El complejo de mártir: ¿qué hay detrás?

Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga María Vélez
Hoy queremos hablar de esas personas que encuentran y explotan el placer que sienten al situarse en la posición de víctimas, al izar la bandera del sacrificio, haciendo de esta meta una especie de estilo de vida.
 

Hay personas que ponen a los demás por delante de sí mismas, incluso que consideran por sistema que las experiencias ajenas son más importantes que las propias. Así, estas personas acaban adoptando el rol de víctima: son los que más sufren de su alrededor y de una forma muy intensa. Esta forma de experimentar la vida es lo que de llama el complejo de mártir.

Desde la psicología, se entiende que el adoptar esta actitud se realiza de forma prácticamente voluntaria, buscando en cierta manera el sufrimiento y el sentirse «perseguido«, ya que alimenta ciertas necesidades psicológicas. Es común ver que el complejo de mártir se justifica bajo la excusa del amor, del deber o del sacrificio.

Curiosamente, la búsqueda de ese sufrimiento lleva también al mártir a sentirse en cierta manera mejor consigo mismo. En su forma de ver el mundo, adjudicarse esa pena es un acto de bondad, pues se lo evita a otra persona o le hace ser más valiosa. Sin embargo, es un patrón autodestructivo, ya que le lleva a ignorar sus propias necesidades y encontrar, y perpetrar, situaciones que le causan angustia.

 

Mujer triste

¿Cómo se comporta un mártir?

Para identificar a una persona que puede estar padeciendo este complejo, hay que fijarse en varias conductas, pensamientos y valores. Entre ellos:

  • Se consideran a sí mismos buenas personas, héroes o santos. En cambio, ven a los demás como personas egoístas o insensibles, que no valoran el esfuerzo que ellos están haciendo.
  • Tienden a exagerar su nivel de sufrimiento para dar una imagen de persona sacrificada. Además, en su discurso buscan la atención y reconocimiento de quien le escucha.
  • Suelen tener un baja autoestima. Esto se refleja en que a menudo refieren a que no crean ser dignos o merecedores de amor o tienden a infravalorar su personalidad.
  • Tienen dificultades para decir no y poner límites. Esto les lleva a cargarse de más «favores», tareas o a caer en relaciones abusivas. En cambio, hay algunos mártires que, curiosamente, acaban por convertirse en manipuladores. Estos, aprovechan su situación de víctima para hacer cierto chantaje emocional y conseguir lo que quieran de otros.
  • No ponen en marcha estrategias para resolver sus problemas y, aunque estos se resuelvan en algún momento, siempre surgirán nuevos por los que lamentarse.
  • Suelen buscar maneras de demostrar su bondad y buenas intenciones, al mismo tiempo que generan situaciones en las que deja al otro parecer el «malo».
  • Suelen decepcionarse al ver la reacción de los demás cuando hacen algo por ellos. Aunque no se deben a los demás por obtener algo a cambio, a menudo no están contentos con cómo reaccionan, ya que en el fondo esperan que el otro les admire por su comportamiento.
 

¿Cómo actuar con un mártir?

Relacionarse con una persona que tiene complejo de mártir no es una tarea fácil. Constantemente manifiesta lo mal que lo está pasando y eso puede llegar a afectarnos seriamente.

Además, puede hacernos sentir en deuda si recibimos muchas ofertas de ayuda. Para lidiar con ello, es recomendable poner en marcha tres estrategias sencillas:

  • No aceptar favores ni otras conductas a nuestro favor que el otro pueda entender como un sacrificio. Cuanto más recibamos de un persona mártir, más probable será que el mártir se sienta decepcionado con nosotros, pudiendo generar conflictos en el futuro. No obstante, no es cuestión de rechazar todo, pero sí de valorar cuándo es realmente necesario y tratar de llevar a la persona a su propia autosuficiencia.
  • Cuando te transmita sus sentimientos de pena y victimismo, no contribuyas a ello. Intenta no caer en la compasión ni en reforzar la angustia. Trata de hacer comentarios que destaquen algún resultado positivo.
  • Ten una conversación. Si esa persona es importante para ti, puedes tratar de tener una conversación explicándole que sus comportamientos no te hacen sentir bien, ni son beneficiosos para ella. En un primer momento, su reacción será a la defensiva, pero si se habla tranquilamente, valorando su esfuerzo y ofreciendo soluciones, puedes ayudarla.
 

Mujeres hablando

¿Y si el mártir eres tú?

Más difícil que tratar a alguien con complejo de mártir es darse cuenta de que uno mismo tiene ese rol. Si tienes sospechas de que puedes ser tú quien actúe así, evalúa tu comportamiento en los siguientes aspectos:

  • Te molesta, de cualquier manera, cómo reaccionan otros cuando haces algo por ellos. O bien, piensas que los demás no reaccionan como «deberían» hacerlo.
  • Dices que sí, cuando realmente quieres decir que no.
  • Cuando te ofreces para algo sin poder llevarlo a cabo, terminas inventando alguna excusa.
  • Si dijiste que no, te preocupa que otros puedan sustituirte o ser mejor valorados que tú.
  • Eres de las personas que se ofrecen rápidamente a ayudar, sin valorar detenidamente las opciones que tienes.
  • Sientes que antepones a los demás a ti mismo.

Si eres mártir, ¿qué puedes hacer para cambiarlo?

Primero, darse cuenta y reconocer que ocurre algo es el paso más importante para el cambio. Después, se trata de comprender y buscar otras formas de actuar que no te harán ser peor persona.

 

Ser aceptado o amado no está determinado por lo que hagas, sino por quién eres. Esforzarse por agradar y satisfacer las necesidades de todo el mundo es una carga mental, y vital, que no lleva a ningún lado.

En tus relaciones, busca formas distintas de interactuar. Asume un rol distinto. Si hasta ahora estabas a expensas de lo que dijeran o hicieran los demás, quizás es momento de tomar la iniciativa, tus propias decisiones y empezar a mirar por ti mismo.

Algo fundamental es que en este proceso de cambio te plantees si es una forma de relacionarse de forma equilibrada, pensando en si te estás situando por encima, debajo o al lado del otro.

Y, sobre todo, asume tus responsabilidades y respeta la libertad de los demás. Es momento de asumir tus errores y de entender que cada persona reacciona y entiende la vida de una manera. Así, la tuya no puede depender de ellos.

Por último, habla con los demás de tu proceso de cambio. Seguro que lo entenderán y lo valorarán, ayudando a que sea más fácil y llevadero. No obstante, ten paciencia. Habrá personas que quizás se aprovechaban de esa situación o que, simplemente, necesitarán más tiempo para adaptarse a tu nueva forma de actuar.