El mito de la piedra filosofal, el elixir de la vida

Edith Sánchez·
11 Diciembre, 2020
Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas al
11 Diciembre, 2020
El mito de la piedra filosofal se mantuvo incólume durante varios siglos y, de hecho, hoy en día hay quienes piensan que existe como tal. El punto es que, en lo esencial, tienen razón: sí es posible “crear oro”.

El mito de la piedra filosofal habla de una sustancia física, pero mágica, con propiedades extraordinarias. La más conocida de ellas, la capacidad de convertir cualquier metal en oro o plata. Esto se lograba mediante un procedimiento secreto llamado transmutación.

Las fantásticas propiedades de esta sustancia no terminaban allí. Según el mito de la piedra filosofal, esta era también el elixir de la vida. Esto es, un compuesto capaz de curar las enfermedades, otorgar una juventud eterna y la inmortalidad. También se decía que era capaz de resucitar plantas y animales muertos.

Quienes crearon y extendieron el mito de la piedra filosofal fueron los famosos alquimistas. Estos eran científicos incipientes que combinaban los conocimientos en física y química con la religión, la filosofía y la astrología, entre otros.

La alegría es la piedra filosofal que todo lo convierte en oro”.

-Franklin Delano Roosevelt-

Alquimistas

El origen del mito de la piedra filosofal

Todo indica que el origen del mito de la piedra filosofal hunde sus raíces en una idea de los griegos, denominada Anima mundi. Se traduce como ‘el alma de la tierra’ y se define como la sustancia última de la cual están compuestos todos los seres vivientes. Esta sustancia hacía que todo lo vivo estuviera conectado entre sí.

La idea de esa sustancia esencial fue propuesta por Platón, quien, además decía que esa materia prima estaba asociada al Caos. Más adelante, Aristóteles postula su teoría de los cuatro elementos y sus cualidades. Todo ello fue retomado para crear el mito de la piedra filosofal.

Sin embargo, el mito de la piedra filosofal tomó forma solo hasta la Edad Media. Un alquimista musulmán, Zósimo de Panópolis, proporciona la primera referencia conocida a este elemento, en el siglo III. Luego le seguiría una larga lista de investigadores que dedicaron su vida entera a encontrarla.

El Opus Magnum

Los alquimistas partieron de la idea de que los cuatro elementos (tierra, aire, fuego y agua) provenían de una sustancia común: la piedra filosofal. A su vez, como lo había señalado Aristóteles, cada elemento tenía ciertas cualidades. Así, la tierra era fría y seca; el aire, caliente y húmedo; el fuego, caliente y seco; y el agua, fría y húmeda.

Se creyó que los metales eran el resultado de una combinación entre esos elementos y sus características. Por lo tanto, si se lograba reordenar las cualidades básicas de esos metales, podría obtenerse oro o plata. Creyeron que esto sería posible por la acción de una sustancia a la que llamaron inicialmente al-Iksir, en árabe. De allí se desprendió la palabra “elixir”.

Tal elixir era un polvo que provenía de la piedra filosofal y el proceso se llamaba transmutación. Hubo un gran debate en torno a esas ideas, que duró por siglos.

Se dice que Alberto Magno descubrió la piedra en el siglo XIII y le transmitió su secreto a un sucesor, Santo Tomás de Aquino. Con el tiempo, se popularizó la idea de que los secretos de la piedra filosofal estaban contenidos en el Mutus liber o Libro mudo, el cual solo contiene imágenes. Quien quisiera encontrarla, debía trabajar durante 20 años y a ese esfuerzo se le llamó Opus Magnum.

Instrumentos de alquimistad

Paracelso y el encuentro de “la piedra filosofal”

Paracelso fue uno de los personajes más obsesionados con el mito de la piedra filosofal. Invirtió gran parte de su vida en encontrarla y algunos dicen que fue uno de los autores del Libro mudo, que contiene 15 ilustraciones. También se le adjudican instrucciones para conseguir el fabuloso mineral.

Los alquimistas hacían sus anotaciones empleando códigos secretos. Así, cuando ellos hablaban de un elemento, por ejemplo, mercurio, los profanos se referían a este como “mercurio filosofal”. Esto significaba que no se hablaba de ese elemento en sí, sino del código secreto de los alquimistas.

Muchos dijeron haber encontrado la sustancia y la describieron como un polvo blanco, para convertir los metales en plata; o rojo, para convertirlos en oro. Sea como sea, lo cierto es que, mucho tiempo después, el físico estadounidense y Premio Nobel Glenn Theodore Seaborg lo logró. Utilizó la física nuclear para convertir el plomo en oro.

De otro lado, un grupo de biólogos descubrió que si se alimenta con cloruro de oro a la bacteria Metallidurans cupriadvidus, esta terminaba defecando oro. Esto no era exactamente lo que tenían en mente los alquimistas, pero prueba que el mito de la piedra filosofal no era tan ilusorio como pudo parecer.

De Bances Candamo, F. A., & d'Agostino, A. (1988). La piedra filosofal (Vol. 5). Bulzoni.