El origen del Ratoncito Pérez

Ines Gómez · 5 septiembre, 2019
Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas el 5 septiembre, 2019
El roedor más famoso de todos los tiempos no solo esconde dientes, sino también muchos secretos. En este artículo investigamos un poquito más sobre su historia, viajando a diferentes décadas y países.

El Ratoncito Pérez ha sido uno de los visitantes más esperados en nuestra infancia. Cada vez que se nos caía un diente, el famoso roedor lo cambiaba por una moneda o una golosina, siempre y cuando nos acordáramos de colocarlo debajo de la almohada.

¡Cuántas noches en vela pasamos esperando su llegada! Millones de niños de todo el mundo soñaban con conocerlo; algunos incluso tenían la suerte de recibir una nota suya. Y todo, simplemente a cambio de una pequeña pieza dental.

¿A dónde iban los dientes que recogía? ¿De dónde proviene su historia? ¿Es cierto que en algunos países actuaba junto a un hada? Estas y otras muchas preguntas todavía surcan nuestras mentes adultas. Y es que el poder de la magia y la imaginación no entiende de edades.

Diente debajo de la almohada

El origen del Ratoncito Pérez

Aunque una de las primeras menciones al personaje surge de la España de finales del siglo XIX, ya existía su figura mucho antes. Concretamente, en una época tan revolucionaria como el siglo XVIII y en un país tan famoso por sus narraciones como Francia.

La primera mención al Ratoncito Pérez en Europa corre a cargo de la baronesa d´Aulnoy. La publicación de su libro infantil La Bonne petite souris (El buen ratoncito) cuenta la historia de un hada que se convierte en un pequeño roedor.

Su intención es acabar con un malvado rey, para lo que se esconde debajo de su almohada y provoca que se le caigan los dientes. Su transformación en ratoncito le permite pasar desapercibida y llevar a cabo su tarea, confiriendo una imagen de valentía y popularidad a uno de los animales menos queridos hasta entonces.

Así pues, la historia es transmitida de generación en generación, llegando a la península ibérica unas décadas después. El jesuita Luis Coloma es el encargado de incluir la figura del roedor en un libro de cuentos para el futuro monarca Alfonso XIII en 1884, pero no es el primer español que lo hace.

Diez años antes, el novelista Benito Pérez Galdós lo nombraba en su novela La de Bringas. En ella, compara al personaje de Francisco Bringas con un ser «tacaño» y «avaricioso» como «El Ratoncito Pérez». Por lo tanto, no se pueden datar con exactitud las primeras narraciones sobre la figura del ratón.

Un cuento digno de un rey

Como se menciona anteriormente, Luis Coloma fue quien recibió el encargo de escribir una historia para el joven príncipe. Este, que por entonces tan solo tenía 8 años, había perdido su primer diente de leche. Aquella fue la mejor excusa para que el cerebro del jesuita decidiera dar forma a uno de los personajes más queridos por niños y adultos.

Con cierta experiencia en cuentos infantiles (también escribió las novelas «Pequeñeces» y «Jeromín»), el religioso decidió darle al niño una historia protagonizada por él mismo. La reina María Cristina solía llamar cariñosamente a su hijo «Bubi», por lo que ese fue el nombre elegido para el otro personaje del cuento.

En la historia, el rey Bubi conoce al Ratoncito Pérez y se hacen amigos. El roedor le enseñará cómo viven sus súbditos más pobres, en especial los más pequeños. De esta forma, al final el joven rey aprenderá a valorar lo que tiene, a ser justo, bondadoso y generoso con los demás. El manuscrito del cuento se conserva en la biblioteca del Palacio Real de Madrid, así como una copia de la primera edición de 1902 y una reedición ilustrada de 1911.

Peluche de Ratón Pérez

El Ratoncito Pérez en otras culturas

La figura del ratón no solo es tradicional en la cultura popular española e hispanoamericana. En países asiáticos como la India, Japón o Vietnam es común que los niños lancen sus dientes mientras desean que estos sean sustituidos por los de un roedor.

¿La razón? la magnifica capacidad que estos animales poseen: sus dientes crecen durante toda su vida. Además, es típico que los infantes tiren hacia arriba las piezas dentales si el diente es de la zona superior de la mandíbula, o los escondan debajo de la cama si pertenecen a la zona inferior.

En Oriente Medio, por su parte, también es normal que los más pequeños lancen sus dientes hacia el sol. Esto ocurre por la antigua creencia oriental que asegura que al hacerlo de esta forma los dientes saldrán derechos.

También su nombre varía según el país y la cultura. En Italia, la forma de referirse a esta figura es «Topolino» (ratoncito, en italiano) en Francia «La petite souris» (El ratoncito) y en Alemania el imaginario relacionado con el animal es sustituido por un hada, al igual que en muchos países anglosajones (The Tooth Fairy).

Sea como sea, es más que evidente que los dientes han jugado un importante papel en nuestras vidas. En cierto modo, su pérdida simboliza también el paso de la infancia al mundo adulto, por lo que no es de extrañar que el tránsito haya sido mitificado y adornado para hacerlo más especial.

A fin de cuentas, ¿a quién le gusta hacerse mayor?

  • Luis Coloma, Ratón Pérez, traducción adaptada al chino, Instituto Padre Luis Coloma, 2018, ed. Peripecias