El impacto de un mundo estresante

Sonia Budner · 17 marzo, 2019
Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas el 17 marzo, 2019
El ser humano tiene una tendencia innata a normalizar las situaciones en que se ve envuelto. Por eso a veces es difícil identificar el impacto que este mundo estresante en el que vivimos tiene en nuestra salud.

Mucho se ha hablado del estrés y de sus consecuencias devastadoras para la salud. Todos conocemos el término y muchas personas lo asocian aún a la imagen de alguien agobiado, con prisas y un tanto acelerado. Sin embargo, lo que los datos nos dicen es que muchas personas viven en un estado de continuo estrés y no son conscientes de ello. Lamentablemente vivimos en un mundo gobernado por el reloj.

Crearnos un ritmo de vida que se ajuste a nuestras propias expectativas o a las ajenas y adaptarse a él, no significa estar libre de estrés. Desafortunadamente vivimos cada día experiencias estresantes, incorporando esta ansiedad como parte de nuestra rutina.

Hoy queremos hablar de los factores más relevantes que hacen de este un mundo estresante, para saber reconocerlos y actuar frente a ellos. Que nuestras vidas nos parezcan normales nos impide ver muchas veces ver las consecuencias de eso que normalizamos. Vamos llenando de a poco el vaso que nos contiene, «esperando» a la última gota para explotar y tomar medidas.

Mujer estresada

La intoxicación del cerebro

Hay unos niveles leves de estrés que nos ayudan a mejorar nuestras capacidades cognitivas (eutrés). Al liberar adrenalina se activan vías nerviosas que nos permiten enfocarnos y concentrarnos mejor. Este el estrés mágico. No existe vida sin un mínimo nivel de estrés.

Pero hay una línea, ya sea por intensidad, frecuencia o prolongación en el tiempo, que una vez cruzada hace que todo el proceso se vuelva en nuestra contra.

La misma mezcla química que hace que nos concentremos mejor en una tarea puede pasar a ponernos en una situación de ansiedad e incluso de pánico. La adrenalina que liberamos ante situaciones que nos hacen estar alerta, en su justa medida, es necesaria.

Cuando aumentamos la dosis el cuerpo reacciona mal. Aumenta el flujo de testosterona que es el que eleva nuestras expectativas. Si eres mujer, la oxitocina hace su aparición y te impulsa a proteger a los que tienes cerca, otro factor de estrés añadido a la situación.

El cortisol liberado como contrapunto al exceso de adrenalina puede ser tóxico para el hipocampo. Todo ello contribuye a crear un efecto dominó que puede resultar en graves problemas de salud crónicos, desde problemas autoinmunes hasta diabetes. Estar sumergido en altos niveles de estrés dificulta además que podamos conectar de una manera saludable con los demás.

El nervio vago

Cuando atravesamos períodos sometidos a un alto nivel de estrés, el sistema nervioso simpático trabaja a pleno rendimiento. Las personas que tenemos a nuestro alrededor pueden ser grandes aliados a la hora de combatir estos excesos de estrés.

Sin embargo, en un mundo estresante como el que habitamos, a veces, tenemos que lidiar con factores como la competitividad y otros muchos que veremos después que hacen que perdamos fácilmente ese apoyo de protección contra el estrés.

Apoyo que recibimos se traduce en señales inhibitorias que pasan por el nervio vago hasta el sistema nervioso simpático. Cuando interactuamos con otras personas que nos hacen sentir seguros, reducimos el estado de alta excitación constante.

Vivimos en una cultura que socava constantemente nuestras vías de conexión y no siempre tenemos la facilidad de cambiar nuestras circunstancias de vida. Por eso es fundamental encontrar la forma de equilibrar la respuesta al estrés excesivo.

El primer paso es reconocer las circunstancias

Hay muchos factores en este mundo estresante que nos dejan a merced de este coctel químico. Vamos a ver algunas que en principio son claras, pero hay otras que no lo son, porque no las asociamos generalmente a factores inductores de estrés.

Los que se reconocen con más facilidad son los estresores en el trabajo. Los estudios muestran que más de un 70% de la población sufre de estrés en su puesto de trabajo. La apariencia personal aparece también en los estudios realizados entre los primeros factores estresantes.

Esto, aunque a primera vista parezca superficial, lo cierto es que no lo es. Nuestra apariencia física está directamente relacionada con nuestra autoconfianza y autoestima. El estrés social que sufrimos a diario es otro de los factores de los que no somos realmente conscientes.

En este mundo estresante, las disputas absurdas por temas políticos, el bombardeo mediático de creación de opinión pública y la inercia a la que nos vemos sometidos para intentar entender un mundo que muchas veces es inexplicable tienen una fuerte repercusión en nuestro estado de alerta.

Hombre con estrés en el trabajo

Circunstancias mayores

Además de todo lo anterior, antes o después tendremos que enfrentarnos a eventos que cuestionaran nuestra capacidad para gestionar el estrés. La pérdida de un ser querido es un factor estresante de primer orden, que dependiendo de las circunstancias puede dar paso incluso en un trastorno de estrés postraumático.

La pérdida de un ser querido en circunstancias muy trágicas puede suponer un fuerte choque con la realidad. Empezar a entender que estas cosas pasan y seguirán pasándole a las personas que nos rodean puede generarnos, por anticipación, grandes niveles de estrés.

De la misma manera, las preocupaciones financieras por una pérdida de trabajo o por la simple situación que vivimos como sociedad en el momento actual son otros focos de estrés. La preocupación por no poder pagar las facturas o llegar a la edad de jubilación sin haber cotizado los años suficientes son otros focos de riesgo para nuestra salud.

Identificar las causas personales y tomar medias

Lo que para para algunas personas puede ser un escape mental o una fuente de tranquilidad, como las reuniones familiares, para otros pueden ser verdaderas pesadillas. El estrés es algo absolutamente subjetivo y relativo a la personalidad de cada uno.

Ir de compras puede ser un bálsamo para muchas personas y sin embargo para otras puede ser un entorno propicio para el estrés por el exceso de estimulación. En el marco de la pareja es muy importante entender esto y no extender nuestras propias demandas de tranquilidad a los que nos rodean.

Sin duda, identificado el estrés o no, conviene seguir algún programa de prevención o reducción del estrés. Hay muchas formas de combatirlo que son relativamente sencillas. Desde la práctica de la meditación a la práctica de ejercicio regular.

No todos los sistemas funcionan para todo el mundo, por eso es importante encontrar el propio y ejercitarlo. Que este es un mundo estresante es un hecho. Pero es el mundo en el que vivimos, siendo más sencillo cuidarnos de él, que intentar cambiarlo

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