El síndrome del profesor quemado

Alejandro Rodríguez · 9 mayo, 2018

El estrés es uno de los problemas más graves de la sociedad actual. Casi todas las personas se sienten estresadas de manera más o menos habitual y, aunque hemos llegado a aceptarlo como algo normal (normalizado), lo cierto es que puede llegar a causar muchos problemas a largo plazo. Uno de los más habituales es el síndrome del profesor quemado, también conocido como burnout docente.

Este problema es especialmente grave, debido a su alta incidencia dentro del mundo de la enseñanza y las consecuencias que trae para la educación de nuestros hijos. Por eso, en este artículo te contamos más sobre este síndrome, sus características y sus causas, así como qué puedes hacer para prevenirlo, tanto si eres profesor como si eres el padre de un niño en edad escolar.

¿Qué es el síndrome del profesor quemado?

El burnout es un síndrome relacionado con el desgaste producido en el ámbito laboral. Las personas que lo padecen presentan niveles elevados de estrés durante un periodo prolongado de tiempo, de tal manera que van acumulando cada vez un mayor agotamiento mental, emocional e incluso físico. Debido a ello, el desempeño en el trabajo es cada vez menor, y la persona que lo padece puede llegar a pasarlo realmente mal.

Profesor quemado

El síndrome del profesor quemado no es más que una variante específica del burnout, que se da en los profesionales del campo de la educación. Debido a los nuevos desafíos presentes en la educación, como la pérdida de autoridad de los profesores o la rebeldía de los alumnos, muchos educadores se sienten descontentos con su trabajo y pueden presentar una gran cantidad de síntomas relacionados con el estrés.

La mayoría de los casos están producidos por una diferencia de expectativas entre la idea que tenían de cómo iba a ser su trabajo y lo que ocurre en la realidad. Esto puede provocarles una disonancia cognitiva, fomentando la aparición del síndrome del profesor quemado. Pero, ¿cuáles son sus principales síntomas?

Síntomas más comunes del trastorno

A continuación veremos algunos de los síntomas más comunes del síndrome del profesor quemado.

1- Agotamiento emocional

Uno de los principales indicadores de que el problema existe es esa sensación, sostenida en el tiempo e intensa, de “no poder más”. Al igual que en la mayoría de los síndromes producidos por el estrés, las emociones se descontrolan y la persona tiende a sentirse triste, cansada y sin ganas de hacer nada.

Esto puede incluso llevar a algunos profesores a desarrollar problemas fisiológicos, como insomnio, dolores de cabeza o problemas intestinales. Sin embargo, la causa no hay que buscarla en un origen físico, sino en el propio estado emocional alterado.

2- Baja realización personal

Debido a que una de las principales causas del síndrome del profesor quemado es la imposibilidad de realizar el trabajo de la manera en la que le gustaría al docente, estos suelen presentar una gran insatisfacción con la labor que están desempeñando. Esta insatisfacción se traduce en la práctica como una sensación de fracaso o de derrota, así como la creencia de que se es impotente frente a las situaciones en el aula.

Esta sensación de fracaso podría extenderse, incluso, a otras áreas de la vida, generando problemas en las relaciones personales del profesor y en los otros aspectos de su vida diaria.

3- Despersonalización

Debido a que los profesores que sufren de este síndrome se sienten impotentes e inútiles, en muchas ocasiones tienden a encerrarse en sí mismos y pierden todo interés por su trabajo. De esta manera, su pasión por lo que hacen desaparece y comienzan a realizar sus tareas de forma mecánica, lo que puede introducirles un círculo vicioso que les lleve a sentirse aún peor respecto a su labor docente.

Profesor apoyando su cabeza en la pizarra

¿Cómo tratar el problema?

El síndrome del profesor quemado es un problema serio que puede afectar tanto a la calidad de la educación de los niños como a la vida personal de los docentes. Pero, ¿qué puedes hacer tú para solucionarlo?

  • Si eres profesor y notas que estás desarrollando algunos de los síntomas descritos anteriormente, lo mejor que puedes hacer es aprender alguna técnica de gestión del estrés. Algunas de las más eficaces son el mindfulness o la relajación muscular progresiva. Sin embargo, si notas que el problema se está descontrolando, ir al psicólogo puede ser de mucha ayuda.
  • Si por el contrario eres padre, también puedes aportar tu granito de arena para evitar que los profesores de tus hijos sufran este problema. Enseña a tus pequeños a ponerse en el lugar del profesor y trata de facilitar en todo lo que puedas su labor educativa. Al fin y al cabo, la educación de tus hijos es también tarea tuya.

Quizás, en este sentido, sin dejar de ser importante la labor con los docentes que ya han entrado en este círculo de estrés, lo es todavía más la labor preventiva. Aquí es donde entra nuestra responsabilidad como sociedad, nos dediquemos o no a la enseñanza.