El reflejo de nuestras propias mentiras

Arantxa Alvaro Fariñas · 2 mayo, 2016

Decisiones tomadas con la mente o con el corazón, aunque sean mentiras o verdades. Es una eterna dualidad que invade nuestra vida y nuestro pensamiento, que tiene su origen en la filosofía griega y en alguna de sus grandes figuras, como Aristóteles. Las aportaciones al pensamiento griego de este filósofo le hicieron merecedor del calificativo de “El filósofo”.

Sin embargo, del mismo modo podría ser conocido igualmente como “El científico”, porque Aristóteles estableció uno de las primeras bases sólidas para la ciencia: llegar a la verdad mediante la observación y la experimentación y no en base al razonamiento abstracto.

Aristóteles consideró al corazón como el órgano más importante del ser humano, frente al cerebro. Para el filósofo griego es el corazón, y no el cerebro, el director de las sensaciones y de los movimientos, el lugar en el que confluye la información que recibimos de nuestro entorno y donde nace la respuesta a ese universo que se encuentra al otro lado de nuestra piel.

“Considero más valiente al que conquista sus deseos que al que conquista a sus enemigos, ya que la victoria más dura es la victoria sobre uno mismo.”

-Aristóteles-

Las razones de Aristóteles para considerar al corazón como el centro director de nuestra conducta son diversas y adecuadas al conocimiento de la época. En base a sus escritos, podemos citar las siguientes razones: el corazón ocupa una posición central en el cuerpo y es sensible a las emociones.

Corazón rojo y cerebro azul y rosa

Por otro lado, Aristóteles sostenía que el corazón late más rápido ante alguna sensación y el cerebro no hace nada. Él entendía que si abrimos el cráneo y exponemos el cerebro, podemos ir cortando partes del mismo sin que el ser vivo muestre señales de sufrimiento en él, mientras que el corazón se altera profundamente ante una intervención similar.

Los que se auto-engañan, son buenos engañando a los demás

El autoengaño es un rasgo frecuente entre los seres humanos. Nuestro cerebro sabe lo que está ocurriendo, pero se ponen en marcha una serie de mecanismos que crean una realidad paralela repleta de mentiras, en la que terminamos creyendo de tanto repetirla y trabajar con ella.

En un estudio publicado por la revista Plos One se llega a la conclusión de que las personas que se engañan a sí mismas son las que mejor engañan a los demás. Este estudio fue llevado a cabo por diversas universidades británicas (Universidad de Newcastel, Queen Mary Londres, Exeter y University College London). Los investigadores analizaron a un grupo de estudiantes que se incorporaban por primera vez a la universidad y que no se conocían de nada.

“El cuerpo no es más que una mera proyección de la mente, y la mente no es más que un pobre reflejo del corazón radiante.”

-Ramana Maharshi-

Se reunió al grupo de estudiantes, y se les pidió que evaluasen a los demás y a ellos mismos con una nota. Los investigadores vieron que las personas que se pusieron notas más altas eran evaluados con una mejor nota por los demás, independientemente del rendimiento real. Seis semanas después se repitió el experimento y se obtuvieron los mismos resultados.

¿Puede ser beneficioso el autoengaño?

Según Robert Kurzban, psicólogo evolucionista de la Universidad de Pennsylvania y autor del libro “Por qué todos los demás son hipócritas”, vivir equivocados puede no ser tan malo como parece, particularmente para una especie tan social como la especie humana. Quizás las mentiras que nos contamos en ocasiones puede que cumplan una función…

Mujer tapándose los ojos

Robert Kurzban parte de dos ideas básicas. Por un lado, teniendo en cuenta que la mente consta de partes distintas o módulos diferentes, es fácil entender que podemos creer en muchas cosas contradictorias, desde el plano de la percepción hasta el de la moralidad; por otro lado, hay un mundo ahí afuera pero nuestro cerebro se dedica a interpretar nuestra experiencia, no tenemos acceso a la realidad sino a lo que nuestro cerebro interpreta de la realidad.

Según Kursban, los humanos somos criaturas evolucionadas y la evolución es un proceso competitivo, hemos evolucionado para competir con lo que nos rodea y hemos aprendido a engañar y a construir mentiras. Esa competitividad, en parte se basa en tratar de convencer a los demás de cosas que no son ciertas.

Hay diferentes modos en los que uno puede engañarse a sí mismo contándose mentiras pero la pregunta que nos debemos hacer es “¿soy yo que me engaño a mí mismo?” o “¿soy solo yo equivocándome de un modo interesante?”. Albergar creencias falsas puede ser útil para convencer a los demás de que crean algo que nos interesa y obtener una ventaja.

“No hay nada más fácil que el autoengaño. Ya que lo que desea cada hombre es lo primero que cree.”

-Demóstenes-