El existencialismo sartreano

Este artículo fue redactado y avalado por la filósofa Laura Llorente
· 25 abril, 2019
Sartre es un de esos filósofos que han marcado un antes y un después en la historia de la psicología. Hoy nos acercamos a su pensamiento, prestando especial atención a la construcción de su existencialismo.

La frase «Un hombre es lo que hace con lo que hicieron de él» es muy reveladora en el pensamiento de Jean-Paul Charles Aymard Sartre. De hecho, podemos decir que en su seno recoge la base del existencialismo sartreano.

El ser humano se define, entre otras cosas, por su cualidad de temporalidad. Todo hombre tiene pasado, presente y futuro. La concepción de esta temporalidad es lo que hace del existencialismo sartreano algo tan especial. De hecho, su forma de concebir la existencia es una de las más importantes del S.XX.

La conciencia es intencional

La teoría marxista había explicado la conciencia humana como una conciencia refleja y pasiva ante los condicionamientos del mundo que la rodean. La conciencia, para esta línea de pensamiento, era refleja y estaba totalmente separada del mundo. Sartre va a renegar de estas teorías marxistas postulando un materialismo humanista.

La conciencia humana es activa; su relación con el mundo no es de pasividad, sino que, al estar proyectada hacia el futuro, lo construye. Conciencia y mundo son inseparables, y solo hay “conciencia de si” en tanto que hay “conciencia de mundo”.

Mujer con luz en la mente para representar el concepto de insight

¿Qué significa que la conciencia está proyectada hacia el exterior?

Sartre distingue dos modalidades del ser: el “ser en sí” y el “ser para sí”. La primera modalidad del ser se refiere a aquello que es inamovible y que siempre será así; ejemplos de ser en sí serían una piedra, una pluma… Son de una determinada manera y su naturaleza no es el cambio.

Por otro lado, el «ser para sí» es aquella modalidad del ser que consiste en salir al mundo y proyectarse en el futuro. Es el ser en estado de arrojo y es, por tanto, puro proyecto.

En el caso del ser humano, estas dos modalidades coexisten. El ser en sí de la conciencia humana serían aquellas elecciones que ha ido tomando a lo largo de su vida. El ser humano se construye a sí mismo eligiendo a lo largo de su vida. El pasado forma el rostro de lo que se es y es inamovible. Somos, en parte, lo que hemos elegido a lo largo de nuestra historia.

El ser para sí del hombre es la conciencia proyectada hacia el futuro y hacia las nuevas decisiones que tomará, pero que aún no ha tomado. Es puro proyecto. Por eso Sartre postula un famoso apotegma:

“El ser para sí es aquel ser que no es lo que es”.

No es lo que es porque, al estar proyectado hacia el futuro, es cambiante y, en potencia, son las decisiones que tomará. No es lo que es porque, aunque está construido a partir de ser en sí, no podemos decir que sea exactamente eso (su pasado).

¿Es el hombre una nada según el existencialismo sartreano?

Como hemos dicho, la realidad humana tiene por detrás un pasado que ya es inamovible. Somos nuestro pasado. Por otro lado, el futuro no es aún, pero la conciencia está eyectada hacia él.

La conciencia presente mira hacia sus posibles elecciones. Por tanto, el existencialismo sartreano postula que el ser humano presente es puro proyecto arrojado. El ser humano presente es la nada. Somos nuestro pasado, pero no solamente somos eso; el presente nos lleva hacia lo que vamos a ser y por eso, como tal, es una nada.

Hombre en una cueva

“Un hombre es lo que hace con lo que hicieron de él”

Ahora ya podemos entender mejor esta frase que tan bien define el existencialismo sartreano. Mundo y conciencia, al ser uno, se van dando forma mutuamente. El mundo hace del hombre lo que este elige de entre sus múltiples posibilidades, acotado por los condicionamientos externos.

De esta manera, nuestro pasado es lo que hemos elegido, lo que el mundo nos ha posibilitado. Sin embargo, como hemos apuntado anteriormente, no solo somos nuestro pasado puesto que aquí y ahora estamos arrojados hacia un mundo que es pura posibilidad y que nosotros elegiremos. ¡El hombre está condenado a ser libre! Y, si se nos permite, añadiremos un toque de psicología a toda esta teoría mencionando el imperativo pindárico: “Atrévete a ser lo que eres”. ¿Nos atrevemos?