El nudo borromeo en el psicoanálisis: ¿en qué consiste?

28 Agosto, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga María Alejandra Castro Arbeláez
El nudo borromeo es una analogía para explicar cómo funciona la mente. Asienta sus orígenes en el psicoanálisis de Lacan.
 

El psicoanálisis puede parecer complejo por los nudos que plantea, pero si los desatamos, podemos disfrutar de su fondo a través de figuras literarias. Uno de estos conceptos es el nudo borromeo, una maravillosa forma de explicar cómo funcionamos.

Acercarnos a la concepción del nudo borromeo es profundizar en el psicoanálisis lacaniano, que explora diversos aspectos de las emociones, el pensamiento y la conducta del individuo. Incluso de su conexión con la realidad.

Jacques Marie Émile Lacan fue un psicoanalista y psiquiatra francés de principios de siglo. Se trata de una de las figuras más relevantes del estructuralismo contemporáneo francés. Sus teorías resultaron tanto en rechazo como en adhesión. Estuvo relacionado con el movimiento freudiano y llegó a generar una tensión con la Asociación Psicoanalítica Internacional. De hecho, terminó distanciándose y fundó en 1964 la Escuela Freudiana de París.

Sus aportes al psicoanálisis estuvieron relacionados con la filosofía, la lingüística y el arte. Se relacionó con artistas como André Breton y Salvador Dalí y profundizó en el pensamiento de Heidegger, Strauss y Hegel. Su obra es bastante discutida, pues algunos afirman que no sigue las raíces freudianas; sin embargo, el mismo Lacan apostó por un retorno a Freud. Sostenía que el analista no es un oyente neutral y hacía énfasis en el deseo inconsciente y en el goce.

“El inconsciente está estructurado como un lenguaje”,

-Jaques Lacan-

 
Lacan
Jacques Lacan

¿Qué es el nudo borromeo?

Se llama nudo borromeo a una constitución de tres aros entrelazados; la norma dice que si alguno se separa, se liberan los demás. El concepto proviene del símbolo heráldico de la familia Borromi.

Lacan habló de este nudo en psicoanálisis para darle forma a la estructura del ser hablante, dividida en las siguientes partes:

  • Lo imaginario. Se trata del primer registro, está asociado a imágenes. Tiene como base a la estructura del yo, que se va formando a través de la imagen del semejante, mediante identificación; significado inicialmente por la madre.
  • Registro simbólico. Es esencialmente lingüístico. Está vinculado al campo intersubjetivo a través del cual intercambiamos con el otro. Además, al campo del saber, de la cultura y del gran otro. Por norma, nos empezamos a familiarizar con el lenguaje a través de la interacción no nuestros cuidadores.
  • Lo real. Se trata de lo que no puede ser representado por imágenes o por el lenguaje. Es decir, lo incognoscible, impensable o aquello que se resiste. Se diferencia de la realidad en que vendría siendo la manera en la que entendemos el mundo, por lo tanto estaría dentro de los registros simbólicos e imaginarios; mientras que lo real carece de sentido.
 

Entonces, se trata de una topología. Lacan sugirió en su libro De los nombres del padre, que los tres registros están presentes en todo sujeto, y que su anudamiento es imprescindible para que la realidad de este sea consistente, manteniendo un discurso y vínculo social con el otro. Así, las distintas formas de anudarse determinan la estructura psíquica.

Tres anillos enlazados para representar el nudo borromeo

Conceptos asociados al nudo borromeo

En un momento de la teoría lacaniana solo estaban presentes tres registros en el nudo borromeo. En otro instante, Lacan agregó un cuarto registro, se trata del sinthome, que vendría a unir a lo real, lo imaginario y lo simbólico.

Entonces, el sinthome, ayudaría al sujeto a “anclarlo” de tal manera que conecte con la realidad y se adapte. Así, funciona como un enclave que cuando se suelta, conlleva a la aparición de la psicosis.

Otro concepto esencial asociado es el del “nombre del padre”, que actúa a manera de ley fundamental, siendo un significante esencial que permite mantener unidos a los tres registros. Entonces, Lacan devela la función paterna como anclaje a la actividad simbólica del individuo, aquella que impone la ley.

 

También, podemos asociar al nudo con el objeto a, ya que es la otra parte del deseo que nos haría sentir como si algo estuviera ausente en nuestras vidas. De este modo, está vinculado con la pérdida. Entonces, el sujeto, además de estar estructurado por los tres registros, se rige por pulsiones.

Las pulsiones están atravesadas por el lenguaje e impulsan al individuo a ir tras su objeto de deseo. Si satisfacemos el deseo, llegamos al goce; si no se produce esta satisfacción, aparece la angustia; finalmente, cuando nos oponemos a la realidad, aparece el fantasma.

En suma, el nudo borromeo representa los enlaces que constituyen nuestra estructura psíquica. Lo simbólico nos indica que el mundo está estructurado según leyes que regulan las interacciones y se vincula profundamente con el lenguaje; lo imaginario tiene que ver con la imagen especular del cuerpo, que nos permite ir identificándonos; y lo real es aquello relacionado con la existencia, con lo que está fuera de sentido y nos cuesta poner en palabras.

Así, dependiendo de cómo este atado o no nuestro nudo, será nuestra estructura psíquica. Además, el sinthome aparecería como un cuarto registro que impediría que aparezcan conductas relacionadas con la psicosis. Definitivamente, una fascinante analogía para entender cómo funciona nuestra mente.

 
Lacan, J. (1953). Lo simbólico, lo imaginario y lo real. De los nombres del padre, 11-64. Lacan, J. (1956/1996). El seminario. La relación de objeto, Buenos Aires: Paidós.