Eres mucho más que aquello que te rompió alguna vez

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas
14 agosto, 2019
A veces, nos definimos en base al dolor experimentado, a las heridas que configuran nuestro pasado. Pero somos eso y mucho más, nuestra capacidad de resiliencia también cuenta.

Eres mucho más que aquello que te rompió alguna vez. Mucho más que tus heridas, esas que de vez en cuando vuelven a sangrar porque no has conseguido sanarlas del todo, esas que forman parte de las costuras de tu memoria y que tienen la mala costumbre de aparecer para recordarte que los días malos también existen.

Eres mucho más que todo aquello que te hizo sufrir y que aún sin quererlo marcó tu historia de por vida. Más que el amargor de tus lágrimas, la sensación de ahogo en la que a veces te sumergías y el dolor resultante de tu esfuerzo por seguir luchando cada día más y más.

Porque aunque el sufrimiento no pueda borrarse y forme parte de tu recorrido, tu fortaleza también te caracteriza, aunque hubiese momentos en los que desapareciese o se tambalease. Créeme, eres más valiente de lo que imaginas y más increíble de lo que piensas, tan solo tienes que aprender a mirarte.

«A veces en lo oscuro, en lo complicado, se toca la verdad».

-Carmen Martín Gaite-

Ojo de una mujer con una lágrima para representar las emociones desadaptativas

Tu gran fortaleza: la resiliencia

Aunque la vida no haya sido siempre fácil para ti y tu camino esté repleto de obstáculos, agujeros y trampas, no puedes definirte únicamente a partir de tus heridas, de ese dolor que te esclavizó por tanto tiempo y de esa angustia que invadía cada poro de tu piel.

¿Sabes por qué? Porque eres mucho más que aquello que te rompió alguna vez. Tu capacidad de reponerte también cuenta. ¿Has pensado alguna vez en el esfuerzo que pusiste en marcha por salir de esa situación? ¿En tu capacidad para seguir adelante a pesar de las tormentas y recomponer una a una tus piezas?

Eres mucho más que aquello que te rompió alguna vez y amenazó con destruirte. No te limites a definirte a través del sufrimiento.

Más allá del cansancio, del agotamiento, de tus ganas de nada y de ese dolor punzante que arrastrabas, fuiste capaz de continuar sin saber muy bien hacia donde, pero con la tenue esperanza de llegar a tierra firme en algún momento. O al menos de aliviar el sufrimiento que te impedía ver más allá de la oscuridad.

Es cierto, hubo momentos de todo tipo. A veces la rendición estaba a un paso y otras la valentía empujaba con fuerza, lo cierto es que hoy estás aquí y si a algo es debido es a tu gran capacidad de resiliencia. Supiste salir a flote a pesar de las dificultades porque en el fondo sabías que detrás de cada una de ellas, podías hallar un aprendizaje.

Quizás en ese momento no lo entendías y los por qué te golpeaban con fuerza, pero en lugar de sumergirte en una espiral de respuestas que los despejasen, te armaste de valor y optaste por seguir adelante.

«A pesar de que el mundo está lleno de sufrimiento, también está lleno de personas valientes que están superándolo».

-Hellen Keller-

Mujer pensando en sus errores

La sabiduría que se esconde tras el sufrimiento

Tal vez todavía no hayas sido capaz de cicatrizar del todo tus heridas o quizás te encuentres en proceso de reconstrucción. No pasa nada. La senda que atraviesa experiencias dolorosas no conlleva un caminar rápido, todo lo contrario: necesita de la lentitud, la paciencia y la consciencia.

O quizás sí, quizás te encuentres en tierra firme, tras navegar entre tormentas. Sea como sea, lo importante es que veas más allá de todo lo vivido, que profundices en ello y seas capaz de extraer un aprendizaje. 

Eres más que aquello que te rompió alguna vez, tu capacidad de reponerte también cuenta.

A menudo, huimos del sufrimiento porque sabemos, o más bien tememos lo que conlleva, el problema es que no somos inmunes a él y tampoco podemos librarnos de sus garras. Todo sufrimos en mayor o menos medida. Por lo que en vez de centrarte en tratar de vivir sin sufrir, deberías aprender a experimentarlo de forma distinta.

No es fácil, es cierto, y más cuando supone enfrentar circunstancias y emociones desagradables, pero ¿de qué te vale quedarte en ruinas? Tu reconstrucción es posible. Tan solo tienes que aprender a integrar el sufrimiento en tu historia de vida como un capítulo más, ese que forma parte de tu historia, pero que no la define únicamente, pues necesita del resto de episodios para cobrar un sentido.

Ahora bien, ¿qué se necesitas para ello?

  • Aceptación. Reconocer tu dolor y darle un espacio es necesario para que dejes de condenarte, para evitar que tu día a día esté marcado por los fantasmas del pasado y puedas iluminar todo aquella que guardas en tu interior y que también te define, como tu fortaleza, tu capacidad de lucha, tus ganas de vivir y de seguir alimentado esperanzas.
  • También puedes ayudarte de los «para qué. A menudo, conllevan más aprendizaje en sus respuestas del que imaginas.

Lo importante es que no te quedes en la superficie de tu dolor, que navegues por él y tengas en cuenta que eres mucho más que aquello que te rompió, que tu vida está repleta de capítulos que solo tienen sentido en conjunto. Porque tu historia es algo más que tus heridas…

«La herida es el lugar a través del cual entra la luz».

-Rumi-