El padre sirio que ayuda a su hija a reírse de las bombas

25 febrero, 2020
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Valeria Sabater
El padre de Salwa no es Guido Orefice, el protagonista de «La vida es bella», pero casi. Cada noche, cuando caen las bombas y Siria tiembla, él se esfuerza en hacer reír a su hija, en hacerle creer que todo es un juego, y que en esa guerra, todo es de plástico.

Se llama Abdullah, tiene 32 años y vive en uno de los países donde la vida es más dura: Siria. Cada noche, cuando el cielo se rompe y la ciudad tiembla con los bombardeos, este padre sirio hace reír a su hija. La pequeña Salwa, de cuatro años, estalla a carcajadas y su rostro se ilumina contagiada por ese progenitor que busca por encima de todo, evitar que su niña llegue a desarrollar un trauma.

La vida en muchos rincones de nuestro planeta, como bien sabemos, tiene el sonido del horror y el color de la guerra. Más allá de las muertes, de las víctimas y los miles de personas desplazadas de sus países de origen, están los niños. Desde organizaciones como la OMS o Save the Children nos avisan del grave impacto que los conflictos armados tienen sobre la salud mental de los más pequeños.

Esas heridas invisibles alteran el desarrollo físico y psicológico, dejan improntas emocionales permanentes y, lo que es peor, muy pocos de estos niños recibirán ayuda especializada. Su futuro, en caso de sobrevivir, es incierto y suspendido a menudo en un trastorno de estrés postraumático permanente.

Esto mismo es lo que busca evitar (en la medida de lo posible) el padre de Salwa, quien ha desarrollado una sencilla técnica con la que disfrazar la realidad a ojos de aquello que más quiere: su hija.

En el relato es inevitable no recordar con esta historia a La vida es bella de Roberto Benigni. Ahora bien, algo que se preguntan muchos es ¿hasta cuando podrá este padre seguir despertando las risas a su hija en medio de ese contexto?

Padre sirio con su hija

El padre sirio y las «bombas de juguete»

Abdullah es muy consciente de que Salwa crecerá, de que en poco tiempo será muy consciente de que las bombas no son de juguete y que esos estallidos destruyen casas y quitan vidas. Es más, la niña ya sabe diferenciar los tipos de aviones que cruzan el cielo de su ciudad y tanto su padre como su madre entienden que no tardará demasiado en comprenderlo todo.

Aun así persisten. Aun así no quieren entregar su inocencia antes de que la realidad lo imponga, su intención es que su mirada infantil y su confianza en el mundo siga intacta. El padre sirio que hace reír a su hija cuando caen bombas ha inventado un juego que, de momento, funciona; para él, nada más importa. Cada noche cuando empiezan los bombardeos, le explica a su niña que esos sonidos son pistolas de juguete, que todo es broma, que es momento de divertirse.

Hace unos días Abdullah envió una de esas experiencias a su amigo el periodista Mehmet Algan. Este sabía desde hace tiempo de su día a día, y de cómo se habían visto obligados a desplazarse desde Idlib hasta la ciudad fronteriza de Sarmada intentando huir de los ataques.

Esas imágenes, el vídeo que le enviaron, no tardó demasiado en dar la vuelta al mundo para emocionarnos, para ver en este padre sirio a un auténtico Guido Orefice.

Padre sirio con su hija

El efecto de la guerra en los niños

Desde que empezó el conflicto en Siria, han muerto más de 20.000 niños. Aquellos que sobreviven, lo hacen de manera traumática, arrastrando el peso de todo lo que han visto, de la pérdida de algún familiar o con alguna lesión física, temporal o permanente.

Según un estudio llevado a cabo por Save the Children, los pequeños evidencian por término medio las siguientes realidades:

  • Los bombardeos y el fuego de artillería genera un estrés crónico en el cerebro infantil.
  • El 89 % de los padres indican que los niños dejan de ser los mismos, dejan de jugar, dejan de reír. El miedo y el nerviosismo les roba la infancia.
  • El 80 % de estos pequeños se vuelven más agresivos.
  • El 48 % de los niños dejan de hablar.
  • La mayoría sufren enuresis (incontinencia urinaria).
  • Cuando alcanzan la adolescencia recurren a menudo al consumo de las drogas.

El padre sirio que busca mantener intacta la infancia de su hija

Son varios los medios internacionales que han entrevistado ya a este padre sirio. Él sabe que no va a resultar fácil que dicho juego siga teniendo el efecto esperado en su niña; es consciente de que esas risas se apagarán en algún momento y de que Salwa abrirá los ojos al horror de la guerra. Pero cuando más tarde ese día, mejor.

Desconocemos si Abdullah logrará mantener esa inmunidad emocional en su niña, si conseguirá que el miedo, el estrés y la angustia la atrapen en algún momento. La guerra sigue avanzando, las fuerzas leales al Gobierno sirio, la aviación rusa y las milicias chiíes continúan con el asedio. Son ya 900.000 las personas desplazadas y el drama sirio no hace más que crecer.

«No queremos más ataques. Para nosotros es bastante con poder vivir bajo un toldo y conseguir algo de comida», comenta este padre sirio a medios como The Independent. 

Desconocemos si esta catástrofe humanitaria y este ataque encarnizado en el noroeste de Siria finalizarán antes de que Salwa sea lo bastante mayor para darse cuenta de que las bombas no son de juguete. De que en la guerra las pistolas no son de plástico y que las explosiones no son el eco de un juego.

Ojalá todo acabe antes de que nuestra protagonista se dé cuenta de que la realidad es muy distinta al dibujo lleno de cariño que su padre ha pintado para ella. Sea como sea, siempre contará con algo enormemente valioso: la protección y el amor inconmensurable de un padre que nos ha emocionado a todos.