Luchar contra el pesimismo

Marian García · 3 octubre, 2013

Mirar el mundo teñido de gris. Pensar que quienes están a nuestro alrededor conspiran contra nosotros. Prestar más atención a nuestras emociones negativas. Encontrar dificultades en todo y creer que, incluso los pequeños problemas son insuperables. Cuando alguien se siente así es porque el pesimismo se ha instalado en su vida.

“Ningún pesimista ha descubierto nunca el secreto de las estrellas, o navegado hacia una tierra sin descubrir, o abierto una nueva esperanza en el corazón humano.”

-Helen Keller-

El pesimista se hace, no se nace

Algunas personas piensan que son pesimistas “por naturaleza”. Pero están equivocadas. Nadie nace así, sino que es la vida la que nos enseña a serlo. Conforme vamos acumulando frustraciones y experiencias que nos cuesta trabajo asimilar, “aprendemos a ser pesimistas”.

El pesimismo es una actitud que no nos acarrea ningún beneficio, sino todo lo contrario, nos sumerge en un laberinto sin salida. El pesimismo puede llevarnos a vivir en un círculo vicioso del que podemos no ser capaces de escapar.

Hemos de saber que nuestros pensamientos y nuestras actitudes influyen poderosamente en el resultado de todo lo que hacemos. No podemos cruzarnos de brazos y esperar a que lleguen las soluciones o depositar toda nuestra confianza en el azar para que la buena suerte se cruce en nuestro camino.

Chica llorando con pesimismo

Cambiar la actitud frente al pesimismo

Las personas pesimistas creen que no merece la pena luchar, porque hagan lo que hagan nada va a cambiar. Se refugian en la pasividad y la desesperanza. Ven la botella siempre medio vacía.

Pero podemos poner remedio a esta sensación de pesar. Cambiar de actitud frente a la vida está en nuestras manos. Cualquier persona que se lo proponga puede tomar las riendas y apostar por ver las cosas de una manera más positiva, algo que repercutirá en nuestro ánimo y nos recompensará satisfactoriamente en nuestro día a día.

Luchar contra el pesimismo implica modificar los hábitos que nos llevan a centrarnos en los pensamientos y emociones negativas.

Recapacitar sobre lo que nos hace sentirnos así será el primer paso que tenemos que dar para reorientar nuestra actitud frente a la vida. Muchas veces se trata de descubrir que el pesimismo es una actitud heredada, tal vez, por la educación que hemos recibido en nuestra familia.

El siguiente paso es darnos cuenta de que podemos transformar este hábito y cambiar la inercia de pensar en negativo. Para alcanzar nuestra meta hay que intentar convertirnos en personas más positivas para disfrutar de los momentos felices y vivir de manera menos traumática nuestra vida.

¿De verdad es gris el futuro que nos espera?

Mujer dando color a un cuadro
Siéntate y reflexiona sobre esta creencia. ¿Está fundamentada en algo sólido o solo es una idea que nos ronda en la cabeza? Es habitual que una persona pesimista siempre vea con dramatismo el futuro, pero en la mayoría de las ocasiones no se trata más que de un temor.

Piensa que las cosas no siempre van a salir como nosotros queremos, pero no es más que una situación pasajera.

Hay que cambiar el chip, transformar nuestros pensamientos negativos en otros más constructivos y positivos. Debemos analizar qué sentimientos nos producen malestar y nos llevan a esos pensamientos negativos y decidir cambiarlos por una respuesta más ajustada el problema o a la realidad.

Un ejemplo que puede ser muy ilustrativo: en lugar de pensar “voy a suspender el examen”, sustituirlo por “he estudiado mucho y haré todo lo posible por aprobarlo”.

Por último, una persona que lucha contra el pesimismo ha de aprender a no darse por vencido ante las dificultades o cuando las cosas no salen como había planeado. Debe aprender a buscar alternativas para superar los problemas.

Es importante interiorizar la máxima de que “de todo se aprende, incluso de las experiencias negativas”. La clave radica en aceptar una derrota sin sentirse culpable o frustrado.