El experimento de Lepper, Greene y Nisbett y la sobrejustificación

Edith Sánchez · 15 diciembre, 2019
Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González el 15 diciembre, 2019
El experimento de la sobrejustificación, llevado a cabo por los investigadores Lepper, Greene y Nisbett, demostró que una recompensa ejerce un efecto negativo cuando esta no es necesaria. Esto sugiere un interesante camino para la educación y la incorporación de nuevas conductas.

El experimento de Lepper, Greene y Nisbett en torno a la sobrejustificación se convirtió en un clásico de la psicología. Representa un matiz importante en la teoría del condicionamiento operante, ya que se basa en el esquema típico de premio y castigo. Específicamente, rompe con la idea de que un premio refuerza la conducta.

Los investigadores, que eran catedráticos de la Universidad de Stanford, mostraron que en ciertas condiciones específicas, un premio puede desincentivar a una persona. La sobrejustificación alude precisamente a esa realidad: no premies lo que no requiere de premio. No hay necesidad de crear incentivos adicionales cuando lo que hay que hacer no implica un sobreesfuerzo o ya existe una motivación intrínseca.

El experimento de la sobrejustificación parte de dos conceptos: motivación intrínseca y motivación extrínseca.

  • La primera es la que tiene su origen en el propio sujeto. Por ejemplo, ese deseo espontáneo de comerte un helado cuando hace calor.
  • La motivación extrínseca es la que proviene del medio. Por ejemplo, cuando alguien ofrece una gratificación por un objeto perdido.

A menudo las personas están trabajando duro en la cosa equivocada. Trabajar en la cosa correcta probablemente es más importante que trabajar duro”.

-Caterina Fake-

Hombre pensando

El experimento de la sobrejustificación

El experimento de la sobrejustificación se llevó a cabo en un jardín infantil, con niños de entre 3 y 5 años. Los investigadores visitaron el lugar y notaron que los niños mostraban mucho interés por dibujar con unas pinturas que la profesora había llevado unos días atrás. En otras palabras, los niños presentaban una motivación intrínseca para usar dichos elementos.

Con base en este hecho, Lepper, Greene y Nisbett dividieron a los niños en tres subgrupos. Todos llevarían a cabo la misma actividad: dibujar con tan atractivas pinturas. Sin embargo, en cada grupo se introdujo alguna variación, de la siguiente manera:

  • Grupo 1. A este grupo de niños se les dijo que si participaban en una actividad de dibujo, con las  famosas pinturas, al final se les daría una recompensa. Esta consistía en un diploma de “buen jugador”. Era el grupo de “recompensa esperada”.
  • Grupo 2. A este grupo no se le dijo nada inicialmente. Sin embargo, al final de la actividad se les sorprendió entregándoles su diploma de “buen jugador”. Era el grupo de “recompensa inesperada”.
  • Grupo 3. A este grupo ni se le prometió una recompensa, ni se le otorgó la misma de manera sorpresiva. Era el “grupo de control”.

El desarrollo del experimento

Una vez definidos los grupos, uno de los investigadores se presentó al día siguiente en el jardín de infantes. Le dijo a todo el grupo que iba a ir un señor que quería ver lo que eran capaces de hacer con las “pinturas mágicas”. Luego, habló con los niños en los tres grupos, por separado.

Al primer grupo, le dijo que “el señor” había traído un montón de premios para repartir entre ellos si aceptaban participar en la actividad. Les mostró el diploma del buen jugador y les dijo “¿Os gustaría ganar uno?” Los niños, obviamente aceptaron participar.

A los grupos 2 y 3 simplemente se les propuso hacer dibujos con las pinturas mágicas para enseñárselos “al señor”. Todos aceptaron también. Después, cada uno de los niños, por separado, fue entrando a un salón llamado “aula mágica”. Allí los esperaba “el señor”, que reafirmaba los mensajes que ya se les había dado antes.

Niños pintando

Los interesantes resultados

Una semana después, los investigadores volvieron al lugar. Querían ver si el experimento había afectado de alguna manera la motivación intrínseca de los niños, es decir, al gusto por las pinturas y el deseo de utilizarlas. Tal y como lo esperaban, los niños que habían recibido el diploma de buen jugador, ahora mostraban menos interés en los pinturas.

Lo que Lepper, Greene y Nisbett querían probar era que al ofrecer una motivación extrínseca disminuye la motivación intrínseca. En teoría, debía suceder todo lo contrario: al haber sido premiados por usar las pinturas, tendrían más interés en estos que el de los niños que no habían sido recompensados. Pero sucedía lo contrario.

Los niños que no habían sido recompensados mostraron un interés similar al de antes en el uso de las pinturas. Esto probó que introducir una recompensa, cuando no es necesaria, genera un efecto negativo en términos de motivación. Esto es precisamente la sobrejustificación. Los investigadores concluyeron que la motivación extrínseca solo es efectiva cuando la motivación intrínseca es muy baja.

Figueroa-Saavedra, M. (2004). La sobrejustificación como factor inhibidor de la creatividad en los centros de formación artística profesional. Arte, individuo y sociedad, 16, 133-158.