El señor Ibrahim y las flores del Corán

El señor Ibrahim y las flores del Corán

Carlos Rodríguez López 23 enero, 2015 en Cine, series y psicología 22 compartidos

Momo es un adolescente parisino que está descubriendo los placeres de la vida. Su existencia gira entorno a las prostitutas de su barrio, quienes le dan todo el cariño que su padre no le puede prestar. Un día, su padre le abandona y Momo se refugia en la compañía del señor Ibrahim, el dueño de una tienda de comestibles. Con el tiempo ambos se convertirán en amigos inseparables y realizarán un viaje que les cambiará la vida.

“El señor Ibrahim y las flores del Corán” es un ejemplo de cómo la austeridad narrativa y económica puede alumbrar títulos no sólo válidos, sino extraordinarios. La película que les presentamos hoy pertenece a este último grupo, el de las extraordinarias. Todo en ella es bello, natural y, en primera instancia, simple.

La historia que aquí se nos plantea no llama la atención por su  original; son cientos los metrajes que abordan la amistad de un hombre de la tercera edad con un menor. También se ha recurrido en numerosas ocasiones al tema de la religión, en especial a la confrontación de las mismas y a la convivencia de varias de ellas. “El Señor Ibrahim y las flores del Corán” pertenece a estas últimas.

Esta historia, que a priori resulta plana y poco original, es sólo un trasfondo, una excusa, para exponer una subhistoria, si la podemos llamar así. Lo más llamativo es la consecuencia de la trama general. Los personajes son sometidos a una serie de situaciones que desencadenan en un cruce de caminos. El destino los hace coincidir, y es en ese momento cuando el film exhibe todo su explendor.

Es notable su ambigüedad de género; ¿Es un drama? Desde luego tiene tintes dramáticos, pero salpicados por elementos cómicos con la suficiente asiduidad como para poder catalogarla como tragicomedia. ¿Es una comedia? No puede serlo ya que no tiene la continuidad necesaria, ni los personajes adecuados, para conformar un film de tal género.

Lo que sí es indiscutible es su tema: la amistad. He aquí una amistad que no entiende de condición social, ni de raza, ni de edad. La universalidad sobre la que versa “El señor Ibrahim y las flores del Corán” es su gran baluarte. El amor, la duda, el abandono, el arrepentimiento… todo tiene cabida en este título que pasó por los cines con más pena que gloria.

Si Omar Sharif demostró estar a la altura de las grandes estrellas de Hollywood en producciones en la década de los años sesenta, como “Lawrence de Arabia” y “Doctor Zhivago”, después dejó patente, con la caída generalizada de presupuestos destinados al cine de los setenta, que su categoría como actor era intachable en cualquier papel que desempeñara.

La edad siempre le ha sentado bien a Sharif quien, lejos de acobardarse por ver su rostro envejecido en la pantalla, ha utilizado su carisma para brindar al gran público actuaciones memorables. “El señor Ibrahim y las flores del Corán” es un gran título, pero sobre todo es Omar Sharif.

La película, estrenada en 2003, es una sinfonía de buenos augurios. Se trata de un discurso en el que sólo tienen cabida buenas palabras, por lo que el espectador  recoge  pensamientos positivos después de disfrutar de este largometraje. Su visionado puede servirte de gran ayuda tras un mal día.

Carlos Rodríguez López

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