El valor de tus datos personales en la actualidad

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 23 marzo, 2018
Edith Sánchez · 23 marzo, 2018

Casi sin darnos cuenta hemos terminado viviendo en una sociedad donde prima la famosa metáfora del Gran Hermano. Todo el tiempo estamos siendo vigilados, prácticamente en cualquier lugar. Pero no solo eso, también nuestros datos personales se han convertido en un material al que tienen acceso infinidad de empresas, personas e instituciones, sin que seamos conscientes de ello.

Nuestros datos personales se compran y se venden todos los días. Desde que entramos en Internet hay sistemas que están recopilando información sobre todo lo que hacemos. Qué miramos, cuándo, cómo, por qué. Qué compramos y qué no. En general, cómo nos comportamos.

El ordenador nació para resolver problemas que antes no existían”.

-Bill Gates-

¿Qué hacen con nuestros datos personales? No lo sabemos del todo. Sabemos que se emplean comercialmente porque hay información que se vende a compañías de las cuales somos clientes potenciales. Luego ellos implementan estrategias de mercadeo, muy específicas, según los gustos e intereses que hayan detectado de nosotros. Sin embargo, muchos especulan con que los gobiernos y los estados también acceden a esos datos para ejercer una especie de “seguimiento” constante sobre nuestra vida.

Nada es gratuito en Internet

Los datos personales son tan valiosos, que por eso a cambio nos ofrecen todo un conjunto de servicios aparentemente gratuitos. Por ejemplo, los motores de búsqueda. Cualquiera puede hacer uso de ellos, supuestamente sin ninguna contraprestación. En realidad esto no es así: se paga con información sobre nosotros mismos.

Amigos con sus móviles informando de sus datos personales

Lo mismo ocurre en las redes sociales. Facebook, Twitter o Instagram no cobran un céntimo por hacer uso de sus plataformas. Sin embargo, todo el tiempo están recogiendo información, muchas veces de carácter absolutamente privado. Y no la recopilan por curiosidad. Lo hacen porque esa información tiene un valor comercial.

En principio parecería una transacción equitativa. Algo deben recibir estas compañías, a cambio de poner a nuestro servicio todas esas aplicaciones. Lo malo es que también surgen varios aspectos que son altamente problemáticos. El primero, que finalmente no sabemos cuál va a ser el uso que le van a dar a nuestros datos personales. El segundo, que eventualmente podemos ser manipulados de una manera tan sutil, que sería imposible de detectar.

Los datos personales y el condicionamiento

Dicen que antiguamente a la gente tenían que presionarla, o incluso torturarla, para que entregara su información confidencial. Ahora, de buena gana compartimos nuestros datos personales. Quizás no nos demos cuenta, pero cada foto de nuestra familia, amigos, de nosotros mismos, aporta información. Cada evento que hacemos público aporta datos valiosos comercial y también política y militarmente.

cookies recogiendo datos personales

En cada sitio de Internet hay cookies. Esto incluye a las redes sociales. Estas se instalan en el dispositivo y su misión es hacer un seguimiento a lo que hacemos online. Incluso si se borran frecuentemente, pueden seguir operando. A veces las cookies pueden ser activadas remotamente y acceden a nuestras fotografías personales, videos, etc. Cuando aceptamos las cookies, aceptamos eso.

Con base en toda esa información, se definen nuestros patrones de comportamiento. Si saben que viajas mucho, por ejemplo, vas a encontrar a toda hora información sobre viajes. Claro que las ofertas que te llegan van a estar cuidadosamente filtradas. No necesariamente te ofrecen lo mejor, sino que te presentan la información de aquellas compañías que han pagado por ello.

Los riesgos latentes

Las redes sociales organizan la información que recogen a partir de los datos personales. Con base en ella hacen inferencias sobre nuestro comportamiento, no solo comercial, sino también social. Deducen que interactuamos más con unas personas que con otras. Por eso siempre nos ponen la actividad de unos en primer plano y relegan la de otros. Imperceptiblemente, nos van encasillando. Organizan nuestro mundo.

Tampoco se nos puede olvidar que hay muchos maleantes que ya saben cómo dar valor a nuestros datos personales. Ellos también hacen sus análisis en términos de costo/oportunidad. Sin darnos cuenta, muchas veces damos información acerca de nuestras transacciones financieras, nuestra condición económica y muchos otros datos que ellos terminan aprovechando. En casos más siniestros, también detectan la condición en la que están y la forma como actúan los niños y adolescentes. Muchas veces los convierten en sus víctimas.

mano buscando datos personales

El llamado, entonces, es a ser más cuidadosos con nuestros datos personales. Solo hay que aceptar las cookies de sitios altamente confiables. Las redes sociales no son para hacer pública nuestra vida privada. Son un genial mecanismo de interacción, pero se debe mantener una reserva frente a datos sensibles. No debemos olvidar tampoco que Internet no es la vida. Y estar atentos a esas celadas de los algoritmos.