El señor de las moscas, creando una sociedad

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 8 abril, 2018
Leah Padalino · 8 abril, 2018

El señor de las moscas es la obra más reconocida del británico William Golding, publicada en 1954. No gozó de gran repercusión en su tiempo, pero se revalorizaría años más tarde, convirtiéndose en un clásico de la literatura inglesa de posguerra, que ha sido llevada al cine en dos ocasiones, en 1963 y 1990.

Se trata de una alegoría de la naturaleza humana, donde cada personaje representa un aspecto importante de las personas; explora la creación de una sociedad desde la nada y fundada por niños, ¿cómo se asignan los roles? ¿Cómo se escoge un líder?

La trama arranca cuando un avión, cuyos pasajeros son niños, sufre un accidente cerca de una isla desierta. Así, los supervivientes deberán organizarse para poder sobrevivir y tratar de ser rescatados. En una isla, en medio de la nada, donde no existen las normas y poblada por niños surge una nueva sociedad. A lo largo de la novela vamos descubriendo cómo la maldad puede nacer en cualquier persona, sin importar su edad. El señor de las moscas es todo un viaje hacia la maldad, hacia las diversas caras que puede presentar la naturaleza humana.

“La gente nunca resulta ser del todo como uno cree que es”.

El señor de las moscas

Niños, líderes y alegoría

El propio título de la obra es, en parte, alegórico, pues alude a Belcebú, al mal. En la novela, encontramos esta imagen del mal en la cabeza de jabalí que colocan los niños sobre una lanza; la cabeza, en estado de descomposición, está rodeada de moscas.

Al llegar a la isla, los niños se unen con la esperanza de sobrevivir y de ser encontrados lo antes posible, demostrando que el ser humano es social por naturaleza. Tal vez condicionados por la sociedad en la que han crecido, tal vez por el miedo y por el instinto de supervivencia, los niños deciden elegir un líder y lo hacen de forma democrática. El líder es Ralph, que no es el niño más inteligente, pero es ágil, fuerte y genera confianza en los demás.

Caracola en la playa

Lo que podía haber sido una oportunidad para desafiar a los adultos, para demostrar que los niños pueden ser más justos y racionales, termina convirtiéndose en una auténtica catástrofe. Desde el momento en que se elige al líder surge la rivalidad, de ahí, nacerá el odio que conducirá a una trágica y descontrolada situación. Sin adultos, sin leyes, son ellos quienes deciden:

  • Ralph: es el líder elegido por el resto de los niños. Representa la democracia, sus intenciones son buenas y quiere que los niños permanezcan unidos, es quien decide mantener una hoguera encendida con la esperanza de ser vistos y rescatados. A pesar de sus buenas intenciones, siempre consulta a Piggy y acaba perdiendo el control y el liderazgo.
  • Jack: es la contraposición de Ralph, es otro líder nato, pero autoritario. Es el mayor del grupo, al llevar menos tiempo que Ralph en el colegio, no resulta elegido líder, algo que le molesta. Su actitud es arrogante y pesimista, ha perdido la esperanza en ser rescatados y, poco a poco, va cayendo en la irracionalidad, haciéndose cada vez más violento. Infunda el miedo entre el resto de niños y, así, consigue que se unan a él.
  • Piggy: su nombre significa cerdito, es el principal objeto de burlas por su aspecto y por su condición de asmático. Sin embargo, es uno de los personajes más inteligentes y representa la racionalidad, pero por su aspecto y su mala condición física nadie se plantea elegirlo líder. A pesar de ello, Ralph confía plenamente en él y siempre le pide ayuda.
  • Simon: igual que Piggy, no goza de buena salud; es un niño reservado y calificado como raro, sin embargo, muestra una gran sensibilidad, especialmente, hacia los animales. Este personaje realmente revelador, descubre al “señor de las moscas” y es algo así como un portador de la verdad.
  • Roger: es uno de los personajes que presenta mayor evolución, situándose del lado de Ralph al principio y convirtiéndose en la mano derecha de Jack hacia el final. Roger parece un chico tranquilo y tímido, pero pronto descubre una nueva faceta de sí mismo, al ver que no existen leyes y que sus actos no serán condenados, acude a la violencia.

Estos niños establecen una jerarquía, un orden inspirado en el mundo que conocen, pero que irá rompiéndose y radicalizándose. Ante el miedo, no necesitan un líder racional, sino uno fuerte que les asegure tranquilidad y alimento.

“¿Qué es lo que somos? ¿Personas? ¿Animales? ¿Salvajes?”.

El señor de las moscas

Niños alrededor de una hoguera

La naturaleza del mal en El señor de las moscas

El señor de las moscas pretende “destrozar” a Rousseau, quien decía que el ser humano en su estado natural era bondadoso y no conocía la maldad, era la sociedad la que lo corrompía convirtiéndolo en malo. En la novela, ocurre todo lo contrario, los niños son libres, se encuentran en un estado totalmente natural y, sin embargo, al no existir sociedad, al no existir normas, se dejan llevar por esa naturaleza malvada, actuando de forma totalmente irracional.

La otra cara de la moneda sería Hobbes, que defiende que es la sociedad la que regula esa maldad, la que hace que nos comportemos como seres racionales. En este punto, situaríamos la obra de Golding, que a pesar de haber intentado elegir un líder y establecer una sociedad, los niños no pueden evitar sentir que en la isla son libres, que no tienen por qué obedecer a nadie.

Vemos que, en un principio, tratan de imitar el comportamiento del mundo que conocen, de los adultos. Encuentran una caracola que se convertirá en un símbolo democrático, que utilizarán para ceder la palabra a los demás; se organizarán para mantener la hoguera encendida, para conseguir alimentos y trabajar juntos, pero pronto toda esta utopía democrática terminará fracasando.

Algunos niños ven en la isla un lugar soñado, sin padres, sin profesores… ¿Por qué iban a obedecer? ¿Por qué comportarse de acuerdo a unas reglas? Los líderes jugarán un papel crucial y los niños irán eligiendo en qué bando quieren estar hasta hacer estallar una guerra.

El rumor de que una bestia habita la isla hará que los niños tengan miedo y apoyen a aquel que sea más fuerte; otros sentirán la libertad de poder dar rienda suelta a sus instintos más salvajes. Así, la isla, en un principio paradisíaca, terminará por convertirse en un auténtico locus terribilis de destrucción.

“Es nuestra isla, podemos divertirnos hasta que los mayores vengan a por nosotros”.

El señor de las moscas

Niños salvajes con fuego

El señor de las moscas, reflexiones

El señor de las moscas no solo habla de la naturaleza humana o de la pérdida de la inocencia, sino también de la organización de la sociedad. A su manera, estos niños crean de la nada una nueva jerarquía, en la que vemos diversos roles que nos recuerdan bastante al mundo real.

Los niños se irán dividiendo, igual que hacemos con las ideas políticas, se enfrentarán como en las guerras y se dejará a un lado la racionalidad. No premian la inteligencia, no buscan un líder que siga la razón, sino un líder fuerte que les proteja de sus miedos.

Todo esto nos recuerda al mundo tal y como lo conocemos, a cómo elegimos a nuestros líderes, y nos lleva a plantearnos si realmente la democracia existe o es posible. Entendiendo como democracia ese mundo en el que todos tenemos voz, esa utopía que planteaban al principio los niños y que ellos mismos irán destruyendo.

“Tienen que darse cuenta de que el miedo no les puede hacer más daño que un sueño”.

El señor de las moscas