La emoción desplazada, cuando tus reacciones tienen otros orígenes

Muchas veces, detrás de nuestros enfados con los demás, hay una emoción no aceptada y de valencia negativa que empleamos en contra de quienes no lo merecen.
La emoción desplazada, cuando tus reacciones tienen otros orígenes
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater.

Última actualización: 07 diciembre, 2021

La emoción desplazada define un tipo común de mecanismo de defensa. Aparece cuando nos cuesta lidiar con sentimientos o sensaciones complicadas. En lugar de afrontarlas, de tomar contacto con ellas para entenderlas, la mente opta por redirigirlas a otra esfera, a otra dimensión, conducta o persona.

Podemos describir muchas situaciones que edifican este proceso psicoemocional y que a todos nos será familiar. Sucede cuando, por ejemplo, tenemos un jefe que nos suscita un elevado estrés y malestar. No es fácil gestionar esa situación. No es sencillo poner en orden nuestros sentimientos porque son afilados, angustiantes y con una gran valencia negativa.

En su lugar, lo que hacemos muchas veces es volcar todo ese desprecio, dolor e injusticia en nuestra pareja mediante el mal humor. La frustración y el sufrimiento interno se desplazan al exterior a través de reacciones poco ajustadas hacia quienes menos las merecen. Esa ira queda liberada del modo menos saludable, puesto que lo que genera a corto y plazo es arrepentimiento y como consecuencia un mayor malestar.

Reprimir o desplazar emociones no sirve de nada. Nuestro estado emocional adverso o problemático no solo permanece, sino que se intensifica. Profundicemos un poco más en este tema.

 “Lo que aceptaste transformalo que niegaste somete”.

-Carl Jung-

Pareja discutiendo debido a una emoción desplazada

¿Qué es la emoción desplazada?

El concepto de desplazamiento, en alemán verschiebung, tiene su origen en Sigmund Freud. Se trata de un mecanismo de defensa inconsciente que la mente pone en marcha cuando no puede aceptar una emoción demasiado hostil. En su lugar, la desplaza, la conduce hasta otro lugar para buscarle una salida más aceptable, y liberar así esa tensión.

El padre del psicoanálisis estableció que, por lo general, las personas llevamos a cabo muchos tipos de “desplazamientos”; un ejemplo de ello sería la clásica proyección psicológica. Cuando alguien no acepta una característica o dimensión problemática en uno mismo la “desplaza” en los demás, viendo en quienes le rodean defectos que en realidad son propios.

Ahora bien, Freud explicó también que no todos los desplazamientos son negativos. La sublimación, por ejemplo, consiste en desplazar sentimientos sexuales inaceptables hacia escenarios creativos. El arte sería por ejemplo un mecanismo para expresar, de manera inocua y catártica a la vez, alguno de esos impulsos que a la mente le cuesta aceptar.

Ahora bien, más allá del marco psicoanalítico hay un hecho indudable. El desplazamiento emocional es una conducta mental es una conducta mental que llevamos a cabo con frecuencia…

Los mecanismos de defensa son un recurso que lleva a cabo la mente cuando intenta, de manera inconsciente y casi automática, reducir la ansiedad y la contradicción para restaurar el equilibrio emocional.

La negación desplazada, cuando no aceptamos lo que sentimos

La emoción desplazada se manifiesta de muchas maneras, la más recurrente es negando lo que sentimos y hasta lo que deseamos. Pongamos un ejemplo. Llevamos mucho tiempo soñando con un ascenso en nuestro trabajo. Sin embargo, cada vez que aparece la oportunidad, se nos niega. Siempre es otro el que logra el reconocimiento.

Al final, nuestra mente, incapaz de procesar tanta frustración, rabia, injusticia y decepción, termina convenciéndonos de que, en realidad, no queríamos ese ascenso. Negamos esas emociones y además negamos nuestras ambiciones. Este mecanismo de defensa nos sitúa en una zona de confort donde la vida, en apariencia, deja de doler, pero donde a su vez nuestro potencial se recorta y difumina.

