Estoy intentando ser mejor, pero sigo teniendo derecho a fallar

Al intentar cambiar algo en nosotros mismos, el entorno no siempre nos lo pone fácil. Por ello recuerda que, mientras mejoras, tienes derecho a fallar, levantarte y volver a intentarlo.
Estoy intentando ser mejor, pero sigo teniendo derecho a fallar
Elena Sanz

Escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz el 20 diciembre, 2020.

Última actualización: 20 diciembre, 2020

Cuando nos embarcamos en cualquier tarea de crecimiento personal, hemos de saber que todo es un proceso. Los cambios no se producirán de un día para otro; para obtener resultados, habremos de ser perseverantes y disciplinados. Aun así, esperamos que nuestros seres queridos se alegren por nuestra decisión y nos apoyen en el camino. Por lo mismo, podemos sentirnos furiosos y decepcionados cuando estos aprovechan cualquier retroceso para menospreciar nuestro esfuerzo. Y es que algunas personas parecen olvidar que, aunque estés intentando ser mejor, aún tienes derecho a fallar.

Por lo anterior, es imprescindible que seamos conscientes de que nosotros mismos, nuestro propio bienestar, debe ser el principal motor del cambio. Si esperamos la aprobación, el reconocimiento y el apoyo de fuera, es probable que nos rindamos antes de alcanzar la meta. Hemos de cambiar por y para nosotros y convertirnos en nuestro propio entrenador y animador personal. Pero, aún así, ¿por qué otros pueden querer frenarnos? ¿Cómo podemos afrontarlo?

Mujer triste

¿Cuándo olvidan los demás tu derecho a fallar?

Posiblemente a lo largo de la vida te hayas encontrado en diferentes momentos que reflejan esta situación. Por ejemplo, cuando comentas a tus familiares que estás intentando alimentarte de forma más saludable y ellos recalcan, con ironía, el momento en que no lo haces. No importa si durante una semana completa cumpliste el objetivo, pues se centran en esa comida concreta para restar valor a tu esfuerzo.

Lo mismo puede suceder cuando te decides a afrontar un miedo. Tal vez estás tratando de hacer frente a tu fobia a conducir y, para ello, realizas pequeños trayectos diferentes cada día. Pero, igualmente, en alguna ocasión le pides a tu pareja que conduzca porque no te sientes preparado para hacerlo. Es posible que, en base a este hecho aislado, traten de tirar por tierra tu progreso.

Estas reacciones pueden aparecer, incluso, cuando estás tratando de mejorar la relación y la comunicación en una relación. Puedes haberle propuesto a la otra persona poner en marcha un esfuerzo conjunto para mejorar la comunicación. A partir de ahí, aunque ella no ha cambiado en absoluto, en el momento en el que tú pierdes la compostura y recaes en viejos patrones de comunicación, aprovecha para recriminártelo.

“¿No se supone que ibas a comer sano?”, “¿No decías que ya habías superado el miedo a conducir?”, “¡Vaya!, mira cómo te pones, ¿no ibas a ser más compresiva?” Todas estas preguntas y afirmaciones son en el fondo un reproche. No están formuladas con el fin de apoyarnos y animarnos a continuar, sino todo lo contrario. ¿Por qué suceden?

¿Por qué ocurre est0?

En primer lugar, has de saber que esta clase de situaciones son frecuentes. Por otro lado, este tipo de reacciones hablan más de quien las tiene que de los receptores. Una persona con un equilibrio emocional saludable, que se siente a gusto consigo misma y que incluso ha pasado por su propio proceso de desarrollo personal, no trataría de entorpecer el de otro.

Por otra parte, es importante recalcar que el cambio no siempre es bien recibido por nuestro entorno, incluso cuando este redunda en nuestro beneficio. Y esto es porque, cuando nosotros cambiamos, obligamos a modificar las dinámicas de nuestras relaciones con los demás. Si una persona dependiente deja de serlo, el otro pierde su posición de superioridad. Si decidimos comenzar a comunicarnos de forma respetuosa, ya no colaboramos en el conflicto. Por ende, si los otros no están dispuestos a cambiar, nuestros esfuerzos por mejorar pueden no agradarles.

Hombre pensando

Dale valor a tu proceso

Nuestra tarea, entonces, consiste en mantenernos firmes antes estas reacciones del medio. Consiste en no caer en el error de terminar negándonos nuestro derecho a fallar.

Si verdaderamente quieres llevar a cabo un cambio interior debes respetar tu proceso y encontrar tu ritmo. No has de ser perfecto, y menos en un día. Está bien descansar en el camino, girar e incluso retroceder. El crecimiento no es lineal, y no todos los días somos igual de capaces de realizar el trabajo.

Una caída no es una recaída, un error no indica el final del camino ni el fracaso del plan. Dale valor a tu proceso, a tu esfuerzo; y recuerda que, sí, estás intentando ser mejor, pero aún tienes derecho a fallar.

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