Salvador Dalí: ¿Biografía de un loco o de un genio?

Sonia Budner · 22 febrero, 2019
Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas el 22 febrero, 2019
Salvador Dalí es una figura inconfundible del surrealismo y del arte en general. Excéntrico, loco, bizarro, pero, sin lugar a dudas, extremadamente talentoso; Salvador Dalí se hizo un hueco en el mundo artístico y dejó una impronta que sigue muy viva hoy en día.

Extravagante, provocador y controvertido. Una de las figuras más excéntricas del mundo de las artes y, sin duda alguna, todo un genio. Definir a Salvador Dalí es un tanto arriesgado, su vida y su obra han ido siempre de la mano. Posee una identidad muy definida y una obra que nos sumerge en su personalidad. Difícilmente, se le puede clasificar o comparar con alguien más.

Dalí es uno de esos magos del arte cuya impronta queda patente en todas sus obras. No es necesario ser un experto en arte para identificar un cuadro de Dalí. Su sello es perfectamente reconocible y eso hace que no se ponga en duda su autoría.

Es el surrealista por excelencia y uno de los artistas más prolíficos del siglo XX. Aunque también reflejó de forma magistral su amor por el arte clásico y renacentista durante su etapa hiperrealista. Además de su abundante obra pictórica, trabajó la escultura, la moda, la escritura y el cine.

Todo un legado artístico que le sirvió de vía para expresar sus alucinaciones y sus sueños a través del lenguaje visual; lo onírico está muy presente en su obra. También logró manejar, como pocos, el simbolismo religioso y plasmarlo en sus obras, plagadas de imágenes icónicas. Polémico y extravagante, no hay duda de que Dalí fue mucho más que un artista.

El paso del tiempo, obra de Salvador Dalí

Primeros años

Salvador Dalí nació en Figueras el 11 de mayo de 1904. No es fácil saber cómo fue su infancia, el propio Dalí solía comentar que, de niño, sufrió de fuertes ataques de ira y rabia hacia sus compañeros de colegio e incluso hacia sus padres. Parece que, a pesar de todo, fue un niño muy inteligente cuyas dotes plásticas sobresalieron de forma muy temprana.

Antes de nacer, sus padres habían tenido otro hijo, el hermano mayor de Dalí, que también se llamaba Salvador. Murió a los tres años de edad y, poco después, nacería él. Durante toda su vida, Salvador Dalí señaló la idea de llevar consigo la carga de su hermano mayor; como si él fuera una parte de su difunto hermano que, de alguna manera, murió para que Dalí se hiciera inmortal.

Esta idea del hermano muerto cuya esencia vive a través del vivo podemos verla en infinidad de manifestaciones artísticas, ya sea en forma de doble o de crisis de identidad. Un buen ejemplo de ello lo encontramos en el poema El Circo de Leopoldo María Panero. Dalí no será una excepción y vemos que este hecho pudo haberle provocado grandes crisis de identidad.

Era aún bastante joven, en 1921, cuando decidió trasladarse a Madrid para estudiar arte. Dalí formó parte de una de las cunas de los grandes artistas españoles del siglo XX, la Residencia de Estudiantes; en este lugar, coincidió con otros genios del momento como Luis Buñuel y Federico Gardía Lorca.

Sin embargo, su paso por la escuela estuvo marcado por sus actividades políticas contra el gobierno, que le costaron un breve encarcelamiento y su consiguiente expulsión de la escuela.

Salvador Dalí: conociendo el surrealismo

Salvador Dalí viajaría a Paris en 1928, lugar que le conduciría a su primer contacto con el surrealismo. El surrealismo es un movimiento cuasi poético que entiende las demás artes como expresiones artísticas de la poesía.

El surrealismo, además, bebe de las influencias freudianas sobre lo onírico y, en consecuencia, va más allá del realismo. Sin embargo, este movimiento artístico terminó adoptando infinidad de connotaciones políticas; los surrealistas creían que la revolución artística debía ir de la mano de la revolución política.

Dalí se desvinculó un poco de esta idea y eligió cambiar su propia realidad. De esta manera, no tenía que involucrase en cambiar el mundo y desarrolló lo que él denominó “método paranoico-crítico”. El propio Dalí lo describió como: “un estado en el que se puede simular el engaño mientras se mantiene la cordura”. Por esa misma época, conoce a Gala, la mujer que se convertiría en su esposa y musa.

El inconfundible estilo de Dalí y la exaltación que él mismo hacía de su persona y de su obra le costó también la expulsión del movimiento surrealista. Mientras su obra pictórica y sus escarceos con el cine y la escultura acumulaban más y más prestigio, lo contrario sucedía con su propia imagen que empezaba a ser considerada poco seria.

Lo cierto es que a Dalí era bastante narcisista y le encantaba ser el centro de atención, estar en el punto de mira… ¿Os acordáis de esa imagen de Dalí paseando a un oso hormiguero? Sin duda, Dalí llevó la extravagancia y el arte a extremos nunca vistos.

Cuadro de Salvador Dalí para representar la relación entre el arte surrealista y el psicoanálisis

Salvador Dalí: obra y legado

La muerte y la decadencia mezcladas con un marcado erotismo dejaron huella en toda la obra de Salvador Dalí. La obra del pintor es una proyección de las teorías psicoanalíticas de su época, que influyeron enormemente en su trabajo y en su vida personal.

Los fetiches, los símbolos religiosos, animales casi mágicos, máquinas fantásticas… Dalí utilizaba la técnica psicoanalítica de la asociación libre para plasmar el contenido de su inconsciente en sus lienzos. Descomponía la realidad o, incluso, la deformaba. Proyectaba catarsis personales, metamorfosis y evocaba el caos. Una obra inconfundible que, a pesar de los años, sigue siendo aplaudida y alabada.

Salvador Dalí fallecía en 1989, después de toda una vida llena de polémicas, excentricidades, controversias y obras maestras. Su magnífico talento le propició muchos éxitos, pero también enormes críticas. Su polémica vida e imagen personal fue igual o más comentada que su propia obra.

¿Genio o loco? Indudablemente, genio, aunque excéntrico, eso sí. Si portaba con él algún trastorno psicológico, logró extraer de él toda su esencia y dejarla sobre unas telas que, todavía hoy, continúan atrapándonos.

“La única diferencia entre un loco y yo es que yo no estoy loco”.

-Salvador Dalí-