Esa tormenta que pasaste te trajo de vuelta a la vida - La Mente es Maravillosa

Esa tormenta que pasaste te trajo de vuelta a la vida

Cristina Roda Rivera 19, Diciembre 2015 en Emociones 8478 compartidos

Gran parte de lo que somos viene determinado por lo que hemos vivido. Solemos subestimar el aprendizaje de las experiencias más duras sin pararnos a pensar en el gran cambio positivo que éstas han podido aportarnos, centrándonos solo en aspectos negativos.

Añoramos cómo éramos antes de que cosas desagradables nos ocurriesen, sin caer en la cuenta de que en la vida inevitablemente pasaremos por este tipo de cosas, de las que podemos salir derrotados o fortalecidos.

En realidad, son los tiempos tumultuosos, las grandes decepciones y los sucesos desagradables los que revelan nuestra verdadera naturaleza y los que provocan que seamos más fuertes y resilientes. Casualidad o no, a veces esa tormenta que pasaste te trajo de vuelta a la vida. Paradójicamente y sin esperarlo, tras reponerte de un daño y un gran dolor, estás más en calma que nunca.

Las tormentas que nos transforman

Si la vida fuese plana y fácil, no sería vida. Si en el mundo todas las personas fuesen iguales y quisieran lo mismo, las relaciones humanas serían vacías y no existiría motivación de lucha y superación. Incluso imaginando una sociedad plena de justicia e igualdad, algo maravilloso que todos añoramos… los conflictos seguirían produciéndose.

Mujer-montada-en-un-caballo-huyendo-de-la-tormenta

La inestabilidad está en la propia naturaleza que nos rodea y en la propia naturaleza de los seres humanos. No saber tolerar la ambigüedad, la incertidumbre y el conflicto es un abono fértil para padecer trastornos psicológicos. El mito de la estabilidad en nuestras vidas es solo eso, un mito.

Si somos conscientes de este hecho, estaremos preparados y concienciados de que los cambios bruscos y sucesos dolorosos son posibles. Preparados y concienciados, nunca entrenados… ahí radica la belleza y la variabilidad de los seres humanos; en la forma en la que se desenvuelven en lo bueno y en lo malo que les sucede.

La metáfora Kintsugi

A veces cuando hemos pasado por una situación o época dolorosa, creemos que lo más conveniente es pegar nuestros trozos rotos de la mejor manera posible, creyendo que siempre tienen que pasar por el hecho de ocultar nuestras cicatrices.

Queremos a toda costa, salir adelante indemnes del dolor que acabamos de pasar y asociamos pasar página y ser fuertes con no mostrar señales de debilidad. Que nada ni nadie pueda intuir que un día fuimos débiles, que nos rompimos en mil pedazos… eso puede dar la sensación de nuestra fragilidad y de que puedan hacernos daño más fácilmente.

La cultura occidental tiene que aprender mucho de lo que filosofías orientales nos enseñan en este aspecto: El dolor no tiene porque ocultarse, no debemos asociar la falta de dolor con el mantenimiento de la autoestima. El haber pasado por una situación difícil y haberla superado es una señal de orgullo y de belleza.

Mujer japonesa triste

Cuando los japoneses reparan objetos rotos, enaltecen la zona dañada rellenando las grietas con oro. Ellos creen que cuando algo ha sufrido un daño y tiene una historia, se vuelve más hermoso.

El arte tradicional japonés de la reparación de la cerámica rota con un adhesivo fuerte, rociado luego, con polvo de oro, se llama Kintsugi.
El resultado es que la cerámica no sólo queda reparada sino que es aún más fuerte que la original.

En lugar de tratar de ocultar los defectos y grietas, estos se acentúan y celebran, ya que ahora se han convertido en la parte más fuerte de la pieza. Kintsukuroi es el término japonés que designa al arte de reparar con laca de oro o plata, entendiendo que el objeto es más bello por haber estado roto.

La idea es que cuando algo valioso se quiebra, una gran estrategia a seguir es no ocultar su fragilidad ni su imperfección, y repararlo con algo que haga las veces de oro: fortaleza, servicio, virtud… La prueba de la imperfección y la fragilidad, pero también de la resiliencia, la capacidad de recuperarse.

Las grandes tormentas emocionales traen algo nuevo

Lo que una tormenta emocional representa en nuestra vida no lo podremos saber hasta que no salgamos por completo de ella. Incluso hay tormentas que aparecen una y otra vez, y no desaparecen por completo hasta que nosotros hayamos conseguido hacerles frente y ponernos bajo cielo raso, asumiendo que siempre los nubarrones asomarán al igual que los rayos del sol.

Una vez más la naturaleza nos da su verdadera enseñanza: nada es inmutable e imperecedero, por muy calmado y hermoso que algo parezca. Los cambios son la única regla que parece cumplirse siempre. Allá arriba y por aquí abajo.

“Una vez acabe la tormenta no recordarás como la superaste, como hiciste para sobrevivir, de hecho ni siquiera estarás seguro de que haya acabado. Pero una cosa es segura, cuando salgas de la tormenta no serás la misma persona que entró. Eso es lo que la tormenta significa”

-Haruki Murakami-

Hombre y mujer debajo de un paraguas

Así que la próxima vez que venga una tormenta es normal que tengas miedo… aunque intenta seguir en pie. Si te revuelca y te magulla, asume ese dolor no con una actitud pasiva o masoquista, sino consciente y selectiva.

Son los pequeños detalles los que pueden revelarte muchas cosas de ti que podrán servirte en adelante. Quizás todas esas pequeñas magulladuras te han mostrado qué y quiénes te han estado haciendo daño.

Al fin y al cabo, hay tormentas que son inevitables en esta vida. Así que una vez que ya estás bajo ellas, deja que te empapen y quizás salgas con las ideas más limpias. O directamente con unas nuevas ideas que te devuelvan a la vida.

Imágenes cortesía de Nathalia Suellen y Fairy Tales

Cristina Roda Rivera

Psicóloga,Especialista Máster en Psicología clínica y social.

Ver perfil »