El síndrome de abdicación o el poder de los gurús, ¿en qué consiste?

23 Septiembre, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater
¿Por qué si un político es corrupto sigue arrastrando con él a millones de personas? ¿Por qué un gurú de las teorías de la conspiración puede llegar a aglutinar tanto poder? El síndrome de abdicación nos da una valiosa explicación al respecto.

El síndrome de abdicación no deja de ser un fenómeno que se viene repitiendo desde el principio de los tiempos. Este concepto nos explica la razón por la que cientos de personas pueden seguir en un momento dado al líder de una secta, al cabecilla de un partido político antidemocrático, a un gurú o a cualquiera que en un momento dado comparta sus mesiánicas ideas.

Este tipo de hechos se dan cada día. No hace falta irnos a mediados del siglo XX para poner la mirada en el nazismo. Tampoco es necesario visualizar a Charles Manson y su familia o a David Koresh, líder de los davidianos. En la actualidad, siguen existiendo figuras poderosas que arrastran consigo a miles de seguidores, a miles de personas que dan por válidas ideas y conceptos radicales, infundados o conspirativos.

En los últimos años, muchos de estos perfiles tienen su espacio en las redes sociales y también en las esferas políticas. Ahí tenemos, por ejemplo, a George Soros, el magnate e inversor financiero​ húngaro, una figura que para muchos es poco más que la mano negra que articula mil y una conspiraciones en el mundo. Verdad o no, su poder y su legión de seguidores son indiscutibles.

Lo mismo sucede con otros tantos nombres, con figuras que dicen venir del campo de la medicina y que son capaces de curar (según ellos) enfermedades y hasta afecciones neurológicas como el autismo con un derivado de la lejía. Todo ello hace que nos preguntemos con estupefacción: ¿qué poder tienen estos gurús y los líderes autoritarios para arrastrar consigo a las masas?

Este concepto nos da una explicación. Lo analizamos.

Hombre con expresión de locura ejerciendo el síndrome de abdicación

El síndrome de abdicación, ¿en qué consiste?

El síndrome de abdicación, como gran parte de estas terminologías, no aparece en los manuales clínicos ni en ninguna categoría asociada a un trastorno psicológico. Como siempre decimos cuando hablamos de “síndromes”, son intentos por describir y encontrar explicación a comportamientos que vemos con frecuencia en nuestra sociedad.

Así, este término parte de una explicación dada hace pocos días por parte del doctor Steve Taylor. Este escritor y profesor titular de psicología en la Universidad de Leeds Beckett (Reino Unido) es además el presidente actual de la Sección de Psicología Transpersonal de la Sociedad Británica de Psicología. Cuenta con varios libros publicados y hace muy poco su nombre ha vuelto a ponerse de actualidad por haber acuñado este concepto.

Veamos en qué consiste.

La necesidad de sentirnos protegidos: yo solucionaré tus problemas

A menudo, las personas que caen en el seno de una secta son víctimas de figuras muy carismáticas, es cierto. Gran parte de estos líderes tienen una habilidad afilada para convencer a otros, para lavar sus mentes y convencerles de que ellos -y solo ellos- son la solución a todos sus problemas. Ahora bien, hay algo más.

Gran parte de quien se acerca a estas figuras lo hace desde la necesidad y la carencia. Muchos se sienten perdidos y necesitan sentirse parte de algo o de alguien. Así, el doctor Steve Taylor señala que cuando somos pequeños, tenemos en nuestros padres ese sostén psicológico y afectivo que todo lo ampara, que todo lo soluciona.

Nos sentimos seguros y libres de preocupación porque nuestros progenitores harán cualquier cosa para garantizar nuestro bienestar, por solucionar cualquier problema. En la edad adulta, algunas personas buscan sentir esta misma sensación. Dicho de otro modo “abdican” de su propia responsabilidad y capacidad de actuación para delegarlas sobre otros.

El síndrome de abdicación define por tanto esa inclinación en la que uno muestra devoción absoluta por un líder porque está convencido de que esa figura garantizará su bienestar. Es decir, ese gurú carismático se ocupará de mí, me defenderá y me dará lo que necesito -empezando por una “nueva familia”-. Yo no debo hacer nada, solo dejarme llevar…

Gurús que todo lo saben y que pueden pensar por ti

Cuando uno admira a una figura pública y notoria, alguien que aglutina poder, lo hace por varias razones. La primera: ya no necesitarán luchar en su día a día porque saben que ese líder velará por sus derechos. Ese gurú los ama, se preocupa por ellos hasta el punto de saber qué necesitan en cada momento. No hace falta que pienses; él ya lo hará por ti.

Se asienta con ello, las bases del clásico pensamiento único. Es decir, basta con que uno piense, decida y ordene para que los demás acaten cada idea. Al fin y al cabo, no hay nadie mejor que ese líder. Asimismo, no podemos dejar de lado un hecho, estas figuras se destacan por una serie de virtudes que actúan como efecto arrastre: tienen mucho dinero y poder, prometen solucionar enfermedades y algunos se distinguen por su espiritualidad, por ser la «salvación» a todos sus problemas.

El síndrome de abdicación supone darle al gurú un poder omnisciente, convertirlo en el “padre” de todos hasta lograr que la masa abdique en su capacidad de actuación, de libre pensamiento y autorresponsabilidad.

Hombre sonriendo para representar el síndrome de abdicación

Síndrome de abdicación, un encuentro entre necesidades que se retroalimentan

En este fenómeno tan actual, se da otro proceso no menos interesante. En el síndrome de abdicación suele haber un encuentro entre dos tipos de perfiles muy concretos. Por un lado está el narcisista, esa persona de ego mesiánico que necesita ser adorado. Por otra parte, están los seguidores, personas que necesitan seguir a alguien por diversas razones, algunas ya citadas: tener la sensación de que hay alguien que cuida de ellos, que defiende sus necesidades.

Tal y como podemos ver, este hecho no deja de ser interesante. Así, el síndrome de abdicación aparece con mayor intensidad en tiempos de dificultades e incertidumbre. ¿La razón? Cuando todo va mal, ansiamos aferrarnos a algo o alguien. Y aquí llega el peligro: poner la mirada y las expectativas en quien hace más ruido, en quien dice poder dar solución a todos nuestros problemas, es un riesgo innegable.

Tengámoslo presente.