensación de plenitud.

Esas excusas muchas veces sirven como refuerzo negativo del esfuerzo -e incluso el miedo- que hay detrás de toda consecución de objetivos

Piensa que priorizar con flexibilidad el hedonismo hará que amuebles tu vida de manera que te sientas contento con ella. Será un lugar en el que los sacrificios no serán tan duros, en el que disfrutarás mucho más de los placeres efímeros y en el que podrás alcanzar esos objetivos que te has marcado, para los que necesitas tiempo y paciencia.