¿Enseña el porno a usar a las mujeres?

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 30 noviembre, 2018
Fátima Servián Franco · 30 noviembre, 2018
Creo que el sexo online es muy violento. Me pregunto por qué alguien querría ver a una mujer en una situación de abuso. No puedo entenderlo, es terrible -Traci Lords- Estrella del porno en los 80

En los tiempos en los que las políticas activas de igualdad están empezando a florecer, se viene denunciando una doble moral respecto a la pornografía. Bajo el lema de libertad sexual, una parte de la pornografía manda el mensaje de que las mujeres están para ser usadas y que el placer de ellos se logra mediante el sexo, abuso y agresión. Los vídeos más visitados así lo muestran; chicas sufriendo, pasándolo mal o incluso inconscientes durante la relación sexual.

La pornografía aparece históricamente como un estímulo propio del erotismo masculino, como un accesorio directamente vinculado a la sexualidad de los hombres. Las mujeres condenadas a la no satisfacción del deseo sexual, o a la indiferencia ante ello, no han desarrollado pautas de gusto o de satisfacción sexual basadas en otros muchos tipos de estímulos, entre ellos la pornografía.

Esto no significa que las mujeres actualmente no consumen pornografía, el 61% de las mujeres ve películas porno con sus parejas, un 15% con amigas o amigos, y un 19% solas (Bassani, 2005). Pero, los estudios también nos dicen que los hombres son los principales consumidores de pornografía, o por lo menos eso es lo que revelan los estudios cuantitativos sobre la cuestión.

Silueta de una mujer caminando

¿Enseña el porno a usar a las mujeres?

Según la crítica feminista, la pornografía refuerza los estereotipos de género. La trama narrativa es directa, sin mediaciones, las formas de posesión de las mujeres en casi todos los casos de sumisión y cierto grado de violencia indican un género basado en sumisión de la mujer y en ciertas reglas y características estéticas.

Todo parece responder a una lógica de la estética y eroticidad de lo masculino. El orgasmo femenino condicionado al poder fálico masculino. El orgasmo masculino exhibido fuera del cuerpo, la absoluta falta de compañerismo, complicidad o mínimo afecto en la pareja dan muestras de que la industria del porno en muchos casos, directa o indirectamente, está mandando un mensaje sexual dañino a nuestros jóvenes.

Según Sierra (2011), se evidencian tres clases de pornografía según el tipo de interacción de las personas que actúan. La pornografía de lujo busca la exposición sexualmente sutil de hombres y mujeres que exhiben su cuerpo para vender una idea publicitaria o de entretenimiento.

La pornografía suave o refinada se caracteriza por tener como propio resultado y objeto la exhibición del cuerpo, sin pretender otra cosa más que la muestra clara de ello. Y la pornografía cruda, donde se busca la exposición explícita y las personas adoptan el papel de objetos.

En ocasiones se encuentran representaciones, buscando la excitación del espectador, de muy duras, lo cual conlleva a alcanzar un nivel de desensibilización en el consumidor, hasta tal punto de trascender más allá del rol de espectador y alimentar un posible deseo de hacer realidad o participar en dichas situaciones sexuales.

Hombre con un ordenador

María 12 años, ¿víctima del porno?

María no estaba a gusto con su cuerpo, no se soportaba a sí misma, aunque la terrible razón no la descubrieron hasta unos meses más tarde. Hasta el día en que la niña -con 12 años aún se es una niña- llegó a casa con el jersey manchado. La mancha era de semen. Y se descubrió todo lo que estaba pasando.

Y lo que estaba pasando había comenzado un día, varios meses atrás, cuando cuatro compañeros de clase -niños de 12 años, como ella- la encerraron en un baño del colegio y se masturbaron a su lado. “Si dices algo”, la amenazaron, “contamos a todos que eres una puta”. Ella calló. Y, como calló, los abusos se repitieron.

Cada semana esos niños, insisto, 12 años, buscaban el momento para encerrar en el baño a su compañera y masturbarse. Al principio no la tocaban, pero el abuso fue creciendo en intensidad, hasta el día en que decidieron eyacular todos sobre ella. Ese fue el día en que la niña llegó a casa con el jersey manchado. De semen.

Los padres han denunciado, pero los niños, a esa edad, son inimputables. Siguen yendo al mismo colegio que su víctima, aunque a ella -¡a ella!- la han cambiado de clase. Esa niña sufrirá las consecuencias a lo largo de su vida y será complicado -les dice la psicóloga- que pueda tener una relación sexual sana y normal. ¿Sabéis qué han contado los abusadores a sus padres? Que solo han hecho lo que han visto en sus móviles. Porno.

  • BASSANI, L. (2005). Mujeres adictas a la pornografía: todo lo que entra, entra por los ojos. Clarín.
  • Del Río, J. M. V., Jiménez, R. S., & Marco-Macarro, M. J. (2017). Recreando espacios, tiempos y relaciones en Internet. Revista Fórum Identidades.
  • Sierra, J. C., Vallejo-Medina, P., & Santos-Iglesias, P. (2011). Propiedades psicométricas de la versión española de la Sexual Assertiveness Scale (SAS).