El nerviosismo, el estrés y la caída del cabello

Edith Sánchez · 19 agosto, 2019
Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González el 16 agosto, 2019
La caída del cabello, cuando es frecuente e intensa, puede ser una llamada de atención. Resulta ser una de las manifestaciones más evidentes de que el estrés se ha convertido en algo parecido a nuestra sombra.

Una de las causas más frecuentes de la caída del cabello es el estrés. Este dato es importante si se tiene en cuenta que muchas personas no logran darse cuenta del grado en el que lo sufren. Están tan sumergidas en sus preocupaciones que no logran ver su propia situación con objetividad. La pérdida de cabello es una señal de que algo pasa en el mundo emocional.

No siempre la caída del cabello se debe al estrés. Sin embargo, si no hay una causa orgánica o no se está ingiriendo algún medicamento o sustancia que precipite la caída del pelo, significa que es un síntoma de estrés. Así lo ha comprobado la ciencia.

El estrés hace que se desencadenen una serie de procesos fisiológicos que llevan a la caída del cabello. Aunque todos perdamos cabello, cuando esto se torna constante e intenso, hay que tomar nota. Aunque los médicos no suelen dar importancia a este hecho, a muchas personas sí que les inquieta.

No anticipar problemas o preocuparse por lo que a lo mejor nunca sucederá”.

-Benjamín Franklin-

Hombre estresado

La caída del cabello

Lo normal es que las personas tengamos entre 100.000 y 150.000 cabellos en nuestro cuero cabelludo. Los expertos indican que alrededor del 85 % de esos cabellos están en fase de crecimiento. Entre el 13 y el 14 % están en fase de caída. Y el 1 o 2 % restante se encuentra en fase de reposo.

Lo normal es que en un día perdamos entre 70 y 100 cabellos. Estos se reponen fácilmente gracias al proceso de crecimiento de nuevos cabellos. Cuando se produce la caída de cabello por estrés, la pérdida se produce de manera generalizada.

O sea, si te pasas la mano por la cabeza, te quedan cabellos entre los dedos. Si te peinas ocurre lo mismo. Y frecuentemente ves cabellos caídos en tu almohada y en tu ropa. A veces a esta condición se le llama alopecia nerviosa y lleva a que en un tiempo relativamente corto tengas pequeñas zonas sin pelo en tu cabeza. Lo bueno es que se trata de una situación reversible.

El estrés y la caída del cabello

Frente al estrés, el cuerpo se pone en estado de alerta. En este sentido, el estrés no es más que una reacción ante estímulos que se perciben como amenazantes. En estas condiciones, el organismo procura ahorrar la energía que tiene disponible. Por eso se concentra en las funciones fisiológicas básicas y deja de lado otras, como el crecimiento de las uñas o del pelo.

Según Mayo Clinic, hay tres tipos de caída de cabello que pueden relacionarse con el estrés. Estos son:

  • Efluvio telógeno. Tiene lugar cuando la raíz del folículo piloso interrumpe el proceso de crecimiento del pelo. Una de las razones por las que esto ocurre es por la presencia de altos niveles de cortisol, la hormona del estrés. No sucede de inmediato, sino después de un tiempo de experimentar estrés.
  • Alopecia areata. En este caso lo que sucede es que el sistema inmunológico ataca los folículos pilosos. Cuando esto ocurre, el cabello se cae en grandes cantidades, prácticamente por mechones. Esto suele afectar también la barba y las cejas.
  • Tricotilomanía. Este es un cuadro más complejo, en el que es la propia persona quien se arranca el cabello. Lo hace como una forma equívoca de enfrentar las preocupaciones, las dudas y los sentimientos de frustración.

Cepillo con pelos

¿Qué hacer?

Siempre que notemos una caída generalizada del cabello, lo mejor es consultar con el médico. Este hecho puede deberse al estrés, pero también a problemas endocrinos, inmunitarios o de otro tipo. Si se descarta una causa orgánica o farmacológica, obviamente lo que se requiere es tratar el origen del estrés para evitar la caída del cabello.

El ejercicio es una forma natural y saludable de manejar el estrés. Lo adecuado es llevar a cabo actividades físicas de forma regular y no solo en los momentos de inspiración. Caminar media hora o hacer ejercicios durante 15 minutos al día suele ser suficiente. Así mismo, es muy recomendable dormir al menos siete horas al día.

Si sientes que las preocupaciones son muy intensas y que no se disipan aunque busques medios de relajación, quizás sea hora de visitar a un psicólogo. Hay ocasiones en las que es necesario contar con un soporte externo para conseguir que esas preocupaciones e inquietudes se diluyan de manera natural.

Olivares, L. D., Cabrera, G. B., & Martínez, M. T. S. (2010). Importancia de los antioxidantes dietarios en la disminución del estrés oxidativo. Investigación y Ciencia, 18(50), 10-15.