Transferencia directa, la emoción como arma agresiva

Todo lo que no se acepta, no se asume y ni se procesa sigue estando presente. Negar una emoción es como intentar sumergir un balón debajo del agua. Al final acaba emergiendo con fuerza; y a veces hasta nos golpea. Esto es lo que sucedería con la emoción desplazada cuando se lleva a cabo el mecanismo de transferencia directa.

Son esas situaciones en las que al acumular tanta carga de frustración y negatividad, la acabamos volcando sobre los demás. Hablamos mal a nuestra pareja, tenemos cada vez menos paciencia con nuestros hijos y cada vez discutimos más con los amigos.

Desplazar emociones tiene como consecuencia en muchos casos, impregnar esa negatividad en víctimas colaterales.

La emoción desplazada y la transferencia conductual

Hacer deporte de manera intensa e incluso caer en las autolesiones. La emoción desplazada puede buscar canales válidos, pero también patológicos. Ejemplo de la primera conducta es recurrir al deporte de alta intensidad o buscar en el arte un medio para gastar la energía emocional que no necesitamos para nuestra estrategia de afrontamiento inteligente. Estos comportamientos serían herramientas adecuadas y positivas.

Ahora bien, la emoción que no se acepta puede canalizarse mediante autolesiones o prácticas como el cutting. Son respuestas claramente problemáticas que necesitan de una atención profesional.

hoja en forma de corazón simbolizando la emoción desplazada

¿Cómo manejar estas situaciones?

Arthur J. Clark, profesor en la Universidad de St. Lawrence, dispone de un trabajo muy interesante sobre los mecanismos de defensa. En Defense Mechanisms in the Counseling Process (2012) analiza cómo el desplazamiento es un hecho que se aprecia con frecuencia en terapia psicológica.

Como bien señala a modo de ironía en el propio prólogo, “la persona que puede sonreír cuando las cosas van mal, es que ya ha pensado en alguien a quien culpar”. Ahora bien, ¿qué podemos hacer en estas circunstancias? Lo más importante sin duda es darnos cuenta de ello. No es algo sencillo, porque este tipo de mecanismos son automáticos e inconscientes.

Técnicas como la reflexión y el encuadre pueden ayudarnos. La primera nos permite tomar conciencia de preocupaciones e inquietudes ocultas que median en nuestra conducta y trato con los demás. La segunda implica tomar un poco de distancia de nuestra realidad y entonces ver las cosas con mayor perspectiva y replantear narrativas, descubrir emociones que hemos descuidado.

En esencia, desplazar lo que sentimos empeora mucho más nuestra experiencia vital. Evitemos caer en estas prácticas, no dudemos en solicitar ayuda profesional.

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  • Arthur J. Clark, Defense Mechanisms in the Counselling Process (1998), Chap. 3: "Displacement"
  • Baumeister RF, Dale K, Sommer KL. Freudian defense mechanisms and empirical findings in modern social psychology: Reaction formation, projection, displacement, undoing, isolation, sublimation, and denial. J Pers. 1998;66(6):1081-1124. doi:10.1111/1467-6494.00043
  • Eric Berne, A Layman's Guide to Psychiatry and Psychoanalysis (1976) p. 399
  • Mark Krupnick, Displacement: Derrida and After (1983)
  • Mohiyeddini C, Bauer S, Semple S. Displacement behaviour is associated with reduced stress levels among men but not women. PLoS ONE. 2013;8(2):e56355. doi:10.1371/journal.pone.0056355
  • Waqas A, Naveed S, Aedma KK, Tariq M, Afzaal T. Exploring clusters of defense styles, psychiatric symptoms and academic achievements among medical students: A cross-sectional study in Pakistan. BMC Res Notes. 2018;11(1):782. doi:10.1186/s13104-018-3876-6