El pensamiento polarizado, una distorsión cognitiva

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 6 diciembre, 2018
Edith Sánchez · 6 diciembre, 2018
El pensamiento polarizado actúa de forma automática y nos lleva a generalizar las situaciones, sin detenernos a examinarlas. Quienes piensan así suelen decir “Todo me sale mal”, “Siempre salgo perdiendo” y expresiones por el estilo.

Digamos primero que el pensamiento polarizado es una distorsión cognitiva. Esto quiere decir que se trata de un error de razonamiento en el que incurrimos sin darnos cuenta. Procesamos de forma equívoca la información que nos proporciona la realidad y esto nos lleva a experimentar algún tipo de perturbación emocional.

Las distorsiones cognitivas fueron descritas por Albert Ellis y Aaron Beck. En general, se definen como creencias erróneas, que conducen a estados de ánimo disfuncionales. Esto es a miedos irracionales o tristeza sin fundamento, etc. El pensamiento polarizado es una de esas modalidades de distorsión cognitiva.

Lo que hay en el pensamiento polarizado es una simplificación extrema de la realidad. Las cosas son blancas o negras, buenas o malas, etc. No se logran ver los matices que existen entre un extremo y otro. Quien tiene este tipo de distorsión se siente cómodo ubicando la realidad en alguno de los extremos. ¿Por qué ocurre? ¿Cómo superarlo? Veamos.

Generalizar siempre es equivocarse”.

-Hermann Keyserling-

Las características del pensamiento polarizado

La principal característica del pensamiento polarizado es la tendencia a generalizar y englobar las diferentes realidades bajo una misma categoría. Por eso las palabras favoritas para quienes piensan así son las más categóricas: siempre, nunca, todo, nada, etc. Lo hacen de forma automática. Tienen que poner en alguna de esas casillas cualquier hecho aislado que se les presente.

Lo preocupante es que esas categorías extremas son, por lo general, muy negativas. Las emplean para reiterar la existencia de algo malo. En quienes piensan así son habituales expresiones como “todo me sale mal”, o “siempre terminan aprovechándose de mí”. Y razonamientos por el estilo.

Para quienes tienen un pensamiento polarizado es como si no existieran los matices o los puntos medios. Construyen buena parte de su identidad sobre esas clasificaciones contundentes y buscan la forma de ubicarlo todo allí. Y aunque la realidad les demuestre que están equivocados, se resisten a abandonar su radicalización.

Mujer pensando preocupada

¿Por qué aparece esta distorsión cognitiva?

En general, el pensamiento polarizado es una característica de quienes adoptan una posición de victimismo ante la vida. Nadie hace esto porque sí, por simple capricho. Se trata de un bloqueo emocional que es producto de experiencias mal resueltas. En el fondo de todo existe la idea de que a uno le han sucedido “cosas malas” y que no lo merecía.

La víctima se asume a sí misma como un objeto pasivo de las circunstancias o del “destino”. Y reniega de ello. No cree que tenga algún control ni sobre los hechos negativos que ha experimentado, ni sobre el manejo que les ha dado. Supone que ha sido depositaria pasiva de un daño y que no puede hacer nada al respecto.

Se trata entonces de un bloqueo del desarrollo emocional. Este tipo de personas siguen viéndose a sí mismas como un niño. No han descubierto herramientas ni han adquirido recursos que puedan emplear para superar muchas de sus dificultades. A cambio, proyectan su queja y adoptan el pensamiento polarizado como un soporte de su posición existencial.

Superar el pensamiento polarizado

Este tipo de pensamiento no es solamente un error cognitivo, sino que implica dificultades previas no resueltas. Superarlo supone asumir una nueva perspectiva frente a nuestra propia historia y a lo que somos ahora, lo que podemos ahora. Adoptar la posición de víctimas de las circunstancias implica también una ganancia: nos exime de responsabilidades. Y, por supuesto, para salir de allí básicamente tenemos que aceptar que sí somos responsables de lo que nos sucede, pero sobre todo, de la forma en la que lo abordamos.

Hombres con gafas pensando

Una buena manera de comenzar es percatándonos de esos automatismos. Encender una alarma cada vez que pronunciemos las palabras categóricas como “nunca”, “siempre”, “todo”, “nada”, etc. Después, detenernos a evaluar qué tan razonable es la afirmación que estamos haciendo al respecto.

Más allá de esto, resulta importante pensar en esas situaciones de las que nos sentimos víctimas. Quizás una relación de pareja que nos causa malestar, o un trabajo que percibimos como excesivamente demandante.

¿En verdad la única opción que tenemos es la de aguantar y resistir? O quizás, ¿sabemos que hay otras salidas, pero tenemos miedo de optar por ellas? Tal vez el pensamiento polarizado sea un indicador de que no nos estamos tomando suficientemente en serio. Quizás necesitamos un espacio y un tiempo para pensar en lo que nos sucede.

  • Sedran, S. (2017). El rol de la información en los cambios de opinión: ¿actualización sesgada o racional?